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Qué asco

Parece que en el mundo no hay nada decente, de un tiempo a esta parte. Qué asco. Hasta el Mundial de Fútbol ha sido adulterado por unas decisiones de los tribunales deportivos y de los árbitros incomprensibles. Argentina, por alguna razón que desconozco, que es un equipo bastante malo, debe ganar el Mundial; por decreto. Y en la trama está metido Infantino, el presidente de la FIFA, que ha demostrado el color de su alma: albiceleste. Y no sé por qué, porque me parece que él tiene origen italiano y nacionalidad suiza, o algo así. Se espera, de aquí a la final, alguna que otra decisión arbitraria –nunca mejor empleada la expresión- para que Messi recoja el trofeo. Messi subirá a la tribuna ayudado por un bastón, dada su edad. Hay una especie de obsesión para perpetuarlo y para realzar su figura cuando lo que ha hecho es dar cuatro carreras, marcar ocho goles y fallar penaltis. No hay ningún entrenador rival que le ponga al lado un buen marcador que lo fije. Se ha sobreestimado su figura. Ya he dicho que Messi arruinó al Barcelona porque todo lo que ingresaba el club se lo llevaba el jugador. Hasta que vino Laporta y puso orden, dejó que Messi se fuera al París y formó una plantilla barata que ha aliviado el peso de la deuda (que sigue muy alta) y ha ganado títulos. Messi era demasiado caro. El fútbol se ha prostituido, lo mismo que la política. No hay seriedad y los dirigentes acabarán con el deporte más popular del mundo. Ya nadie cree en ellos y hasta en un Mundial, el campeonato por antonomasia, los directivos, el presidente de un país y ciertos árbitros hacen trampas. Patético. El Mundial de Estados Unidos, Canadá y México pasará a la historia por la corrupción. Qué pena y qué asco, ¿no? Con lo bonito que es el fútbol.

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