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Castañas

Castañas
María Luisa Hodgson

Tiempo de castañas y bochorno. Y de Halloween, cómics, artesanía, gente santa en camposantos, chapuzas en alta velocidad, luto nacional y broncas callejeras, como la que han convocado para hoy sábado en la calle del Castillo de la Capital tinerfeña. En un masivo mensaje de WhatsApp firmado por Blocus se dan instrucciones a estudiantes de cómo asaltar comercios, modos de vestir, actitud ante la Policía, modus operandi…

Los disturbios a castañazo limpio empezaron en el sureste de París y ya se han extendido a Bruselas, Milán, Lisboa, Atenas, Tirana, Belgrado, Viena, Madrid, Barcelona… Y ahora toca Santa Cruz de Santiago. Las protestas violentas se dirigen contra el costo de la vida, políticas educativas… En el caso de España dicen que se trata de desacreditar la huelga general del 11 de noviembre y de condicionar el resultado de las elecciones generales del 29N, fiesta de San Andrés. En definitiva, impedir que la ola ultraderechista amordace a los españoles y españolas. El virus revolucionario del adoquín parisino anda desatado en el infierno europeo. ¡A las barricadas!

Ajenas a los afanes del ser humano, las castañas arropan, no quieren líos y en otoño ocupan el espacio urbano para consumirlas asadas. Se las descubre por el olor que desprenden y por el humo de los puestos de venta, que oculta miserias y evoca el calor de hogar que retrata Charles Dickens en Cuento de Navidad: inspiran las castañas en la humilde lumbre de Bob Cratchit frente a la frialdad y avaricia de Scrooge.

Las castañas en Tenerife, que cuentan con más de veinte variedades, son tradición. Se cultivan en la Comarca de Acentejo y en los valles de La Orotava y Güímar. Las más renombradas cuelgan de los enormes castaños que embellecen los altos de La Victoria. Disfrutamos de ellos en la Ruta de Los Dornajos, sendero circular que parte del Guachinche homónimo, allá arriba, donde los erizos guardan el fruto, el diablo perdió los calzones y los datáfonos no funcionan. Conviene saberlo por si cuadra mandarse, después, unos platos de garbanzas, fabada, carne fiesta o ropavieja. Y media vino, claro. La cuarta se hace poco, cristiano.

Caminar entre castaños también es cosa buena si queremos recolectar setas. Los castañares son apreciados hábitats micológicos y en la Isla hay afición. Eso sí, para cogerlas debemos solicitar al Cabildo, de forma telemática o presencial, una declaración responsable (personal e intransferible). Este documento gratuito evitará problemas con el Seprona o con cualquier agente de Medioambiente.

De pibe, una vez, me apunté a lo de las setas con Tío Carlos, que de cantarelas y otros manjares sabía un rato. Luego nos las comimos con queso blanco en un bodegón amigo. Tío Carlos bebió tinto y nosotros, los críos, Fanta. Hacía frío. Ahora no. Ahora estamos cerca de los treinta grados y no apetece yantar castañas asadas. Pero no hay que confiarse. En los altos de La Victoria, a la sombra de los árboles, pega el frío y un suéter o pulóver, que bostican en el canarión, no pesa.

En la Noche de Finaos devoraremos castañas tostadas o guisadas, arraigo familiar canario que no decae pese al imparable avance de la calabaza naranja, que ahuyenta a los malos espíritus y a Jack el Tacaño, indeseable borracho irlandés. Al caldero le echaremos bolitas de anís o un chorrito del Mono porque ayuda a evitar o aliviar apestosas flatulencias y el hinchazón que producen las castañas, ricas en fibra y almidones.

Estos días, además, comeremos potaje de castañas y castañas con pescado salado y mojo. La salsa de castañas pa mojar con pan de Arafo y que acompaña al solomillo de cochino negro es, de igual forma, una sabrosura.

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