Santa Cruz

El rastro mortal de las antenas en El Sobradillo

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Manolo Díaz, es el tesorero de Planmocan. ANDRÉS GUTIÉRREZ

Están completamente convencidos de que son las culpables. Las cifras de muertes por cáncer que han contabilizado en los últimos siete años, más de 150, parecen darles la razón. En el último mes, dos nuevas víctimas se han sumado a esa lista y una más está enferma de cáncer de pulmón. Esta última vive enfrente de las únicas antenas de telefonía móvil con sentencia firme del Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) para que sean eliminadas: las de la calle Bellotero en El Sobradillo, en el Distrito Suroeste de Santa Cruz. “Un año con la sentencia firme y no han hecho nada”, lamenta el portavoz de la Plataforma de Afectados por la Telefonía Móvil (Planmocan), Manuel Díaz. Aseguran que esas antenas están provocando el mismo caos en la salud de sus vecinos que la que hace años lograron quitar del centro de El Sobradillo (en la calle Caléndula) y que dejó a su alrededor un rastro de muerte y enfermedad. En la del Bellotero, “solo de cabeza nos salen como siete u ocho personas enfermas en esa calle. Una de las casas que está enfrente de las antenas se quedó vacía. Los cuatro miembros de la misma familia enfermaron”, relata Díaz.

Junto a Manolo están Montserrat Conde, Ramón Torres e Iluminada Díaz. Todos han sufrido de manera directa una afección, ya sea porque ellos mismos están enfermos o porque sus más allegados se han visto envueltos por la enfermedad, y todos viven en la calle Caléndula. Su primer gran triunfo en esta lucha, para que se aplique el principio de precaución, es el de alejar las antenas a más de 500 metros de los núcleos poblacionales.

“Me detectaron el cáncer de mama hace dos años. Por suerte a mi edad (82 años) la enfermedad no avanza tan deprisa. Lo detectaron a tiempo y ahora estoy bien”, explica Montserrat. Ella es una de las veteranas de Planmocan, lleva años en la plataforma, antes de que la enfermedad la hiciera reafirmarse en su convencimiento de que las antenas tan cerca de las viviendas aceleran de manera significativa el cáncer. Y es que, cuando se les pregunta de forma directa si creen, a pesar de que las evidencias científicas aún no lo demuestran, que sus emisiones causan cáncer, su respuesta es que, si bien puede que no generen la enfermedad, “sin duda la aceleran”.

Una de las personas que está convencida de que las antenas aceleran el desarrollo de la enfermedad, Iluminada Díaz, lo sabe de primera mano. Su marido, Juan Negrín, fue diagnosticado de cáncer de mesotelioma hace ya siete años, murió a los pocos meses. Vive justo a 50 metros de la antena de la calle Caléndula. Una prima también murió de cáncer de páncreas y junto a ella Guillermo, Carmen, Carmelo, Jesús… Nombres que afloran de manera automática cuando se les pide que enumeren las muertes de las que culpabilizan a las emisiones de la antena.

Les costó años de lucha para que la quitaran. Simplemente no tenía licencia. Pero algo que para cualquier otro tipo de obra supondría la clausura inmediata, en este tipo de instalaciones, incluso con sentencias firmes como las de Bellotero, los procesos administrativos se eternizan.

Ramón Torres es otro de los que acude a las reuniones de Planmocan de forma periódica. Hace diez años que le extirparon el intestino por un cáncer de colon. También vive en la calle Caléndula. “Me diagnosticaron y me operaron. Llevo diez años con una bolsa”, comenta resignado este vecino.

Cuando se les pregunta si alguno de sus médicos les ha comentado la posibilidad de que las antenas sean las responsables, aseguran que en la intimidad de la consulta sí que lo han reconocido, pero se niegan a ponerlo por escrito o hacer referencia de algún tipo. “A otro vecino le diagnosticaron un cáncer y cuando le dijo al médico dónde vivía le dijo que se mudara lo antes posible”. “Otro, cuando el médico le dio el diagnóstico, inmediatamente le preguntó si vivía en El Sobradillo…”. Son vivencias que aseguran han pasado y por eso siguen pidiendo un estudio epidemiológico. “Hemos contabilizado 150 muertes en estos siete años relacionadas todas con el cáncer y las que no sabemos. Si están tan seguros de que no tenemos razón, ¿por qué no quieren hacer el estudio?”, se preguntan desde la plataforma.

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Montserrat Conde es una activista que, desde el primer momento, apoyó la lucha de Planmocan. También ella ha sufrido la enfermedad, un cáncer de mama. “Lo tuve hace tres años, pero afortunadamente se pudo controlar”. Ahora tiene 82 años. / AG

SENTENCIA

Planmocan lamenta que después del impulso que se le había dado al Plan de Antenas en la capital, el actual concejal de Urbanismo, Carlos Garcinuño, aseguran, “ha perdido interés”. “Seguimos pendientes de que se apruebe el documento de impacto ambiental y lo único que nos dicen es que tienen un año para hacerlo”, lamenta Manolo Díaz. “Si lo hubieran encargado antes no estaríamos hablando de un año. No hay interés”, añade el portavoz de Planmocan, quien asegura que “es el mismo desinterés que tiene con la retirada de las antenas del Bellotero”.

Desde la Gerencia Municipal de Urbanismo, Garcinuño niega cualquier tipo de obstaculización o desinterés. “Cumplimos excrupulosamente con la ley y estamos dando los pasos necesarios para su retirada”, afirma el edil. Según Garcinuño, “enviamos el requerimiento a las empresas para que cumplieran con la sentencia, ellas presentaron alegaciones que desestimamos y ahora hemos hecho llegar al juzgado la situación para que este nos indique cómo debemos proceder para ejecutar la sentencia”. Como ya avanzó en un pleno el edil de Urbanismo, “si finalmente las empresas no las retiran lo tendrá que hacer de forma subsidiaria el Ayuntamiento, pero para eso esperamos a lo que nos diga el juzgado”.

La importancia de hacer cumplir esta sentencia radica en que, como recuerda Planmocan, al tratarse de una antena en precario, abre el camino para retirar la veintena que el Plan de Antenas detectó en las mismas condiciones. Sin embargo, el edil de Urbanismo introduce un matiz en este asunto y es que, avanza, “voy a pedir un informe para comprobar el estado actual de esa veintena de antenas, puesto que desconozco si alguna de ellas se ha regularizado”. También recuerda que los emisores de Bellotero se retiran porque la casa en la que se ubican es la que es ilegal, “aunque las quitemos, si quieren instalarlas en otro sitio del barrio podrían hacerlo, siempre que cumplan con la normativa”. “De hecho -continuó- solicitaron instalarlas en la casa de enfrente, pero el Plan General no permitía ese tipo de instalaciones y se le denegó”.

Ramón Torres también es vecino de la ya desaparecida antena de la calle Caléndula. “Hace diez años me detectaron un cáncer de colon y me extirparon el intestino. Desde entonces llevo una bolsa que hace las veces de intestino”. / AG

Planmocan no entiende lo que, a su juicio, son “miramientos” del Ayuntamiento con las compañías de telefonía móvil. Incluso, sospechan, “es posible que el impacto ambiental modifique lo que habíamos conseguido de que se retiraran a los márgenes de la ciudad”. “Por ejemplo -continúa Díaz- sabemos que las propuestas de localización dentro de Anaga serán problemáticas por ser Reserva de la Biosfera”. “Les preocupan más las montañas que las personas”, se lamentan en Planmocan. Díaz recrimina, además, que se les “maltrate” cada viernes que hay Pleno, cuando se plantan ante el Ayuntamiento a protestar por la falta de compromiso con sus peticiones. “Nos piden la identificación y hasta nos miden los decibelios por si superamos los permitidos. Pero no nos importa, seguiremos viniendo hasta que nos hagan caso”.

Ante tanto convencimiento, cuando se les pregunta qué opinan del último informe emitido por el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (Ccars), en el que se afirma que no existen evidencias que relacionen las antenas y el cáncer, la respuesta es casi automática, “ese informe lo pagan las empresas de telefonía móvil, qué van a decir”. También casi de forma automática citan otros documentos en los que, aunque no hablan de evidencias, sí que aplican el principio de precaución. “En Francia acaban de aprobar que no habrá wifi en entornos sensibles como los colegios”. Incluso, en la normativa española, “las últimas modificaciones en este sentido hablan de retirar la antenas de entornos sensibles como guarderías, hospitales…, lo que nos preguntamos es que si para esos entornos es perjudicial la presencia de antenas por qué para el resto de la población no lo es”.

El marido de Iluminada Díaz, Juan Negrín, murió de cáncer de mesotelioma. Vivía a 20 metros de las antena de la calle Caléndula. “Murió a los pocos meses de diagnosticarlo. Estoy convencida de que las emisiones aceleraron la enfermedad”. / AG

SIN EVIDENCIAS

Según las conclusiones del informe del Consejo Científico, recogidas en un comunicado del Ccars, “el análisis crítico de las evidencias respalda que no existen razones técnicas ni sanitarias que justifiquen la imposición arbitraria y discrecional de límites de exposición más exigentes que los recomendados por la OMS y la Unión Europea”. De aplicar esos límites, se afirma, “implicaría aumentar el número de antenas con el consiguiente impacto visual, social y económico”. El informe recoge además que “los niveles de exposición de la población a las radiofrecuencias de los dispositivos wifi, son muy inferiores a los recomendados por las agencias y comités científicos”. El nuevo informe del Ccars afirma que “existe suficiente evidencia para afirmar que el uso del teléfono móvil es seguro en ámbitos como el hospitalario” o que no hay evidencias suficientes que relacionen el uso del teléfono móvil con los tumores cerebrales. Frente a estas afirmaciones de seguridad para la salud, el mes pasado, un tribunal italiano concedió una pensión vitalicia a un trabajador que tuvo un tumor por usar mucho el móvil.

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ARTURO MÉNDEZ: “LA NEGATIVA A RETIRAR LAS ANTENAS ES UNA POSTURA ECONÓMICA, PORQUE TÉCNICAMENTE ESTÁ RESUELTA”

Arturo Méndez es físico, jefe de servicio de Protección Radiológica, experto en protección radiológica, en el campo de las radiaciones ionizantes y un convencido de que las radiofrecuencias afectan a la salud de las personas. “Ojalá me equivocara, pero tengo la impresión de que este fenómeno puede traer consecuencias importantes a largo plazo porque no hay que olvidar todos los efectos que conocemos de las radiaciones que tienen un proceso de latencia, no se manifiestan de forma inmediata”. Méndez recuerda el amianto. “Se tardó muchísimos años en asegurar que era tóxico y cancerígeno porque había muchos intereses económicos detrás. Hoy ya se sabe con absoluta certeza que lo es”. Defiende aplicar el principio de precaución ante un fenómeno que está adquiriendo un uso masivo tan importante como es el de los teléfonos móviles.

No quiere alarmar. Los límites de este problema aún están lejos de alcanzarse, pero, “la cruda realidad es que hay un problema económico detrás. Las antenas sí que se pueden retirar de las zonas más pobladas (ellos argumentan que no porque habría que incrementar el número de puertos bases), pero también es verdad que están teniendo unos beneficios muy jugosos y racionalizar la posición de las antenas, no deja de ser una postura básicamente económica, porque técnicamente está resuelta”.

Méndez entiende que la postura adoptada por los científicos del informe del Consejo Asesor es muy respetable, pero “todos estos catedráticos intentan reproducir en laboratorio las condiciones de contaminación electromagnética y eso es algo muy complicado de conseguir porque las personas están sometidas de forma muy variable a campos de muy distintas energías y en situaciones muy variopintas”. “Todo eso debería ser reproducible para que haya validez científica y, por tanto, no se corresponden en general, casi nunca diría yo, con la realidad de lo que vive la mayoría de la gente”, añade.

“Además -defiende- los límites de exposición que hay establecidos por las autoridades internacionales son, desde mi punto de vista, bastante holgados”. Y es que está convencido de que, “establecer una normativa estricta conllevaría una serie de gastos importantísimos que tendrían mucha contestación por parte de las multinacionales correspondientes”.

Méndez entiende que casos como los de la hipersensibilidad magnética son reales, “gente que ha testimoniado, con razones y hechos que les han ocurrido, que realmente sienten una afectación por este tipo de contaminación, en concreto de la telefonía móvil, que les ha producido todos estos síntomas de ansiedad, insomnio, irritabilidad…”.

“Hay un hecho muy claro -continúa- somos seres vivos que funcionamos a través de señales electromagnéticas y corrientes muy débiles, extremadamente débiles comparadas con los valores de la potencia que se están dando en las proximidades de las antenas. Y pretender que eso no nos afecta, es inaceptable”. “Sí nos afecta”, insiste, y añade que, “hay personas que notan la afectación y hay estudios estadísticos que demuestran que ciertas colectivos con una permanencia muy continuada en una zona, en la que la contaminación electromagnética es relativamente alta, muestra una sintomatología muy sutil, pero absolutamente real”.

PRECAUCIÓN

Recuerda Méndez que ya hubo una alarma por una clasificación de posible peligro por el uso de los teléfonos móviles en colectivos que lo usaban del orden de 10 y 20 veces menos que ahora, y la OMS alertó entonces sobre la posibilidad o probabilidad de que el uso continuado produjera carcinomas de cerebro. “Frente a esto siempre digo que podemos adoptar una solución y no es otra que alejar la antena de la cabeza por ejemplo usando auriculares. De hecho, hay muchos países, donde la mayoría de la gente suele usarlo, una medida de precaución como defensa ante este adelanto técnico, interesante y necesario pero que tiene una consecuencia…”., concluye el experto que, apoya las revindicaciones de Planmocan desde su inicio.

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