La España de la Transición era mejor que esta. Conocí a la cantante Cecilia en su casa, poco antes de su trágica muerte en accidente de circulación. Fui a su piso madrileño, con el fotógrafo Jesús Carrero, a entrevistarla para no sé qué revista de colores. Han pasado tantos años, más de cincuenta, que los recuerdos están muy borrosos. Cecilia era una joven super agradable que nos trató maravillosamente bien. Antañazo, los artistas no eran divos, carecían del ego atroz que atormenta a los de ahora; ni tampoco existía esa corte de mentecatos que andan detrás de ellos, algunos hercúleos y con pinganillos con los que no escuchan ni hablan con nadie. Aquella canción Mi querida España fue todo un himno de la bendita Transición, cuando los españoles no estábamos partidos por la mitad y cuando todos queríamos enterrar al franquismo sin ira. Yo ya no conozco a aquella España que cantaba Cecilia, una chica dulce y tímida, culta y viajada, que se interesaba por todo y que compuso temas maravillosos. La he escuchado en un reportaje de La 2 y recordé aquella conversación pausada y comprometida de una joven que murió tan injustamente en una carretera de no sé dónde. Ahora dispongo de mucho tiempo para pensar -hasta que ya no pueda pensar- y por eso me entristece ver lo que está ocurriendo en mi país, en el que nadie es bueno del todo ni malo del todo, desbordado por la violencia verbal de unos y de otros. Qué triste no poder regresar a la España de la Transición, cuando entre todos hicimos posible el cambio, porque el cambio no es patrimonio de uno ni de dos, sino del conjunto de los españoles. Ese espíritu ha muerto, lo hemos matado también entre todos. Mi querida España ya no suena. Y Cecilia murió.

