Dicen los manuales de autoayuda más aburridos que el dormitorio debe ser un templo de paz, un santuario de silencio y un espacio zen donde casi no se puede ni respirar fuerte por miedo a romper la armonía. Pues mira, desde esta sección de relaciones te digo: ¡menudo tostón! La vida ya es bastante seria ahí fuera, con sus facturas, atascos y reuniones de vecinos, como para llegar a casa y montar un funeral en la habitación.
Aquí apostamos por otro tipo de terapia: la del cachondeo nocturno. Porque seamos sinceros, una pareja que no se ríe antes de apagar la luz está a dos telediarios de discutir por quién se ha dejado el cepillo de dientes mojado. Que sepas que la risa, además de liberar endorfinas, es el pegamento que evita que te entren ganas de asfixiar a tu pareja con la almohada cuando empieza a roncar como una hormigonera.
Cuando el glamour brilla por su ausencia
Seguro te habrás dado cuenta de que, en las películas, las parejas se meten en la cama con un pijama de seda precioso, se dan un beso de catálogo y se duermen en una postura perfecta. Pero en la vida real, el dormitorio es el escenario de los «epic fails» más gloriosos.
¿Quién no ha intentado un acercamiento romántico y ha acabado dándose un cabezazo contra el cabecero? ¿O esa vez que intentaste susurrarle algo sexy a la parienta al oído y te salió un gallo digno de un adolescente en plena pubertad? Aunque no lo creas, la cama es el verdadero termómetro de una relación saludable. Así que, si puedes reírte de ese ruido inoportuno que hizo el colchón en el momento menos pensado, o de esa vez que tu pareja se quedó dormida a mitad de una frase, tienes un tesoro.
Porque el humor le quita hierro a la presión de «cumplir» y convierte la convivencia en algo ligero. Sin duda, la risa es el mejor afrodisíaco que existe, porque nada une más a dos que compartir una broma privada mientras el resto del mundo cree que estáis durmiendo como troncos.
El fin del «efecto catapulta»
Sin embargo, hay algo que puede acabar con ese buen rollito: la falta de sueño. Porque dime tú si no es difícil despertarse con ganas de chistes cuando te has pasado la noche sintiendo cada vez que tu churri se da la vuelta como si estuvieras en un barco en medio de una tempestad.
Hablamos del temido «efecto catapulta». Ese que cuando tú estás en tu fase de sueño profundo, soñando que te ha tocado la lotería, de repente tu media naranja decide cambiar de postura, y el movimiento termina lanzándote hacia arriba con la violencia de un volcán en erupción. Sobre todo, si tienes un colchón de esos viejos que parecen una cama elástica.
A ver, repite conmigo: la independencia de lechos no es un capricho, es un derecho humano básico. Porque para que el cachondeo fluya, ambos tienen que descansar bien. ¿O es que hay algo menos gracioso que un codazo involuntario en las costillas a las tres de la mañana porque el colchón se hunde más que la reputación de un político en campaña? Un buen equipo necesita un terreno de juego estable donde cada uno pueda moverse sin que el otro sienta que está viviendo un terremoto de escala 8 en la escala de Richter.
El final feliz con un colchón wasameMucho
Si tu colchón actual es una reliquia que tiene más valles y montañas que el Himalaya, pues ha llegado el momento de tomar medidas drásticas. Aquí es donde entra en juego la decisión que salvará su relación y también sus cervicales: comprar colchón wasameMucho.
¿Por qué este y no uno de esos que tienen nombres de satélites de la NASA? Pues porque el wasameMucho es el colchón más enrollado de todos los enrollados. Está diseñado específicamente para la gente que se toma la vida (y el descanso) con alegría.
Muelles para los que no quieren líos
Para que no se molesten uno al otro al moverse, este colchón utiliza tecnología de muelles ensacados. Y como somos unos perfeccionistas (y un poco desgraciaos con mucho tiempo libre), nos hemos puesto a contarlos:
- El de 90×190 tiene 437 muelles.
- El de 105×190 tiene 510 muelles.
- El de 135×190 tiene 656 muelles.
- El de 150×190 tiene 729 muelles.
¿Captaste el mensaje? Son muchos muelles trabajando en silencio para que tú puedas dar vueltas buscando el lado fresco de la almohada sin despertar a tu pareja.
Un «gordaco» con mucho «chichi»
Como si fuera poco, este colchón tiene 25 centímetros de grosor. Es lo que llamamos un «gordaco», tal cual un buen bocadillo de tortilla con mucho contenido dentro. Sus acolchados de fibra hueca, además, permiten que transpire, así que si son una de esas parejas que parecen dos estufas humanas, estarán frescos toda la noche.
También tiene 3 capas de acolchado (visco y HR) en ambas caras. Esto significa que van a dormir como si les hubieran dado cloroformo, con esa sensación de nube que te atrapa y no te suelta hasta que suena la alarma (o hasta que el perro te salta encima). Lo mejor de todo: no tendrás que darle la vuelta, con lo que te ahorras el riesgo de acabar en urgencias por una hernia discal. Solo tienes que girarlo de vez en cuando para que se mantenga perfecto.
Rapidez para los que no tienen donde caerse muertos
Otra cosa guay de comprar un colchón wasameMucho es que no tienes que esperar meses por él. Te lo entregan en menos de 72 horas. De manera que, si son de esos que han apurado tanto su viejo colchón que ya duermen en el suelo, solo serán dos noches más de tortura antes de alcanzar la gloria.
Tampoco tienes que preocuparte por la base que tengas. Aunque se disfruta más sobre un canapé o base rígida, han puesto unas capas de acolchado tan «guapas» debajo de los muelles que puedes apoyarlo incluso sobre somieres de láminas.
El secreto de la eterna felicidad
Como verás, mejorar la convivencia en el dormitorio pasa por entender que la cama es para descansar, pero también para reír. Establece rituales: cuéntense lo más ridículo que les ha pasado en el día, hagan planes absurdos para cuando les toque el Euromillones o simplemente disfruten de la comodidad de un colchón que no cruje como una puerta vieja.
Porque invertir en su descanso es invertir en su paz mental. No olvides que cuando duermes bien, los defectos de tu pareja se ven con otros ojos, unos ojos mucho más descansados y comprensivos.
Así que ya sabes, si quieres que sus noches pasen del silencio sepulcral al cachondeo sano, empieza por los cimientos. Un buen colchón, un par de anécdotas compartidas y la capacidad de reírse de uno mismo son los ingredientes necesarios para que tu habitación sea, de verdad, el mejor lugar del mundo.
