El PP de Tenerife ha aprovechado la fiesta de la Hispanidad para copiar una de las tradiciones más sonrojantes y efectistas de Coalición Canaria: la política del bocadillo de mortadela. Miles de mayores, comida, música y mucho entusiasmo electoral en el Recinto Ferial de Santa Cruz, pagado con dinerito público del Cabildo de Tenerife.
Al frente del espectáculo, Rebeca Paniagua, convertida en animadora, bailarina y maestra de ceremonias de esta particular operación de seducción del voto sénior. Entre baile y baile, sonrisas de catálogo y abrazos de campaña, el PP parece haber descubierto que la mejor manera de conquistar al electorado es empezar por el estómago.
La incertidumbre electoral tiene estas cosas: cuando faltan argumentos, sobra mortadela. Y los mayores, que merecen respeto y no semejantes espectáculos, convertidos en figurantes de una campaña con aroma a charanga cutre y sobre todo a fiambre. Ay mi cabeza…






