El expresidente del Gobierno Felipe González ha vuelto a sus andadas. Pues estamos en vísperas de elecciones y el asunto es aclarar el voto. Se dirá que es serio lo que se avecina, porque un individuo de esa categoría habría de responder cuerdamente a lo que el partido al que sirvió es y no a lo que él ha llegado a ser. Porque, miren por donde, no votará a la entidad a la que él reformó para los tiempos venideros, el PSOE por el que él gobernó y por el que se fraguó las opiniones que se ganó en este país. De manera que, como lo cree oportuno, descubre los fundamentos que lo amparan: el partido que mantiene a España como el país que más crece en Europa, el parido que ha reducido el desempleo hasta los extremos que el capitalismo resuelve como aceptable, el partido que más prestaciones sociales ha fijado, el partido que ha dado una imagen internacional de respeto y valentía que muchos envidian, el país que tiene encauzado su porvenir, ese partido (que fue el suyo) y ese país (que es el suyo) no lo representan. De lo cual surge la pregunta: ¿quién lo representa? Se supone que la representación por el PSOE y lo que ha hecho el PSOE en gobierno es por la izquierda. Luego, si la izquierda no representa a Felipe González, ¿quién lo representa, lo representa la derecha (PP) que se supone gobernará tras esas elecciones con la ultraderecha (VOX)? Esa es la consecuencia. Igual que negarle el apoyo a su partido admitiendo para el caso la abstención. ¿Por qué se abstendrá Felipe González, por no votar a la derecha o por no votar a la izquierda? Esa pregunta ningún periodista se la ha planteado, y valdría la pena hacérsela. Porque lo que se deduce es que es imposible que el odio maquiavélico que el tal González le guarda a Pedro Sánchez sea suficiente para explicar por qué se en contra donde se encuentra. La cosa es que no está cómodo en el lugar en el que estuvo, y cuando las personas no se encuentran cómodas en el lugar en el que están, por más que hayan dejado historia entre las filas, y mucha, asumen el riesgo del arrojo. ¿Qué pasa con Felipe González?, ¿ocurre lo que no entienden los socialistas de ahora o es que en verdad se ha desplazado? Las declaraciones y actuaciones de los últimos tiempos parecen dejarlo claro. De donde no viene a cuento el que sostenga que el PSOE de hoy no cuenta con proyecto alternativo. Se supone que alternativo a la derecha. ¿No cuenta? O que haya actitudes del actual dirigente que lo abochornan porque no respeta las reglas del juego. ¿Qué reglas del juego, las de la izquierda o las de la derecha? Esta es la actitud de los cobardes, que no ponen en claro lo que les ocurre y se van por las ramas, se ufanan en destruir inmisericordemente.

