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Sin título

El chute de adrenalina del Mundial y la actuación de la Selección Española nos hacía falta como país. Si gana el combinado nacional el Mundial, el papel de España subirá enteros. Porque el deporte une y prestigia; y más el deporte universal. Los ingleses son la leche: inventaron el fútbol, el cricket y al polo juegan mejor que los hindúes y los australianos, aunque no sé si esto es cierto del todo. Los ingleses, que son cursis, tradicionales y muy pensativos, manejan muy bien los caballos, le tiran como nadie a los ciervos y se muestran circunspectos ante ciertas adversidades. En el Taoro, corrían la sortija a caballo y mi abuelo, que era más alemán que inglés (en el sentido de las simpatías), fue un virtuoso capturando cintas a lomos de un corcel de los Ahlers. Mi abuelo, lo mismo corría la sortija que se iba al Teide a caballo. Me contó que cuando lo del Chinyero, en 1909, él fue uno de los primeros en llegar a la boca del fuego. Calculaba el peso de las piñas de plátanos contando las manillas y separándolas con el bastón. Murió a los 90 y pico, pero no murió una sola vez, sino varias, porque nos daba tremendos sustos con sus achaques: lo mismo se ponía a cagar sangre que se infartaba el cerebro, pero él salía adelante como un campeón. Uno de sus médicos, el doctor Manuel Zuil, que ya murió, era el que mejor lo entendía, y el doctor Carlos Marina Fiol, un especialista de prestigio, le curó la vesícula con una yerba llamada boldo, en Madrid. Entre lo que hizo la Selección Española de fútbol y la vida de mi abuelo hay un abismo en el tiempo, no sé por qué he mezclado ambos acontecimientos. Puede que porque son las cuatro de la madrugada y en la calle no quedan sino borrachos. Es que hoy fue la embarcación del Carmen.

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