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Ya tengo la solución

Para el dime y direte del abandonado monumento a Franco, a cuya inauguración acudí vestido de flecha si mal no recuerdo, yo tengo la solución. Como el que sale allí no es Franco sino un ángel (Franco dista mucho de haber sido un querubín), propongo que se redefina como un monumento a que no se pite el himno nacional en los partidos de España. Yo lo pintaría de azul y rojo, los colores de la selección, y colocaría un altavoz que emitiera continuamente la canción Libertad sin ira, de Jarcha, que fue un himno en la bendita Transición. Y así todo el mundo se quedaría tranquilo y ni siquiera los altos cargos de CC se pelearían por la ubicación de un estadio, sino que se darían un abrazo bajo las alas del ángel y de la espada convertida en cruz, que es un símbolo universal, incluso para los obispos de Lefevre. Sé que todo esto parece un poco disparatado, pero ¿qué es nuestro mundo sino un puro disparate? Joder con el monumento de las pelotas, que ha dado mucho de sí en los medios de comunicación y me temo que la matraca va a seguir. Yo ya pasaba por allí y ni lo miraba; ahora la cosa ha cambiado, miro para la obra de Juan de Ávalos y Taborda y recuerdo mi infancia, viajando con la OJE por España y asistiendo a un curso de entrenadores de baloncesto en la Universidad Laboral de Gijón, esa maravilla. Me suspendieron porque me peleé con el profesor. Era mi sino: pelearme con todo el mundo. Dice Mariano Ramos, el dueño de Los Limoneros, que hay dos Andrés Chaves, uno el de antes y otro el de después de las entrevistas en su restaurante. A lo mejor tiene razón. Pero a mí el monumento no me disgusta, no por Franco, que me la renflanflinfla, sino para recordarnos que hay historias que no se deben repetir. Y eso.

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