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Luis Padilla, periodista: “No hay ninguna ley que prohíba subir a Primera a un recién ascendido”

Padilla ha escrito una decena de libros de temática deportiva e histórica, sobre todo el libro definitivo de la historia del Club: 'CD Tenerife. Centenario de una pasión'
Luis Padilla, periodista, autor del libro ‘El Estadio de Tenerife’
Luis Padilla, periodista, autor del libro ‘El Estadio de Tenerife’. / Sergio Méndez

Luis Padilla de Felipe (Santa Cruz, 1965) es licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense y suma cuatro décadas de ejercicio profesional como periodista en DIARIO DE AVISOS, La Gaceta de Canarias, La Opinión de Tenerife y la Agencia ACAN. Fue subdirector de la revista El Gráfico, de gratísimo recuerdo para mí, que fui su editor, y coordina el Anuario de Canarias, que edita la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife. Fue corresponsal de Marca en Tenerife y publicó en El Día una serie de historias sobre el Tete. En el ámbito de la imagen dirigió la serie documental Mujeres en el deporte de Tenerife, con entrevistas a destacadas deportistas insulares. En 2022 dirigió y presentó Centenario de una pasión, serie que recupera parte de la historia del CD Tenerife, a través de medio centenar de entrevistas a protagonistas de la trayectoria del equipo blanquiazul. Ha escrito una decena de libros de temática deportiva e histórica, sobre todo el libro definitivo de la historia del Club: CD Tenerife. Centenario de una pasión. Asiduo al Heliodoro desde niño y abonado de su tribuna alta en la actualidad, acaba de publicar El Estadio de Tenerife, un volumen de 264 páginas y más de cuatrocientas fotografías que recorre el primer siglo de vida del principal recinto futbolístico de la isla.

-¿Cómo se te ocurrió escribir la historia del Heliodoro?
“Pues porque al publicar Cien años de una pasión, el libro que narra los primeros cien años de vida del Tenerife, dedicamos un capítulo al Heliodoro, en el que no pudimos incluir fotos e historias interesantes porque era preciso seleccionarlas”.

-Y había que aprovechar ese material, entonces.
“Nos dio pena no utilizar todo el material que teníamos y desde entonces, verano de 2022, nos quedamos con la sensación de que el estadio tenía algo que contar y que merecía un libro propio. Y cuando llegó el centenario de la propia instalación, que se cumplió en julio de 2025, entendimos que era un buen momento para escribir esa historia y acercarla no sólo a los aficionados al fútbol sino al público en general, pues el Heliodoro no solo es un recinto deportivo”.

-El libro, Luis, está muy bien editado y los textos son increíblemente informativos e históricos. ¿Difícil?
“El propio Heliodoro ayuda a hacer el trabajo más sencillo”.

-¿Por qué lo dices?
“Porque su vida ha sido muy interesante y a poco de que te guste conocer la historia de las cosas, tanto del estadio, de la isla o de lo que sea, porque todo va relacionado, te vas metiendo en el trabajo y, sin darte cuenta, se te va el tiempo en recopilar datos, encontrar fotos y descubrir detalles. Y una vez que tienes toda esa información te planteas retos del estilo: ¿seremos capaces de…? Y así adornamos el libro con detalles históricos”.

-¿A qué detalles te refieres?
“Te pongo un ejemplo. La construcción del Stadium se financió en parte con un empréstito que no solo suscribieron los principales empresarios de la isla sino también centenares de ciudadanos, que aportaron entre 100 y 200 pesetas de aquel año 1924, lo cual para muchos era un esfuerzo notable”.

-Tuvo que ser todo un acontecimiento.
“Sí, lo fue, porque en los periódicos aparecía la relación de los que iban colaborando y se publicaban datos de forma desordenada, a veces repetitiva, en páginas distintas. Y nos planteamos ese “si seremos capaces de recopilar y de ordenar una lista de todos los suscriptores del empréstito”. Y lo logramos: en el libro se publica la relación de todos los suscriptores, con sus nombres y apellidos, desde las 20.000 pesetas de don Sixto Machado a las 100 pesetas de centenares de aficionados, para que quede constancia de sus aportaciones”.

-El archivo fotográfico empleado me parece excelente. ¿Cómo lograste las gráficas?
“Muchas proceden del CD Tenerife. Gracias a la labor de Juan Galarza se ha logrado un archivo maravilloso, con fondos legados, entre otros, por las familias de los jugadores Ángel Arocha y del presidente Pepe López, con imágenes de fotógrafos referentes como Adalberto Benítez, Trino Garriga y Dialto. La mayoría de las fotos de los últimos 30 años pertenecen a la agencia ACAN, empresa en la que trabajo, pero también se incluyen otras muy interesantes cedidas por Carlos Schwartz, el arquitecto de la última reforma del estadio. Y después, hay amigos que te oyen hablar de que escribes un libro sobre la historia del Heliodoro y te dicen: “Pues yo tengo la foto de un partido de hockey que se disputó en la pista de cemento de la grada de Herradura” o “yo tengo la gráfica de una misa en el estadio, en el año 37, durante la guerra civil”. Y te las mandan. La gente ha colaborado desinteresadamente”.

(El libro es precioso, los textos están muy cuidados y las fotos me parecen un documento histórico notable. De momento, sólo han salido a la calle 400 ejemplares, pero parece que la intención del Cabildo y del resto de los patrocinadores es ponerlos a disposición de los aficionados en un futuro inmediato).

-Por cierto, ¿eres partidario de construir un nuevo estadio en las afueras o de restaurar el actual?
“De restaurar el actual Heliodoro, sin duda”.

-Hay quienes opinan lo contrario.
“Soy consciente de que el estadio necesita una gran reforma que no será fácil de llevar a cabo mientras se sigue usando casi semanalmente por miles de aficionados. Pero ahí está el reto: lograr esa remodelación integral con rapidez y eficacia. Y no sólo creo que dejar el Heliodoro en su ubicación actual es lo óptimo para el club, sino también para la ciudad. El Heliodoro, estando donde está ubicado ahora, ayuda a construir ciudad, a que Santa Cruz sea mejor”.

-Por el estadio ha pasado de todo: figuras del fútbol y hasta del baloncesto. ¿Algunas anécdotas relevantes?
“Del baloncesto, menos, aunque Náutico y Joventut de Badalona jugaron allí. Y también los Harlem Globetrotters disputaron en el Heliodoro su primer partido en Canarias, en diciembre de 1960. Y del fútbol han pasado muchísimas figuras, ya desde su estreno. Pero si quieres una anécdota relevante, en 1925 vino Ricardo Zamora, que no sólo brilló como portero sino como boxeador, pues noqueó al ariete local Antonio Torres de un puñetazo. Y entre los dos partidos que jugó contra el CD Tenerife también “destacó” en el Parque Recreativo, saliendo al escenario a bailar una rumba con las hermanas Garrido y siendo detenido por alteración del orden público. Le obligaron a pagar una multa de 150 pesetas para poder salir del calabozo. Era otro fútbol”.

(Yo asistí al partido entre los Globetrotters y el All Stars en diciembre del 60, cuando Luis aún no había nacido. Fuimos premiados por los agustinos del Puerto de la Cruz por nuestros buenos resultados escolares. Aquello fue un espectáculo que aún conservo perfectamente en mi memoria. Un pedazo de recompensa).

-En el libro se publica una relación de los 300 mejores futbolistas que han jugado en el Heliodoro. Tuvo que ser muy laboriosa la confección de esa lista, ¿no?
“Fue mi capricho como autor del libro, porque creo que lo enriquece. Los llamamos “visitantes ilustres” y no incluimos a los futbolistas locales para evitar controversias, aunque esto en fútbol me parece imposible. Había tiempo y elaboramos esa relación de los 300, que incluyen la primera visita del futbolista, el equipo en el que jugaba y una pequeña biografía de cada jugador citado”.

-Destacas mucho la época de Javier Pérez. Todo un visionario.
“Sí, sin duda. No fue un presidente perfecto, pero el tiempo lo ha mejorado. Y en lo referente al Heliodoro, en temas vitales apostó en contra de la corriente de la época y el tiempo le ha dado la razón. Cuando se sacaban los estadios fuera de las ciudades, Javier Pérez se empeñó en que se quedara donde estaba y acertó. Y cuando todos los campos tenían pista de atletismo, él se negó a que se construyera una para no alejar al público; y el tiempo le volvió a dar la razón. Estadios como Anoeta, Son Moix o el de Gran Canaria tuvieron que invertir millones de euros para anular las pistas de atletismo. Y con el proyecto Tinerfia, que en su momento parecía una locura, da la sensación de que planteó la idea con muchos años de adelanto”.

-¿Crees que Tinerfia sigue siendo posible?
“Con la construcción del centro deportivo GOfit y la apuesta por remodelar el pabellón Quico Cabrera ya resulta complicado, por la falta de espacio. Al menos en la idea de Javier, que incluía un área empresarial, un centro de convenciones, un centro comercial, zonas verdes. En todo caso, el concepto que él anticipó se ha revelado como válido: ir al fútbol no solo para disfrutar de 90 minutos de partido, sino que la experiencia se puede completar con una oferta comercial, de ocio y de restauración. Y esto aún tiene cabida si se modifican las normas de uso de los locales del Heliodoro, para instalar allí la tienda del CD Tenerife, el museo, un restaurante y lugares de ocio”.

-¿Cuáles son los hitos fundamentales en la historia del Heliodoro?
“Pues las Ligas del Heliodoro. Que un equipo modesto le quite dos ligas seguidas a un monstruo como el Real Madrid, ambos en la última jornada, en 1992 y en 1993, para entregarle el título a otro gigante como el FC Barcelona, es algo inimaginable. El Heliodoro fue un estadio planetario. Yo tengo la teoría de que España tiene hoy dos títulos mundiales gracias al Heliodoro”.

-¿Y eso, Luis?
“Estoy convencido de que si el famoso Dream Team de Cruyff no gana esas ligas no se habría impuesto en España ese sistema de juego. O le hubiera costado muchísimo asentarse, porque aquí se copia lo que gana. Ahora nadie duda de cómo debe jugar la Selección Española y qué nos hace diferentes. Y creo que esto en parte se lo debemos a Cruyff, a Guardiola y al Barça, pero también al Heliodoro”.

-¿Consideras que has escrito algo más que un libro de historia?
“En parte, sí, pero porque el Heliodoro no es solo un campo de fútbol sino parte de la vida de miles de tinerfeños. Para mucha gente es como visitar a un familiar cada quince días y estar un rato con él. Pero tampoco es un libro exclusivamente de fútbol, porque la historia del estadio va ligada a la de la isla”.

-Explícate.
“Por ejemplo, tengamos en cuenta que el estadio surgió en 1925 como una obra patriótica, en unos tiempos en que la patria era Santa Cruz, la única capital de Canarias, y que debía reafirmarse como la principal ciudad del Archipiélago, frente a las pretensiones de Las Palmas de Gran Canaria. Todo eso dos años antes de que se materializara la división provincial de Canarias. Y, en el plano deportivo, por ejemplo, la supremacía del CD Tenerife respecto al Real Unión o al Hespérides en determinados momentos vitales para la historia del fútbol insular no se debe a su dominio balompédico, sino a que era el propietario del Stadium”.

-¿Qué fue lo más que te costó del libro?
“Ordenar todo el material literario y fotográfico para que quedara un relato fácil de comprender y de leer. Nos llevó varios meses esa tarea. Todo eso lo hacemos sin escribir una línea. Cuando ya tenemos claro cómo va a ser el libro nos ponemos a darle a la tecla”.

-La Liga ha comenzado. ¿Eres optimista en cuanto al ascenso?
“Es pronto. Son 42 jornadas. Sí creo que vamos a competir bien casi siempre y estoy muy de acuerdo con Cervera: el curso pasado había que demostrar en cada partido que éramos mejores que el rival, mientras que esta temporada se trata de que, en cada encuentro, el contrario parezca peor que nosotros”.

-En el avatar del Tete ha habido de todo. ¿Pueden soñar los birrias?
“Podemos soñar. La entidad tiene unas limitaciones económicas evidentes, pero creo que ha sabido transmitir la idea de una ambición con los pies en el suelo. Hay un objetivo semanal de partido a partido y no mirar más allá, que es compatible con una meta anual fijada en los 50 puntos que garantizan la permanencia. Pero recordando que no hay ninguna ley que prohíba subir a un recién ascendido”.

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