CULTURA

Rosa Montero: “Hay más magia en la ciencia que en los cuentos de hadas”

Rosa Montero no es muy alta, pero no le hace falta ser más alta para dejarse ver. Lo ha hecho muy bien todos estos años a través de su trabajo. Me sorprende de ella que, en las distancias cortas, habla bajo. Siempre había imaginado que una mujer que escribe las cosas tan claras tendría un tono de voz fuerte. Me fijo primero en sus tatuajes

Rosa Montero en el Museo de la Ciencias y el Cosmos. / Elena Mora
Rosa Montero en el Museo de la Ciencias y el Cosmos. / Elena Mora

*POR VERÓNICA MARTÍN

Rosa Montero no es muy alta, pero no le hace falta ser más alta para dejarse ver. Lo ha hecho muy bien todos estos años a través de su trabajo. Me sorprende de ella que, en las distancias cortas, habla bajo. Siempre había imaginado que una mujer que escribe las cosas tan claras tendría un tono de voz fuerte. Me fijo primero en sus tatuajes. Son reflexiones y marcas de su vida. No pude resistirme a fotografiar su último tatuaje, la frase “ni pena ni miedo” que ella tomó prestada del artista Raúl Zurita, quien escribió este lema en el desierto de Atacama en letras muy grandes. Montero dice que cuando uno se hace mayor la pena y el miedo se acrecientan. Es muy lógico. Esta semana se encuentra en Tenerife porque el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) la ha invitado dentro de su programa En un lugar del Universo…, que celebra el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes fusionando Literatura y Astronomía.

-Usted es una literata que adora la ciencia y la apoya en un país que le da la espalda… ¿Cómo vive que España le dé la espalda a la investigación?
“Llevo años diciendo que España es un país de una tradición acientífica brutal y eso viene de unos polvos muy antiguos: en el siglo XVIII y XIX, mientras toda Europa y el mundo entraba en el futuro, nosotros teníamos las universidades controladas por la Iglesia católica. En la Universidad de Salamanca no había cátedra de Matemáticas porque se consideraba que la ciencia era cosa del diablo, un pecado… de ahí tenemos que un intelectual como Unamuno dijera -y repitió varias veces- su famosa frase ‘que inventen ellos’, alabando nuestra pasividad ante la ciencia que promovían los extranjeros”.

-Y parece que la situación no ha mejorado mucho…
“Acabo de escribir un artículo para El País Semanal hablando de esto. En los últimos años hay un movimiento creciente por parte de la comunidad científica para intentar divulgar y unir la ciencia a la vida intelectual y literaria… Esta iniciativa del IAC -que es una de las joyas de la investigación española- por unir ciencia y literatura es un buen ejemplo. En España, como tenemos esa tradición acientífica, se supone que si no sabes quién es Shakespeare eres un analfabeto, pero si no tienes ni idea de las leyes de la Física, no pasa nada”.

-Además, incluso, se estigmatiza a aquellas personas que disfrutan con la ciencia o se inclinan por ella… con ideas de que son raritos.
“Es algo que critico mucho. He estado en mi vida en actos literarios donde escritores y poetas alardeaban de no saber nada de ciencias… Increíble. Pero insisto en que esto está cambiando gracias especialmente a la gente de ciencias. Aun así, la realidad es que España ha tenido siempre un presupuesto destinado a I+D que es, porcentualmente, la mitad del que tienen los países más avanzados y, ahora, con la crisis se ha bajado otro 40%, es tremendo. El cambio viene de la mano de locos maravillosos como los miembros de The Big Van Theory, que hacen cosas maravillosas en su club de la comedia científico; ya hay programas de televisión sobre estas temáticas con un formato popular… todo eso nos da las claves de que esto está cambiando”.

-Cuando se ha acercado a la ciencia, ¿no le parece que el proceso creativo es muy parecido al artístico?
“Totalmente. A mí me gustan mucho las ciencias, aunque desde pequeña escogí letras porque en este sistema educativo te tienes que decantar por unas u otras. He leído mucho de divulgación científica y muchos de mis libros la incluyen, como en Instrucciones para salvar el mundo o en La ridícula idea de no volver a verte -sobre Marie Curie-, y he escrito mucha ciencia ficción. Siempre he dicho que hay más magia en la ciencia que en los cuentos de hadas… Es la magia pura de la vida porque la creatividad de la ciencia es monumental”.

-Esa pasión por la ciencia ha hecho que se mostrara muy entusiasmada cuando recibió la llamada del IAC para venir a visitar sus instalaciones y sus observatorios, ¿verdad?
“Estoy realmente encantada porque me encanta la Astronomía, la Astrofísica… me siento como Sheldon Cooper. En esta semana aprenderé cosas nuevas, ampliaré mi visión y me maravillaré con la enormidad del Universo. Es un placer”.

-Así al menos se desintoxica del ambiente político. ¿Cómo analiza este segundo proceso electoral que estamos viviendo?
“Sin duda, porque mientras en ese mundo político todo se reduce a algo tramposo, miserable, mediocre y mezquino, aquí la gente está mirando el Universo. Me parece una vergüenza que esta gente no haya sido capaz de llegar a una solución de gobierno y haber acatado el mandato de las urnas. Estamos en un país muy dividido y se quería que negociaran, consensuaran y que se creara un Gobierno plenamente democrático aunque fuera inestable. Era lo que quería todo el país y las encuestas reflejaban que se deseaba un Gobierno de PSOE, Ciudadanos y Podemos y que saliera el PP, que ya le tocaba salir…”.

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Rosa Montero en el Museo de la Ciencias y el Cosmos. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

-¿Hubiera sido un Gobierno real de comisiones parlamentarias y de búsqueda de consenso ley a ley?
“Hubiera sido una democracia de trabajo muy interesante. Lo más increíble que ha ocurrido es que los partidos hayan vuelto a poner a los mismos cuatro candidatos que no lograron el acuerdo. Deberían haberlos quitado. Hay otra cosa indignante, con esta irresponsabilidad ha estado parado el Estado. Hay ayudas sociales que no se han podido tramitar por esto y la gente está desesperada… Hay personas que dependen de esto para comer o comprar una bombona de butano”.

-Como mujer, ¿cree que aún es imprescindible seguir siendo feminista en el mundo actual donde se presupone la igualdad?
“Hablando solo de occidente, sigue existiendo el sexismo, aunque ha mejorado mucho. Recordemos que en el siglo XX las mujeres no podían estudiar en las universidades. En Francia las mujeres empezaron a votar solo en el año 1946. Me parece de cajón ser feminista en estos momentos seas hombre o mujer. Es tan obvio ser antisexista como antirracista. Y en otras zonas del mundo cada día hay mujeres lapidadas o quemadas vivas… Es el horror”.

-En España hemos vivido varios intentos legales de llegar a la igualdad, ¿qué opinión le merece la Ley de Igualdad?
“Estoy a favor de la discriminación positiva de la mujer, pero hay otras leyes como la de Violencia de Género que no me parecen que sean buenas porque no han dado una solución y, en muchos casos, puede fomentar que esos monstruos sigan matando porque es la gente más violenta que existe, la que no puede soportar el proceso tan brusco de los cambios sociales. Al ser una ley discriminadora, lo que hace es aumentar la rabia. Además, excluye muchas situaciones de violencia en el ámbito doméstico, como la que se puede dar en parejas del mismo sexo, debería ser el delito por violencia doméstica al que se le pueda añadir un agravante por género, pero no desde un inicio. Además, hay que implementarla con personal en comisarías y jueces… Realmente lo que falta es una educación enorme al respecto”.

-¿Se ha sentido discriminada usted como mujer?
“Tengo 64 años y he vivido en un mundo de un machismo que hoy no se pueden ni imaginar. En una España donde no era legal contratar mujeres, y claro que me he sentido muy discriminada. Por ejemplo, el Premio de la Crítica solo se lo han dado a dos mujeres… porque los mandarines de la cultura siguen siendo hombres. Cuanto más subes, más sexismo te encuentras, ¿cuántas mujeres presidentas de banco hay?”.

-Al final… ¿las mujeres tenemos que convertirnos en luchadoras constantes por la igualdad?
“Se ha avanzado mucho. Si no hubieran cambiado los hombres, no hubiéramos avanzado. No creo que las mujeres seamos unas santas per se, aspiro y reivindico que las mujeres puedan ser tan imbéciles como los hombres”.

-Una de las historias más conmovedoras que ha escrito es el relato donde narra dos pérdidas: la de su pareja y la del marido de Marie Curie en La ridícula idea de no volver a verte. ¿Cómo surgió esa obra?
“Fue casual, me mandaron el pequeño diario de duelo de Marie Curie en el año posterior a la muerte de Pierre Curie, que es un verdadero aullido de dolor. Querían que hiciera un prólogo y cuando lo leí me decidí a escribir este libro porque llevaba dos o tres años pensando en temas relacionados con la vida: cómo aprender a vivir con más serenidad, qué nos afecta para vivir mejor… Tanto para hombres como para mujeres. Para intentar aprender a vivir más plenamente hay que llegar a un acuerdo con la muerte y por eso hablo de la muerte… Me ha gustado mucho lo que he recibido de los lectores. Siempre que escribo una obra me llegan muchas cartas de seguidores, pero esa vez fueron más que nunca y en la mayoría de ellas los lectores me contaban sus duelos… pero no eran historias tristes, eran historias felices donde recordaban cosas bonitas como una tarde de paseo que fue la más feliz de su vida. Fue muy bonito. El libro les dio a todos ellos la posibilidad de contar esas historias que estaban guardadas. Celebrar la belleza que hay en el horror y en el dolor es la misión del arte”.