
Amparo Bricio / Lorena Cerdeña
Clotilde Cerdá, o como la conocían en el ámbito musical Esmeralda Cervantes, fue una arpista nacida en Barcelona y muy reconocida en todo el mundo. A los 12 años asombró en el Teatro Imperial de Viena y recibió grandes alabanzas por parte de Isabel II y Víctor Hugo, quien le dio el nombre de uno de los personajes protagonistas de su obra más representada: El jorobado de Notre Dame. Su apellido se lo puso la reina, aunque algunos afirman que se lo concedió Alfonso XII, en honor al escritor español. Richard Wagner llegó a calificarla delante deLuis II de Baviera como “genio”, de ahí que sea considerada una niña prodigio. La compositora realizó multitud de viajes por países como Francia, Austria, Alemania, Japón, Brasil, México o Argentina, dando conciertos en todos ellos. Esta artista olvidada fue la hija ilegítima del ingeniero Ildefonso Cerdá, que aunque la reconoció como tal no le dejó herencia; y de la pintora y dama de honor de Isabel II, Clotilde Bosch. Esmeralda Cervantes escogió la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, la cual había visitado numerosas veces con anterioridad, como residencia para pasar sus últimos días de vida con su cónyuge Oscar Grossman. A los 65 años, un 12 de abril de 1926, falleció en su casa situada en la calle Bernabé Rodríguez. Su marido solicitó al alcalde Santiago García Sanabria permiso para construir un mausoleo en el cementerio de Santa Lastenia.

Una gran mujer
El sepulcro abrió sus puertas por primera vez ayer, como motivo del 90 aniversario de su muerte. Para que siempre perdure en nuestra memoria, la Tertulia Amigos del 25 de Julio, junto con el Ayuntamiento de Santa Cruz, han querido homenajear a esta extraordinaria mujer con la apertura de este panteón, la colocación de una corona de flores frente a su busto y una placa con su nombre colocada en la misma calle donde residió. Su tumba está construida con mármol blanco fabricado en Génova y posee las características de los templos masónicos.
El presidente de la Tertulia, José Manuel Ledesma, afirmó que la capital tinerfeña “tuvo la honra de escuchar los sonidos divinos que Esmeralda Cervantes sacaba de su arpa”. La arpista daba conciertos en la Isla cada vez que hacía escala entre viaje y viaje y al cumplir los 40 años se quedó a vivir en una casa de alquiler donde daba clases particulares de solfeo, piano, canto y arpa. Ledesma destacó la labor social que realizó Cervantes ya que “durante estos años, brinda su apoyo, su experiencia y su arte a numerosas asociaciones, ofrece conciertos benéficos, y forma parte de diversos jurados”.
Por su parte, el alcalde de la capital tinerfeña, José Manuel Bermúdez, comentó en el homenaje que “es un orgullo que un personaje de la talla intelectual de la arpista decidiese pasar el final de su vida entre nosotros y para el Ayuntamiento, una obligación rescatar su figura” y agregó que todas estas personas ilustres son dignas de ser honradas como corresponde.




