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Palomares

Los munícipes del grupo de gobierno del Puerto de la Cruz –algunos— se enfundaron el Meyba, a lo Fraga Iribarne en Palomares, y se lanzaron al mar en Playa Jardín, que es un mierdero. Una vez, la experta buceadora y periodista Eva Fariña, los ojos más bonitos del Ayuntamiento de La Orotava, andaba buscando pecios en los alrededores del tubo de la mierda, en la misma playa, y se encontró una dentadura postiza que por el referido tubo había salido, buscando el mar. Como Alfonsina. Hasta en las dentaduras postizas hay poesía. La poesía, igual que el amor, está en todas partes, hasta en el Meyba de Fraga, que debe andar por algún museo de Galicia. Los munícipes nadadores del grupo de gobierno entran y salen de Playa Jardín, que un día está cerrada y otro abierta. Los usuarios no saben qué hacer y han tirado por la calle del medio: si hay precintos, se los saltan y al agua, patos. El Puerto, ciudad ribereña y maledicente (la frase es del gran alcalde Marcos Brito), es un pueblo surrealista, donde nacen y se desarrollan personajes de un variopinto proceder. Como los munícipes nadadores, que desafían las mareas para demostrar la ausencia en el agua del helicobacter pylori y de otros bacilos que anidan en la mierda que produce el ser humano. Yo le temo más al helicobacter que a las bombas atómicas que cayeron sobre Almería, en las playas de Palomares, y que –dicen—todavía muestran sus efectos en una tierra infectada. Playa Jardín va camino de lo mismo. Cualquier día, un turista se traga un truño y tenemos un disgusto europeo, con intervención inmediata de la Comisión. No sé, me da que esto no se arregla con baños a lo Fraga y el embajador americano, sino con un tubo nuevo y un tratamiento adecuado de la mierda de La Orotava, Los Realejos y del mismo Puerto. Que es mucha mierda.

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