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Ángel Curbelo: “Nadie me ha regalado nada”

Este güimarero es compositor musical y su vida profesional ha estado llena de éxitos, pero también ha sufrido algunos reveses. Sacar adelante su talento le ha costado más de una lágrima
ÁNGEL CURBELO
ÁNGEL CURBELO
El compositor Ángel Curbelo. / ELENA DÍAZ

POR FLORENTIN DIAZ

Para muchos es un gran desconocido. Ángel Curbelo nació en Güímar el 2 de octubre de 1966. Desde muy joven mostraba interés por el arte y en especial hacia la música.

Sus primeros pasos musicales fueron de forma autodidacta hasta que, “aconsejado por un amigo decidí estudiar solfeo en la Banda de Música de Güímar”. Luego siguió estudiando en el Conservatorio Superior de Música de Santa Cruz de Tenerife. En el año 1990 recibió una oferta de trabajo en la isla de El Hierro como profesor de solfeo, en el municipio de Frontera. “A consecuencia de la muerte del director de la Banda Insular, Miguel Enguídanos, me quedé dirigiéndola”. En ese tiempo tenía que encargarse de casi todo: “Dar clases de solfeo, de instrumentos y dirigir la banda”. Un grave acontecimiento, el fallecimiento de su padre, le obligó a retornar a Tenerife con un enorme pesar: “Los alumnos me querían muchísimo; me costó despedirme de ellos”.

Tras el duro pesar, Ángel Curbelo tenía dos posibilidades: “Quedarme y seguir mis estudios o abandonar de nuevo la Isla”. Decidió quedarse para no dejar a su madre sola. Su habitación se convirtió en su sala de estudio donde compuso un centenar de obras que siguen manuscritas la mayoría de ellas. Angel Curbelo comenta que “todos se quejan de su grafía, y que los ordenadores suponen un gran adelanto, pero escribir las partituras con puño y letra es emocionante”. De sus manos brotan los sonidos como arte de magia.

Pasado el tiempo y ya estable, se marchó al centro de Europa, donde se sintió como pez en el agua. Le encantaba recorrer las calles de Budapest, Praga, Graz y Viena, donde oía lo que amaba en profundidad. En Graz, dirigió, con la Agrupación Musical Orotava, la obra titulada Garoé, que está dedicada a la isla de El Hierro. “Aún no he podido escuchar esta obra con la letra donde soy el autor, solamente la música interpretada por las bandas en alguna ocasión, como la Filarmónica de Los Realejos”.

Dedicarse a componer y que las obras que escribes sean reconocidas “es un trabajo muy duro”. No paraba de recorrer mundo. Decidió emprender de nuevo el vuelo y se fue aún más lejos: “Casi en secreto me fui a Estados Unidos y, con enorme sacrificio económico, recorrí nuevos mundos sin mirar atrás”. Convalidó sus estudios y formación en dicho país y mientras tanto, para sobrevivir, tuvo que simultanear varios trabajos esporádicos. Tras su larga trayectoria, no reconocida por muchos de sus colegas, Ángel es miembro de la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE), miembro de ASCAM (Asociación Canaria de la Música) y miembro de la Asociación de Compositores y Musicólogos de Tenerife.

Son muchas sus obras. Cabe destacar el encargo de la Fundación Canaria Universitaria de Las Palmas de Gran Canaria, quien le encomendó una obra de cámara titula Glupfuc. El empeño en sacar a la luz su talento era enorme y en el año 2008 “decido componer un himno a la noble ciudad de Güímar para los coros de los Amigos de Arte, Miguel Castillo y la Banda de Música de Güímar”.

En el año 2012 falleció su madre, otro duro golpe que “me hizo sufrir todavía más”. Al año siguiente, el actual párroco de la Iglesia de San Pedro, Pedro Pérez, le encargó una obra para la Bajada de la Virgen de El Socorro a Chinguaro. Para componerla “fui caminando a Chinguaro mientras esbozaba unas sutiles melodías basadas en el Tajaraste”. Tras meses de lucha y sufrimiento logró el estreno la obra titulada Chinguaro con la Banda de Música de Güímar: “Muchos me dieron la espalda para evitar el estreno”.

Sus obras son imprecisas: “La música es el único arte abstracto y hay que dar vida a los sonidos que nadie puede palpar”.

En la actualidad sigue componiendo obras de cámara y recalca que “la libertad para componer es fundamental”. Y lo dice porque “grandes compositores fueron vetados e incluso desterrados por no seguir la corriente de los siglos anteriores”. Ángel Curbelo comenta “que la división bueno-malo es mejor llamarla sensible-insensible. Ambas son inseparables y tenemos que convivir con ellas”, asegura.

Reconocimiento

Al preguntarle por los atropellos profesionales que ha tenido a la hora de componer dice que “Dios ve todo” y añade que tiene “la conciencia tranquila” al hablar con todos sin distinción, para poder hacer realidad sus humildes sueños musicales, “que son breves en tiempo y espacio”.

Entre sus premios está el galardón Miguel Castillo de Composición del año 2005 con la obra Cuadros de Goymad: “Obra con tintes contemporáneos que dirigí con la Banda de Música de Güímar y que refleja los bellos parajes de la ciudad como el Pico Cho Marcial”. Muchas de sus obras han sido divulgadas por el mundo y algunas de ellas se encuentran en el conservatorio Peter Ilitch Tchaikovsky de Moscú, en la biblioteca de música contemporánea de la ciudad. A Ángel Curbelo le debe mucho a su pueblo de Güímar, pero los poderes locales no le han reconocido su trabajo.

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