Para los científicos cada objeto que irrumpe en el sistema solar interior plantea nuevas preguntas sobre su origen y naturaleza. Desde el paso del cometa interestelar ʻOumuamua hasta el reciente caso de 3I/Atlas, los científicos han debatido si estos visitantes son fragmentos naturales de roca o posibles restos tecnológicos de civilizaciones avanzadas. Ahora, un nuevo candidato ha captado la atención de la comunidad astronómica: el objeto Arjuna 2025 PN7, que algunos expertos sospechan podría ser un artefacto creado por el ser humano hace más de sesenta años.
El astrofísico de Harvard Avi Loeb, conocido por proponer que ʻOumuamua podría haber sido una nave espacial alienígena, ha sugerido que este nuevo cuerpo celeste también podría representar una tecnofirma, es decir, una evidencia física de tecnología inteligente. Pero, sorprendentemente, Loeb no mira hacia otra galaxia, sino hacia la Tierra: según su hipótesis, Arjuna 2025 PN7 podría ser una sonda soviética perdida de la era espacial.
Un hallazgo que pasó desapercibido para los científicos
El objeto fue detectado originalmente en 2014 por el programa Pan-STARRS, pero debido a su brillo extremadamente débil, fue archivado como un asteroide menor sin importancia. No fue hasta 2025 cuando científicos españoles, los hermanos Carlos y Raúl de la Fuente Marcos, de la Universidad Complutense de Madrid, analizaron su órbita con mayor detalle y descubrieron algo inusual: Arjuna 2025 PN7 se comporta como una cuasi-luna de la Tierra.
El llamado “cinturón de Arjuna” agrupa más de un centenar de pequeños cuerpos con trayectorias casi idénticas a la de nuestro planeta. Estos cuasi-satélites no orbitan la Tierra directamente, sino que se desplazan junto a ella alrededor del Sol, acompañándola durante largos periodos. Este patrón orbital fue lo que despertó el interés de Loeb y del ingeniero británico Adam Hibberd, quienes decidieron investigar si el objeto podría tener un origen artificial.
Una teoría que apunta al programa espacial soviético
En su estudio más reciente, Loeb y Hibberd proponen que el objeto Arjuna 2025 PN7 podría ser en realidad un resto de la sonda soviética Zond 1, lanzada en abril de 1964 con destino a Venus. Esta misión formaba parte del ambicioso programa interplanetario de la Unión Soviética, que por entonces competía con Estados Unidos en la carrera por la Luna y los planetas.

Sin embargo, la misión Zond 1 fracasó: tras sufrir una despresurización y una serie de fallos de comunicación, la sonda se perdió en el espacio. Los científicos recuerdan que su trayectoria coincidía con la del actual objeto 2025 PN7, que habría adoptado su actual órbita cuasi-satelital poco después del lanzamiento de la sonda.
Los modelos informáticos elaborados por Hibberd muestran una coincidencia orbital sorprendente: el objeto se habría aproximado a Venus en julio de 1964, justo cuando Zond 1 debía llegar a su destino. Además, ambos presentan niveles de brillo similares y un movimiento heliocéntrico casi idéntico. “Para cada trayectoria simulada comparamos posiciones y velocidades con las del objeto 2025 PN7, y los resultados son compatibles con la hipótesis de que podría tratarse de un artefacto lanzado desde la Tierra”, explican los autores del estudio.
Qué falta por confirmar
Los científicos advierten, sin embargo, que para confirmar la hipótesis soviética será necesario realizar un análisis espectroscópico del objeto. Si su luz revela la presencia de metales, aleaciones o pintura industrial, eso confirmaría su origen artificial. Por el contrario, si su espectro muestra únicamente silicatos y compuestos naturales, se trataría simplemente de un asteroide más.
Aun así, persisten dudas. Las simulaciones indican que el objeto 2025 PN7 pasó más cerca del Sol de lo que la trayectoria de Zond 1 habría permitido, lo que complica la identificación directa. Por ello, los científicos no descartan que pueda tratarse del etapa superior del cohete que lanzó la misión, y no de la sonda misma.
Una reliquia de la era espacial o algo más
De confirmarse la hipótesis, Arjuna 2025 PN7 se convertiría en el primer artefacto humano que ha permanecido inadvertido durante más de medio siglo en una órbita heliocéntrica estable. Su hallazgo abriría un nuevo capítulo en la arqueología espacial, permitiendo estudiar cómo los materiales fabricados por el ser humano resisten en el entorno interplanetario durante décadas.
Por el momento, el objeto sigue siendo un misterio. Loeb y Hibberd reconocen que su propuesta no pretende ser concluyente, sino una invitación a reanudar la observación y el estudio directo del cuerpo con telescopios más potentes.
Mientras tanto, los científicos continúan rastreando el cielo en busca de otras posibles reliquias tecnológicas, convencidos de que el espacio cercano a la Tierra puede guardar más de una sorpresa olvidada de la era soviética.