PUERTO DE LA CRUZ

Un joven portuense participa en un proyecto elegido para el pabellón español de la Bienal de Venecia

José Javier Cullen y cinco compañeros fueron premiados por su propuesta ‘Arquinautas de la Cosmopista’, una iniciativa en la que analizan una docena de “ruinas de la modernidad”

puerto

No es suficiente con dar una nueva vida a las ruinas que dejó la modernidad. Es necesario primero sensibilizar a los agentes que producen el “nuevo futuro”. Este es el objetivo de la propuesta arquitectónica denominada Arquinautas de la Cosmopista: observatorio crítico itinerante, que resultó premiada junto con otras siete entre las 108 recibidas y será expuesta desde el 28 de mayo y hasta el 27 de noviembre en el pabellón español presente en la Bienal de Venecia.

El portuense José Javier Cullen es uno de los autores de la propuesta junto a otros cinco arquitectos, Víctor Manuel Cano, Alejandro Burgueño, José Manuel de Andrés Moncayo, Ana Sabugo y Rocío Romero. Con esta iniciativa conjunta pretenden demostrar la falta de relación que suele existir entre aquellos que toman decisiones y el territorio donde las toman. Su símil con el libro Los autonautas de la cosmopista, del escritor Julio Cortázar, no es pura coincidencia. Los jóvenes quisieron demostrar que en el viaje que realizaron durante 33 días el intelectual argentino y su esposa, la fotógrafa Carol Dunlop, entre París y Marsella, fueron capaces de descubrir aspectos que normalmente pasan desapercibidos para cualquier persona y que son los que estructuran las formas de vida de los habitantes de los lugares.

Durante ese tiempo, Cortázar se marca como propósito no salirse de la autopista, a priori, un viaje que podría resultar aburrido, pero en el que él encuentra sensibilidades en cada rincón.

Algo similar pretenden con su propuesta, en la que analizan un total de 12 “ruinas de la modernidad” o construcciones inacabadas durante el boom inmobiliario, para que los distintos agentes que intervienen en el proceso de producción arquitectónica -abogados, políticos, constructores, promotores y arquitectos- las recorran y comprueben qué tipo de habitantes, flora, fauna, modos de vida o culturas y estéticas propias existen en torno a las mismas.

De este modo se evitarían cometer los mismos errores y se podrían compartir soluciones que quizás puedan ayudar a otros países a anticiparse y prevenir desenlaces similares a los que han tenido construcciones polémicas como El Huerto del Emir (Murcia); el Centro Acuático (Madrid) o el Centro de Investigación y Tratamiento Oncológico (Villaviciosa de Odón), entre otras.

Uno de los inmuebles estudiados se encuentra en Tenerife. Es el edificio del hotel Acorán, en Añaza, donde se ejemplifica “perfectamente” a juicio de los autores, la “falta de sensibilidad” que se ha tenido a la hora de entender una arquitectura en una situación privilegiada por su entorno natural, ya que la construcción es concebida del mismo modo que una torre de viviendas en la periferia de una gran metrópoli.

[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]El modelo para construir después de la crisis sigue siendo el mismo
La crisis del boom inmobiliario ha dejado un paisaje español salpicado de edificios inacabados, como los que se exponen en la propuesta. Y pese a que se trata de un modelo arquitectónico y urbanístico que no ha funcionado, una vez que se está pasando la crisis “se está utilizando” el mismo prototipo. No obstante, con el ejemplo del edificio de Añaza, en Tenerife, los arquitectos quieren demostrar que el problema no viene de los últimos 10 años, ya que las ruinas llevan en el lugar más de 30 años.[/su_note]