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Nemesio Pérez, coordinador científico de Involcan: “La posibilidad de erupción en Tenerife es baja, pero ya conocemos mejor el magma profundo”

El científico explica el importante estudio de Involcan, que mapea la profundidad de Tenerife, vincula lo hallado con la ubicación de la mayoría de los últimos terremotos y detecta anomalías en el noroeste
“Hay que transmitir tranquilidad, pero, a la vez, mantener una vigilancia responsable”, afirma Nemesio Pérez, que no ve evidencias científicas de una erupción a corto plazo. DA

Hace dos días, el Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan) difundió una espectacular imagen tridimensional de las tripas, las entrañas de Tenerife y muchos se sorprendieron por la cantidad de magma en una red intrincada que parece conexiones neuronales. Encima, en rojo, como resulta lógico. El coordinador científico de Involcan, Nemesio Pérez, aclara lo que implica esta relevante aportación, pero lanza enseguida un mensaje de tranquilidad, subraya que “la probabilidad de erupción sigue siendo baja” y, eso sí, se congratula de que, “ahora, conocemos mejor el magma profundo” de la Isla.

De entrada, Pérez subraya que “el hallazgo es científicamente importante, pero no debe confundirse con una señal de erupción inminente. Además, conviene diferenciar entre la actividad volcánica, la probabilidad de erupción y el peligro inmediato”. Según aclara, “que haya una zona de acumulación de magma por debajo de un volcán activo no es, por sí mismo, sorprendente. Sin embargo, este estudio, liderado por el Involcan, aporta una imagen mucho más detallada de la estructura profunda. Se han identificado varias anomalías de baja velocidad sísmica entre 10 y 30 kilómetros de profundidad, compatibles con zonas donde puede existir material parcialmente fundido. La más importante se localiza en el Noroeste. Más que hablar de un descubrimiento inesperado de un gran depósito de magma, lo importante es que ahora contamos con nuevas evidencias para comprender mejor la arquitectura profunda del sistema volcánico y su relación con la sismicidad y desgasificación”.

Sobre si la población no debe temer, responde también tajante: “Hay que transmitir tranquilidad, pero, a su vez, mantener una vigilancia responsable. Con la información disponible, no existen evidencias científicas que indiquen que Tenerife se encuentre ante una erupción inminente, ni se ha producido un incremento de esa probabilidad a corto o medio plazo. Esto ha sido señalado por el Comité Científico del Pevolca y el de Involcan. Ahora bien, tranquilidad no significa ignorar lo que está ocurriendo. Tenerife es una isla volcánicamente activa y, desde 2016, observamos un nivel de actividad anómala que merece un fortalecimiento de su programa de vigilancia. La mejor forma de generar tranquilidad es disponer de información científica y de un sistema de vigilancia capaz de detectar todo cambio significativo con suficiente antelación”.

“Los resultados de este estudio -insiste- no cambian la probabilidad de erupción a corto, medio y largo plazo, que permanece baja. Sí hemos mejorado nuestro conocimiento sobre el sistema magmático profundo y que existe un proceso volcánico-hidrotermal activo que se manifiesta mediante sismicidad y algunos cambios geoquímicos. Una cosa es demostrar que existe un sistema magmático activo -algo que sabemos desde hace mucho por la propia historia volcánica de Tenerife- y otra muy diferente es demostrar que ese sistema está evolucionando hacia una erupción”.

En este sentido, remarca que, “para hablar de una aproximación clara hacia una erupción, esperaríamos observar un conjunto coherente de señales, como una migración de la sismicidad hacia niveles más superficiales, un aumento significativo y sostenido de ciertos gases, cambios rápidos en la deformación del terreno y/o terremotos de mayor magnitud. Hasta ahora, esas señales no se dieron”.

Cuestionado sobre si La Palma sigue siendo la isla con más riesgo, prefiere ser “muy prudente. No podemos afirmar científicamente que la próxima erupción sea en La Palma, Tenerife o en otra isla. Sí sabemos que Canarias continúa siendo un archipiélago volcánicamente activo y que futuras erupciones son una posibilidad inevitable. Aunque existe un registro de la actividad histórica y prehistórica de cada isla, que permite valorar el nivel promedio de actividad volcánica, no existe una base científica que permita establecer con certeza un ranking de qué isla será la siguiente”.

“Justo debajo de la mayor parte de la actividad sísmica desde 2016”

Pérez remarca que “uno de los resultados más interesantes ha sido la observación de que la principal zona de anomalía se sitúa justo por debajo de donde se concentra la mayor parte de la actividad sísmica observada desde 2016, numerosos enjambres de eventos híbridos. En 2026, registramos varios episodios importantes, probablemente relacionados con la inyección de fluidos y volátiles de origen magmático en la corteza y, por tanto, en el sistema hidrotermal profundo, generando procesos de presurización en profundidad”. Eso sí, “esto no implica que observemos magma ascendiendo a la superficie”.

“Bajo Cumbre Vieja, La Palma tiene una zona de anomalía mayor”

Pérez explica que “los sistemas volcánicos de Canarias comparten algunos rasgos generales, pero cada isla tiene una arquitectura magmática y una historia volcánica particular. En La Palma, un estudio del Involcan de 2024 evidenció que, por debajo de Cumbre Vieja, existe una zona de anomalía mayor que la de Tenerife. Se pudo verificar, con otros estudios independientes, que las anomalías correspondían a las dos cámaras magmáticas que alimentaron la erupción de 2021. Estos estudios nos permiten avanzar hacia una caracterización tridimensional de los sistemas, algo fundamental para mejorar la vigilancia. Por eso, seguiremos estudiando El Hierro, Gran Canaria y Lanzarote”.

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