Un plato de comida, cariño y conversación

Los comedores sociales se han convertido con la crisis en herramientas fundamentales de ayuda; los dos que hay en el casco de la ciudad atienden, cada uno, a unas 70 personas al día
Uno de los comedores. F. PALLERO
Uno de los comedores. F. PALLERO

La crisis ha convertido a los comedores sociales en una herramienta fundamental para ayudar a la sociedad, suponiendo incluso a veces la única comida caliente al día para muchas personas afectadas por esta situación económica. Sin embargo, aunque parece que por fin comienza a vislumbrarse cierta mejoría, los dos centros que hay ubicados en el centro de La Laguna siguen atendiendo a una media de unas 70 personas al día.

Uno de estos comedores es el ubicado en la avenida Pablo Iglesias y coordinado por unas 25 voluntarias de la Asociación Benéfica Interparroquial de La Laguna. Carmen Nieves Hernández es la tesorera y la voluntaria que más tiempo lleva en la asociación, concretamente desde su fundación hace ya 30 años. En aquella época, “en Santa Cruz había un comedor que lo llevaba el padre Laraña y tenían unos ahorros con los que querían traer la idea a La Laguna. Nos reunimos unas señoras y nos comentó la idea, y entonces hablamos con el Obispado y nos cedió este comedor y nosotros hicimos la cocina y los baños”, recuerda.

“Comenzamos con los niños de los colegios de alrededor -continúa-, porque en aquella época no había comedor y así estuvimos unos años, hasta que los pusieron en los colegios y entones era mejor que los niños fueran allí”, y como el centro estaba funcionando tan bien se decidió mantenerlo abierto para todo el que lo necesitara para comer. En aquella época, inicios de los años 90, el perfil habitual era el del toxicómanos o gente que vivía en la calle, pero con la llegada de la crisis eso cambió y cada vez llegaba más gente que se había quedado sin trabajo, lo había perdido todo y no contaban con apoyo familiar. Personas mayores al principio, pero cada vez se han ido acercando también más jóvenes y gente con estudios superiores. O personas que vienen de otras islas para buscar trabajo o gente que solo tiene trabajos mal pagados de fin de semana. Casi todos reciben algún tipo de prestación o ingreso, pero claramente insuficiente para cubrir todos los gastos y comer.

“En lo peor de la crisis había que hacer dos turnos y el servicio casi se duplicaba”, apunta María Jesús, secretaria de la asociación, lo que supone a entre 120 y 140 personas. “Este comedor se creó en la época del obispo Don Damián -añade Carmen Nieves.- y la condición que él puso es que a toda persona que venga ni se le pregunta por qué viene ni por qué no, y si ellos quieren contar su historia por supuesto que se les escucha, porque no todo es comer, hay que escucharlos y ayudarlos en lo que uno pueda”.

“Les damos comida y conversación, los tratamos con cariño, que no se sientan solos ni que la sociedad los ha abandonado”, destaca María Jesús.

El servicio de comidas funciona de lunes a viernes, a partir de las 12.00 horas, y siempre se ofrece un menú de dos platos habitualmente calientes más postre. Además, los sábados, domingos y festivos se les ofrecen vales para canjear por un bocadillo y un zumo en un bar con el que han establecido un convenio. “Y en Navidades y fiestas como Semana Santa les damos una bolsa con turrones y chocolate”, apunta María Jesús.

Sin embargo, parece que por fin empiezan a notar cierta mejoría económica porque el ritmo de afluencia al comedor ha descendido. “Aquí antes venían personas que han dejado de venir y te los encuentras por la calle y te dicen que han encontrado un trabajito y siempre muy agradecidos”, señala Carmen Nieves.

Los gastos anuales en comida rondan los 30.000-35.000 euros y se pueden sufragar, así como los costes de mantenimiento, gracias a las ayudas del Gobierno de Canarias, el Cabildo, el Ayuntamiento, Fundación CajaCanarias y el Banco de Alimentos. “A veces también nos tocan en la puerta y la gente nos deja cestas de comida o verduras del campo, la gente es muy solidaria. En el pico de más gente necesitada, más gente colaboraba y venía a dar comida. Yo me quedaría con eso de la crisis”, enfatiza María Jesús.

Una labor que no podría salir adelante cada día sin la ayuda desinteresada de las 25 voluntarias de la asociación, todas personas mayores, que está buscando ahora a algún voluntario que les ayude con la gestión de las subvenciones.

SAN VICENTE DE PAUL
“La gente joven viene un día y dicen que es mucho trabajo y se marchan. La gente mayor es la que saca esto adelante y los que sabemos trabajar”, afirma en este sentido Matilde Guadalupe, vicepresidenta de la Asociación de Caridad y San Vicente de Paul y directora del comedor que gestiona esta asociación, ubicado en en la calle del Agua. Este comedor lo constituyó oficialmente la asociación en 1985, aunque ya llevaba algunos años antes en funcionamiento.

“Comenzamos en una casa alquilada al lado del Cristo e iban como cien personas, niños, que después pasaron a ser atendido en los colegios, y mayores, que necesitaban comer, que se les ayudase en todos los aspectos, porque nosotros también ayudamos con la ropa y con todo esté en nuestras manos”, explica Matilde. Actualmente está en una casa de la calle del Agua y atienden cada día a entre 70 y 100 personas. “Se ha triplicado la necesidad en estos años, pero viene una gente estupenda y correcta. Gente muy necesitada donde en sus casas están todos en paro y que no encuentran trabajo de cualquier cosa”, señala.

El comedor funciona de lunes a partir desde las 12.00 horas y también ofrece bolsas de comida porque “hay muchos que prefieren que se las demos y hacer la comida en sus casas. Les damos de todo: leche, gofio y azúcar, aceite, lentejas, garbanzos, latas.. todo lo que se usa en la casa y que podemos proporcionar”. Además, “algunas de las personas que vienen ayudan y eso también les hace sentirse útiles y bien”, señala.

“Luego hay gente que ha estado viviendo de maravilla y que se ha quedado en la ruina absoluta -añade-, y que le da vergüenza y pudor venir aquí y no se atreven, entonces no se le da aquí la comida sino que se la llevamos a su casa en horas discretas”.

Guadalupe forma parte del grupo de mujeres que fundó la asociación y el comedor. “Yo he dejado mis cosas y mis trabajos porque esto me ha enganchado, al no tener tampoco nietos me he volcado en la obra, no es lo mismo cuando tienes otras obligaciones, mi marido y yo estamos muy implicados -enfatiza-. Mi vida la he volcado completamente en esto y me siento bien, y luego somos un grupo de compañeras tan unido… más de 30 años juntas trabajando”.

Asimismo, en la parroquia de La Higuerita la asociación también reparten alimentos para la gente del barrio.

[su_note note_color=”#d0d3d5″ radius=”2″]

Los dos centros se turnarán para abrir durante los meses de verano

El Ayuntamiento de La Laguna ha alcanzado un acuerdo con los dos comedores sociales del centro para que abran durante los próximos meses de verano, ya que hasta ahora cerraban.  A través de este acuerdo, los dos comedores se turnarán durante julio, agosto y septiembre para abrir.[/su_note]

TE PUEDE INTERESAR