Hay pocos sonidos tan reconocibles como el de una parrilla de MotoGP arrancando a la vez. Veinte motos lanzándose hacia la primera curva, el público de pie, y esa mezcla de gasolina y adrenalina que solo se entiende si se ha vivido en directo. En España, ese ritual mueve a millones. No es retórica: el país acumula más de 60 campeonatos mundiales en las distintas categorías, una cifra que solo Italia supera. Y la cosa no para.
Cheste: el escenario que cierra la película cada año
Cada noviembre, el Circuito Ricardo Tormo en Cheste se convierte en el centro del universo motociclista. El trazado valenciano acoge la última cita del Mundial, y eso le da un peso singular: allí se han decidido títulos en la última vuelta, se han visto lágrimas de retirada y celebraciones que acaban en la madrugada. Las gradas rodean el circuito como si fuera un estadio de fútbol; desde casi cualquier asiento se ve media pista, algo muy poco habitual en automovilismo. Para quienes se animen a hacer el viaje desde las islas, hay entradas MotoGP Valencia disponibles para vivir un fin de semana que difícilmente se olvida. Cheste tiene algo que no aparece en los folletos: un ambiente familiar, casi de pueblo grande, donde el aficionado de grada general y el de VIP comparten el mismo entusiasmo.
De Nieto a Acosta: la cadena no se rompe
Ángel Nieto ganaba mundiales cuando en España ni siquiera se retransmitían todas las carreras por televisión. Hoy, Pedro Acosta pelea por podios con una naturalidad que asusta. Entre medias, la lista da vértigo: Crivillé, Pedrosa, Lorenzo, Márquez, Mir. Cada generación ha encontrado su héroe, y los bares de media España siguen poniendo las carreras los domingos con el mismo fervor que el fútbol. En Canarias también. Hay peñas moteras en Tenerife y Gran Canaria que organizan quedadas para ver las carreras juntos, y alguna que otra excursión a la Península cuando el calendario lo permite.
Cuatro circuitos, cuatro personalidades
España tiene cuatro trazados en el calendario mundial, algo que ningún otro país iguala:
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Jerez, con su sol andaluz y un público que convierte la recta de meta en una romería
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Montmeló, técnico y exigente, a tiro de piedra de Barcelona
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Aragón, enclavado en la España vaciada pero capaz de llenar sus gradas
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Y Cheste, el broche de oro de cada temporada
Que los equipos elijan suelo español para entrenar en pretemporada no es casualidad. El clima ayuda, las instalaciones están a la altura y la logística funciona. Así de sencillo.
Valencia más allá del circuito
Muchos aficionados que viajan a Cheste acaban descubriendo Valencia casi por accidente. Una paella en el Palmar, un paseo por el Carmen, la Ciudad de las Artes al atardecer. El Gran Premio mueve hoteles, restaurantes y transporte durante todo el fin de semana, y la ciudad lo nota. Para quien viene de lejos – y desde Canarias el salto merece la pena – es una excusa perfecta para combinar deporte y unos días de turismo mediterráneo.
Lo que viene
Acosta lleva años demostrando que la cantera no se agota. Ya ha ganado en categorías inferiores y en MotoGP peleó por podios desde su primer año. El interés por los pilotos españoles crece en Latinoamérica y en Asia, así que las cámaras van a seguir apuntando hacia aquí durante mucho tiempo. Ochenta años de mundiales y la pasión no afloja. Más bien al contrario.