sÚperconfidencial

Y ahora, la lluvia

Cuando escribo, jueves a mediodía, está lloviendo en el Puerto de la Cruz y amenaza esa lluvia escasa y fina con más calor. Los tiempos están descambiados. Yo nunca había sentido tanta calufa como en este agosto cruel que agoniza y que me ha hecho gastar una fortuna en la factura de la luz, por el aire acondicionado inevitable. Si antes no llegaba a final de mes, ahora menos. Todo el mundo debe tener calor porque un amigo que siempre me cogía el teléfono ya no lo hace, debe ser que cree que le voy a pedir dinero. La miseria es la mayor virtud para hacerse rico. El país parece destrozado, al final del verano. Ya no se sabe qué va a pasar al día siguiente. Los analistas dicen que es imposible que no sean convocadas las elecciones generales antes de marzo del año que viene. Yo creo que no llegamos. No leo sino tragedias en los periódicos (lo de Nepal es indescriptible) y el pesimismo me invade. Tendré que acudir al sicólogo para que me anime, porque yo solo no puedo. Confieso que jamás he pisado la consulta de un sicólogo, como hacen todos los argentinos. Allí los llaman terapeutas y cada argentino tiene uno. Me asombraba yo de ello en mis estancias en Buenos Aires. Vaya pedazo de negocio. Si yo viviera en Argentina sería sicólogo y así no tendría que acudir a ninguno, sino a mí mismo. A Marlaska y a Robles habrá que ponerles un ring, para que diriman sus diferencias insalvables. Y así pasan los días y el problema de Ceuta no sólo no se resuelve, sino que va a peor. Pobres ceutíes. Tan lejos de Dios y tan cerca de Marruecos. Domingo de Laguna, que en gloria esté, lanzó en vida su famosa diatriba lapidaria: “Era de noche y sin embargo llovía”. Aquí todavía es mediodía. Dios mío, qué país.

TE PUEDE INTERESAR