El juego, en el sentido de divertirse apostando un dinero en una actividad determinada cuyo resultado depende en parte o totalmente del azar, ha existido desde la Antigüedad. Dados, juegos de mesa, apuestas deportivas, han entretenido a nobles y comunes desde el imperio Romano al imperio Chino, y nunca han desaparecido de nuestra vida.
Pero, ¿dónde se jugaba? Eso es otro asunto. El juego, durante mucho tiempo, no tuvo espacios definidos y concentrados: se jugaba en la calle o, más a menudo, en los callejones oscuros, así como en bares y posadas, en estadios o anfiteatros, en prostíbulos. Pero, en algún momento de la historia, eso cambió, y aparecieron los locales exclusivamente dedicados al juego.
¿Inventaron los chinos los casinos?
El juego en China, como tal, está documentado desde al menos el 1000 a.C. Desde dados hasta juegos de sacar varillas, la multiplicidad de diversiones era enorme, pero un juego destacó en cuanto apareció durante, posiblemente, la dinastía Han, entre los siglos III a.C. y III d.C.: el fantan.
El fantan tiene una mecánica muy sencilla basada 100% en el azar: sobre una mesa cuadrada hay un rombo central, y en las 4 esquinas resultantes aparecen los números 1-2-3-4. Entonces, el “crupier” (llamémosle así para entendernos) pone una cantidad aleatoria de fichas sobre la mesa (habas, monedas, piedritas, lo que fuera) cubiertas bajo un cuenco o tazón metálico. Los jugadores hacen entonces sus apuestas a uno de los cuatro números de las esquinas. Y una vez hechas las apuestas, la banca levanta el tazón y empieza a separar las piezas en grupos de cuatro. Dependiendo de cuántas fichas queden restantes tras la última separación (1, 2, 3 o 4 habas o fichas) ganarán unos jugadores u otros.
Con esta descripción y estos componentes, queda clara una cosa: éste no es un juego que se pueda jugar en callejones oscuros, como los dados, ni son apuestas deportivas al aire libre. Requiere un espacio cerrado, un lugar donde poner las mesas. Una posada o taberna podrían ser adecuadas. Pero, en algún momento, en China aparecieron las llamadas “casas de fantan”, locales especializados en este juego. El problema es que no sabemos cuándo aparecieron realmente, no existen fuentes suficientes. Sí sabemos que para el siglo XIX eran algo común y aceptado en todas partes. Pero para entonces, ya había en China otros casinos “occidentales”, traídos por los portugueses en Macao en 1849, donde convivieron con nuevas casas de fantan.
Pero, en cualquier caso, e incluso si las casas de fantan preceden con mucho en el tiempo a los casinos occidentales, no podemos decir que tengan relación ninguna con los casinos y el juego en Europa. Esa es una historia que va aparte, y allí, el primer casino, lo encontramos en Venecia.
Si no puedes con tu enemigo, únete a él: el origen del casino de Venecia
El juego ha existido desde la Antigüedad, decíamos al principio, pero se podía jugar en casi cualquier parte. Juegos como los dados se pueden jugar en el mismo suelo (por eso los soldados romanos eran tan aficionados, un buen entretenimiento para sus marchas), para los naipes o los tableros basta una mesa… pero esto tiene algunos problemas.
Por ejemplo: ¿quién protege a los jugadores de ladrones y timadores? ¿Quién garantiza que el juego no está amañado? ¿Cómo jugar bien con frío o mal tiempo? ¿Cómo evitar que te roben a punta de cuchillo lo que acabas de ganar? ¿Cómo reclamar si bebiste de más y acabaste inconsciente en el suelo y te limpiaron todo lo que llevabas?
El juego sin control tiene demasiados problemas, motivo por el cual a menudo en la historia las autoridades han intentado prohibirlo. Pero la prohibición suele llevar directamente al mercado negro. En el caso veneciano, la prohibición del juego a principios del siglo XVII llevó a que algunos nobles adinerados crearan “clubes de juego” ilegales donde la gente bien de la ciudad pudiera disfrutar sin miedo a la ley. A menudo, estos clubes los montaban en esas salas de descanso adyacentes a los grandes salones de teatros y palacios, que en Italia llamaban “ridotto”, donde la gente se reunía antes o después del espectáculo o evento.
Visto que la gente en general iba a seguir jugando, y que los primeros en desafiar la ley eran los grandes potentados, el gobierno de la República de Venecia decidió “unirse al enemigo” en vez de intentar, infructuosamente, derrotarlo. Lo que hicieron entonces fue abrir su propio Ridotto en el Palazzo Dandolo, en 1638.
Los juegos del primer casino del mundo
La gran apertura fue durante el carnaval anual de Venecia, y aquello fue un espectáculo de vestidos y antifaces de fantasía, lujo y pompa, y juego, mucho juego, y dinero yendo y viniendo.
Al principio solo se ofrecían dos juegos. El primero era el llamado biribissi, que era una especie de sorteo de lotería. El “crupier” o “banquero” llevaba una bolsa con setenta fichas o bolas, con los números del 1 al 70. Los jugadores debían apostar a qué número saldría, y quien ganara se llevaría 64 veces su apuesta.
El segundo juego era el bassetta, mucho más popular. Era un juego de cartas, con un sistema de juego que hoy nos recordaría, en parte y entre otros, a juegos como el blackjack o el póquer. Los ganadores se llevaban 60 veces su apuesta.
Con los años, otros juegos se incorporarían al casino de Venecia, como por ejemplo el sbaraglino, relacionado con el backgammon. Sin embargo, el moralismo pasó factura en 1774, cuando el reformador Giorgio Pisani promovió y consiguió convencer al concejo de la ciudad de cerrar el Ridotto, “para preservar su piedad, su sana disciplina y su moderación en el comportamiento”. Aunque, por supuesto, hubo otras casas de juego en marcha, legales o ilegales, como la que tenían los Barnabotti. Y, eventualmente, en el futuro se volvería a crear el Casino de Venecia, aunque ya en otras ubicaciones.
Pero da igual que el Casino de Venecia no perdurara. Lo que perduró fue su concepto. El concepto de meter en un local especializado a toda esa gente que quiere divertirse apostando en juegos de azar, para que estuvieran recogidos, controlados y seguros. Para los jugadores es todo más limpio y confiable. Y para las autoridades, era maravillosos ingresos que llegaban por aquí y por allá. Por eso este Ridotto se considera el primer casino moderno de la historia.
Una actividad controlada en un entorno controlado
Regular el juego suele funcionar mejor que prohibirlo. Y crear un entorno controlado donde jugarlo de forma segura fue útil para todos: los jugadores pudieron jugar sin problemas colaterales y algunos de ellos se llevaron mucha pasta (aunque a costa de los muchos más que la perdían), los promotores se llevaron dinerales también, y el gobierno se llevaba su pico de ingresos extra.
Por eso, desde aquel primer casino de Venecia, cada vez más gobiernos optaron por la regulación. Y, salvo en lapsos puntuales con algunas dictaduras, conflictos o gobiernos muy moralistas, esta ha sido la postura mayoritaria en nuestra parte del mundo. La regulación, de hecho, ha salido del casino presencial para saltar al casino online; en el caso de España, a través de un organismo llamado Dirección General de la Ordenación de Juego, que concede las licencias a casinos y proveedores online. Las licencias a los casinos presenciales son muy anteriores, de recién terminado el franquismo, en 1977, con la Ley del Juego.
Así, hoy en España puedes jugar de forma legal y presencial en el casino de Madrid, de Barcelona o de donde sea, pero también de forma legal y en línea en el casino online PlayUZU, o cualquier otro de los licenciados en nuestro país. El juego siempre será una actividad de riesgo, y siempre habrá jugadores que puedan caer en la ludopatía, como hay bebedores que acaban en el alcoholismo. Pero, dado que no hemos logrado abolirlo en miles de años, viendo la serie histórica, lo más sensato parece regularlo (y sacar, de paso, beneficio económico de ello). Algo que, aquí en Europa, comenzó con ese Ridotto de Venecia, y sus fabulosos bailes de máscaras entre mesas de juegos.