Canarias según la AEMET, ha entrado oficialmente en una nueva fase de calor extremo. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha activado el aviso amarillo en varias islas del Archipiélago por altas temperaturas que, según las previsiones, podrían superar los 37 grados en algunas zonas del interior y del sur de las islas más orientales. El fenómeno, que se ha dejado sentir con fuerza desde el pasado fin de semana, continuará este lunes y martes, afectando especialmente a Fuerteventura, Gran Canaria, Lanzarote y zonas del sur de Tenerife.
Este episodio de calor según la AEMET, llega acompañado de calima en suspensión, una masa de aire cálido y seco procedente del Sáhara que incrementa la sensación térmica y reduce la calidad del aire. La combinación de altas temperaturas y polvo en suspensión supone un riesgo añadido para la salud, especialmente para personas mayores, niños y personas con enfermedades respiratorias.
Según los expertos de la AEMET, este episodio no es puntual. Las temperaturas seguirán siendo elevadas durante los próximos días, y se prevé que las noches tropicales con mínimas por encima de los 23 grados se mantengan en las zonas costeras y urbanas. Las autoridades sanitarias ya han emitido recomendaciones específicas para evitar golpes de calor, entre ellas, hidratarse de forma continua, evitar la exposición solar en las horas centrales del día y prestar especial atención a colectivos vulnerables según la AEMET.
Alerta por calor: cómo afecta esta ola a la salud, el turismo y el medio ambiente en Canarias según la AEMET
En los entornos turísticos, como las zonas costeras del sur de Gran Canaria, Lanzarote o Fuerteventura, la ola de calor puede tener un doble efecto: por un lado, favorece la llegada de visitantes que buscan sol y playa, pero por otro, reduce el confort y aumenta los riesgos sanitarios. Algunos hoteles ya han comenzado a adaptar sus actividades y a reforzar los mensajes de prevención entre sus clientes.
El sector agrícola también se ve directamente afectado. El calor acelera los procesos de maduración de frutas y hortalizas, altera los ciclos de riego y puede afectar a la productividad. Además, la calima reduce la capacidad fotosintética de las plantas, lo que repercute negativamente en los cultivos. En islas como La Palma, Gran Canaria o El Hierro, se han reportado daños en cultivos sensibles al estrés térmico.