
La economía colaborativa ya es imparable. La idea de intercambiar y compartir bienes y servicios a través de plataformas electrónicas está cada vez más afianzada en la sociedad española. En España ya hay más de 300 plataformas que se dedican a esto. Las más conocidas, como Uber o Airbnb o BlaBlaCar ya forman parte de nuestra vida diaria. Se trata de una fórmula en la que compartir está por encima de poseer. Y esto se puede hacer de manera altruista, es decir, sin recibir nada a cambio, percibiendo un dinero que da para cubrir gastos o para hacer negocio.
La pasada semana se celebró en Tenerife el primer encuentro Power Changers, que se centró en la cultura digital y el consumo colaborativo. Impulsado por el Equipo PARA y la marca Phenomenal, con el patrocinio del Cabildo Insular de Tenerife y la colaboración de la Universidad de La Laguna. La idea era aunar ideas sobre uno de los fenómenos de máxima actualidad. Además, el encuentro se celebró justo la semana en la que Uber, la aplicación que ofrece transporte para viajeros en ciudades, volvía a Madrid después de haber superado sus problemas legales.
Sara Rodríguez Marín, abogada conectora de OuiShare, especializada en regulaciones y políticas públicas de la economía colaborativa, aseguró que no se trata de “competir”, sino que la idea es que convivan ambas fórmulas porque hay demanda. La normativa, en todo lo que tiene que ver con el consumo colaborativo, es bastante restrictiva. Por ejemplo, el decreto del alquiler vacacional de Canarias “es el más duro de España”, señala Rodríguez. Aun así, “España no está tan mal en relación con cualquier país europeo. Sí a nivel normativo, pero no en cuanto a la demanda de este tipo de servicios”.
Francisco Rodríguez, conector de OuiShare y MBA especializado en emprendimiento y startups de la economía colaborativa, explicó que “la crisis ha provocado el nacimiento de esta fórmula de hacer las cosas, pero el detonante ha sido sobre todo el nacimiento de las nuevas tecnologías”. “Si yo tengo un coche y voy todos los días a la Universidad, ¿por qué no llevar a cuatro compañeros más que me cubren el gasto de la gasolina? Además, voy acompañado, si es un trayecto largo. Al fin y al cabo”, explicó Francisco Rodríguez, al tiempo que indicó que “la economía colaborativa es lo mismo que hacíamos antes con familia y amigos, pero con desconocidos y algunas veces a cambio de dinero, y a través de una plataforma tecnológica”.
En este sentido, Sara Rodríguez fundadora de FreeDeLibre, aseguró que “la economía colaborativa no está reñida con el ánimo de lucro. Yo colaboro contigo porque ocupo tu tiempo, trato contigo directamente, sin intermediario, y encima me sale más barato”. “Es el concepto de compartir, aunque es cierto que en España este concepto se achaca a algo cutre o de pobres, mientras que en Alemania se cree que es de inteligentes. Si tu tienes una oficina con una sala que solo utilizas los lunes y jueves por la mañana, ¿por qué el resto de días no la alquilas a otra empresa que, a lo mejor, no tiene los medios para alquilar un local, pero sí puede pagar la sala por horas? No sé donde está el problema”, declaró Rodríguez Marín.
RASTRO
Para Francisco Rodríguez se trata de “sacar rendimiento a algo que posees, porque en caso contrario estarás perdiendo dinero”.
Ambos reconocen que existe un “cierto miedo” de las grandes empresas, como las hoteleras o los taxistas, que creen que estas plataformas “vienen a ocupar su puesto”, pero lo importante es que ambos colaboren y convivan, porque hay demanda. “Siempre habrá gente que prefiera el taxi o un hotel de cinco estrellas a un apartamento compartido. Hay clientes para todo. De lo que se trata es de que exista la opción. No creo que Uber quiera destruir al sector del taxi”. Sara Rodríguez indicó además que se trata de un sector muy controlado. “Internet deja rastro de todo. Hacienda no se ha dado cuenta de la mina de oro que tiene con la economía colaborativa”, explicó.
[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]Hay mercado y demanda para que este sistema conviva con el tradicional
FreeDeLibre es un proyecto que surge de las necesidades y retos a los que se enfrentan las empresas del sector digital y de las nuevas tecnologías, con el foco puesto en la economía colaborativa y digital. Ofrece servicios de derecho mercantil y societario: negociación de contratos mercantiles, acuerdos societarios, estatutos y pactos de socios, constitución y gestión de empresas y asociaciones y fundaciones. También se dedica a diseños industriales: secreto industrial y know-how; derechos de autor, derechos de imagen, acuerdos de transferencia de tecnología y valoración de activos intangibles. Tanto Sara como Francisco Rodríguez son conscientes de que el modelo de la economía colaborativa se termina instalando en nuestra sociedad y que, a pesar de las reticencias de las empresas tradicionales, al final estas terminarán por entender que la mejor fórmula es la de la convivencia, puesto que hay demanda y mercado. Desde compartir coches y viviendas hasta prestar dinero. [/su_note]




