“Fue desgarrador mirar por el balcón y no ver nada enfrente, como si no estuviera en mi casa”

Javier Velázquez, propietario del bar El Escondite, el único en el paseo Jorge Ledesma, justo a tres metros del edificio siniestrado, pudo volver ayer a su casa, en lo alto de su negocio, en el 10 de la calle de Amalia Alayón, tres días después de ser desalojado junto a su esposa Lieve Vercaemert

Javier Velázquez, propietario del bar El Escondite, el único en el paseo Jorge Ledesma, justo a tres metros del edificio siniestrado, pudo volver ayer a su casa, en lo alto de su negocio, en el 10 de la calle de Amalia Alayón, tres días después de ser desalojado junto a su esposa Lieve Vercaemert.

Desde entonces ha pernoctado en casa de uno de sus tres hijos (Carlos) y ha tenido que comprarse un par de camisas “al salir con lo puesto”. Ayer, a la una de la tarde, como otros muchos vecinos, pudo volver a su hogar, acompañado por un policía. Desde la Policía Local le dijeron que solo tenían dos minutos para recoger lo imprescindible, pero cuando llegó a su piso, “el policía que nos acompañó fue muy amable y nos dijo que no tuviéramos prisa”, comenta Lieve, “quizás porque me vio muy nerviosa”, añade.

“Fue desgarrador mirar por el balcón y no ver nada enfrente, como si no estuviera en mi casa”, relata la señora de Javier Velázquez, a quien el alcalde le comunicó personalmente que debido a la tormenta anunciada el desalojo no concluirá hasta la noche del martes o el miércoles, día en que también podrán reabrir El Escondite. “El trato del alcalde ha sido exquisito, de agradecer”, remarcó.

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