Tenerife vuelve a situarse en el foco científico tras registrar su quinto enjambre sísmico en apenas dos semanas. La isla ha acumulado algo más de 1.000 eventos híbridos en este último episodio, superando ya los 6.000 microseísmos desde que se reactivó el denominado “ruido volcánico de fondo” al oeste de Las Cañadas del Teide a comienzos de febrero.
El director del Instituto Geográfico Nacional (IGN), Itahiza Domínguez, explicó tras una reunión con el Cabildo de Tenerife y los 31 ayuntamientos de la isla que la situación, aunque llamativa por el número de eventos, no implica un aumento significativo del riesgo a corto o medio plazo.
Según detalló, los enjambres están compuestos por terremotos “muy pequeños”, prácticamente imperceptibles incluso para los sensores más sensibles. La energía liberada por todos ellos juntos ni siquiera alcanzaría la equivalente a un terremoto de magnitud 2 o 3. “El número no es relevante”, subrayó Domínguez, insistiendo en que lo verdaderamente importante es la energía acumulada.
Los eventos se están produciendo a profundidades comprendidas entre los 8 y 10 kilómetros bajo el Parque Nacional del Teide, una zona que desde 2016 ha registrado once enjambres sísmicos. Lo llamativo en esta ocasión es que cinco de ellos se han concentrado en menos de dos semanas.
Tenerife mantiene una baja probabilidad de erupción pese al aumento de la actividadign
El máximo responsable del IGN recordó que “la probabilidad nunca es cero”, pero aclaró que no se han detectado señales adicionales que apunten a un proceso eruptivo inminente. No se han observado variaciones significativas en los gases volcánicos ni en la deformación del terreno, parámetros clave en la vigilancia volcánica en Canarias.
Domínguez explicó que una eventual erupción basáltica el tipo más probable en Tenerife vendría precedida de terremotos más intensos y sentidos por la población. Hasta ahora, nada de eso ha ocurrido.

Entre las señales que los científicos esperan para confirmar un cambio de fase estarían eventos sísmicos de mayor magnitud, alteraciones geoquímicas en fumarolas o variaciones claras en la deformación del terreno. “Todavía tenemos que esperar otro tipo de señales para estar seguros de que algo está pasando”, afirmó.
La actividad actual comenzó el fin de semana del 7 y 8 de febrero con un centenar de pequeños terremotos. Posteriormente se registró una señal de baja frecuencia inusual, con una duración aproximada de 90 minutos, que volvió a repetirse horas después en una versión más breve. Desde entonces, la isla ha experimentado varios enjambres adicionales.
Tenerife refuerza su vigilancia científica ante cualquier cambio de escenario
El director del IGN puso como ejemplo el caso de un volcán en Italia que lleva más de 60 años en una situación similar sin desembocar en una erupción significativa. También recordó que hace dos décadas no existía la capacidad de monitorización actual, por lo que no es posible determinar con certeza si este comportamiento es completamente normal o algo menos habitual.
Actualmente, Tenerife cuenta con más de un centenar de estaciones de vigilancia entre el IGN e Involcan, lo que convierte a la isla en uno de los territorios volcánicos mejor monitorizados de Europa. “Todos los ojos están mirando ahí”, aseguró Domínguez.
El Cabildo de Tenerife ha pedido serenidad a la población y ha anunciado que tras el verano se celebrarán nuevos simulacros de erupción volcánica, similares al realizado en septiembre en Garachico. La intención es reforzar la preparación institucional y ciudadana ante cualquier escenario futuro.
Además, las autoridades han advertido sobre la proliferación de bulos en redes sociales. En contextos de actividad volcánica, la desinformación puede generar alarma innecesaria. Por ello, insisten en que cualquier novedad será comunicada a través de los canales oficiales.
Aunque Tenerife vive un momento de intensa actividad sísmica superficial, los datos científicos disponibles apuntan a un escenario de vigilancia activa sin indicios claros de erupción inminente. La comunidad científica mantiene el seguimiento constante y recalca que la isla está mejor preparada que nunca para detectar cualquier cambio relevante.