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Martínez: “Habrá un antes y un después para agricultores y hoteleros con las nuevas desaladoras del Sur”

Manuel Martínez, consejero de Aguas del Cabildo de Tenerife, repasa la situación de la comarca sur, sus carencias y sus nuevos proyectos para los próximos años
Manuel Martínez, consejero de Aguas del Cabildo de Tenerife
Manuel Martínez, consejero de Aguas del Cabildo de Tenerife
Manuel Martínez, consejero de Aguas del Cabildo de Tenerife. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

Aparejador e ingeniero de edificación, de 42 años, tiene una trayectoria en política relativamente corta, ya que se estrenó como concejal en El Rosario en 2011, cargo que ocupó hasta las últimas elecciones municipales. Desde 2015 forma parte de la Corporación insular como consejero con delegación especial de Aguas. En esta entrevista Manuel Martínez repasa la situación de la comarca sur, sus carencias y sus nuevos proyectos para los próximos años.

-¿Cuáles son las acciones prioritarias en materia hidrológica para el sur de la Isla?

“Dotar de infraestructuras de saneamiento a toda la comarca. En el Valle de Guímar se construirá una depuradora que es muy necesaria. Las aguas que hasta ahora se vertían al mar después de un tratamiento primario se llevarán a la nueva estación y el único emisario submarino será el del polígono industrial, con lo cual se mejorará la calidad de agua de baño en toda esa zona costera”.

-Si aplicamos la máxima de ‘a más depuradoras menos emisarios’, a corto y medio plazo se producirá un cambio importante no sólo en el Valle de Güímar sino en toda la comarca sur con la construcción de nuevas estaciones, ¿no?

“Sí, hay que decir que los emisarios son competencia municipal pero tiene que haber un programa de vigilancia y control. A veces se producen roturas a determinadas profundidades que no se ven y la Administración llega tarde. En Los Roques de Fasnia está en marcha una actuación para construir una pequeña depuradora y después hay tres proyectos más, que han sido declarados de Interés General por parte del Estado en Guía de Isora, Granadilla y San Miguel-Arona. Están en fase de redacción por parte de una empresa nacional contratada por el Ministerio de Medio Ambiente y se prevé que el próximo año estén listos los estudios de impacto medioambiental para proceder a su licitación. Son inversiones importantes, en torno a 18 millones cada depuradora”.

-¿La depuración de aguas es el problema más grave del Sur en esta materia?

“Sin duda. La gente se baña en el mar porque para eso vivimos en islas y hay que darle unas garantías de que esas aguas que se vierten al océano están en perfectas condiciones para que el turismo esté tranquilo. Un vertido puede ocasionar una crisis del sector turístico muy seria que no se resuelve en un día”.

-Estamos en la cuenta atrás de dos grandes proyectos como son las desaladoras de Granadilla y Fonsalía (Guía de Isora). ¿Qué falta para que empiecen a funcionar?

“En septiembre se prevé la entrega por parte del Gobierno de Canarias al Consejo Insular de Aguas de la estación de Granadilla. Se realizarán pruebas durante seis meses para comprobar que funciona correctamente y empezaremos produciendo poca cantidad de agua. Lo que sí podemos garantizar es que en 2017 daremos el agua que quieran comprar los ayuntamientos. En el caso de Fonsalía va algo más retrasada, en noviembre nos la entregará el Gobierno”.

-¿Cómo repercutirá en ayuntamientos y consumidores? ¿Qué consecuencias producirá?

“El mercado del agua se suele abrir en verano en el Sur. Se compra agua por años completos y la consumas o no se cobra igual y si necesitas más te la cobran a otro precio. ¿Qué ocurrirá ahora con la desalación? Pues que habrá más flexibilidad y un margen para adaptarse a las demandas de los ayuntamientos. Por ejemplo, si hay un repunte del turismo, como ocurre ahora, se ponen en marcha más módulos y se produce más. En precio puede ser un poco más cara pero tiene la ventaja de que será un producto de calidad”.

-¿Y eso permitirá que se libere más agua en zonas de medianías?

“Efectivamente. Toda la zona de medianías del Sur se queja de que no hay agua para la agricultura o que los precios son muy elevados. Entendemos, y eso lo dirá el mercado, que una vez se pongan en funcionamiento las desaladoras se libere bastante agua en la zona de medianías”.

-¿Y repercutirá en el precio?

“En teoría sí, pero como es un mercado libre y privado no sabemos hasta donde llegará”.

-El problema de Vilaflor, que sufre estos días restricciones de agua, sin ser la primera vez que lo padecen sus habitantes, ¿qué explicación tiene?

“Suele ocurrir en las zonas de medianías y en núcleos rurales y normalmente en verano porque hay más gente de vacaciones o porque quienes tienen una huertita detrás de tu casa riegan las papas en agosto porque hace calor. Esa cosecha de autoconsumo tira mucho de la red de abastecimiento”.

-¿Y qué peso tiene en este problema las pérdidas de agua en los municipios?

“Lo tiene. Ahí queremos ayudar a los ayuntamientos poniendo personal técnico. Sinceramente creo que no hay técnicos cualificados dentro de la Administración para hacer un seguimiento diario. El aparejador de un municipio pequeño lleva el servicio de agua, la luz, la basura, da licencias de obras, hace de todo…

-¿Pero por qué se pierde el agua? ¿Dónde está el fallo técnico?

“El agua llega del canal al depósito y del depósito a la red. Hay viviendas, colegios, polideportivos que en muchos casos no tienen contador porque el agua es del mismo ayuntamiento y no existe un control sobre el consumo. Queremos poner contadores de entrada para saber cuántos metros cúbicos entran y cuántos se cobran. Mientras entre el agua en el sistema y llegue a las casas nadie parece percatarse del consumo”.

-Los agricultores se quejan de que el agua para riego es muy cara. ¿No se puede hacer nada?

“A corto plazo va a haber un antes y un después en el sector agrícola cuando entren en el mercado las desaladoras. Habrá más calidad y tendrá un impacto favorable. El sector turístico también tendrá su antes y después porque muchos hoteles tienen sus propias desaladoras y paulatinamente (porque son concesiones administrativas) irán prescindiendo de ellas y a los nuevos establecimientos ya no se les va a autorizar que construyan su desaladora sino que se acometan a la red municipal porque ahora sí podremos garantizar el 100% del suministro. Espero, en cualquier caso, que el sector más beneficiado sea el agrícola”.

-¿Qué impacto tendrán las desaladoras en el sector privado del agua?

“Creo que habrá tiempo para que el mercado se vaya adaptando a la nueva situación. No se va a entrar de golpe con el agua desalada, hay que ir desarrollando todas estas infraestructuras, incluyendo conducciones. Así iremos poco a poco metiendo agua al sistema y se le dará tiempo al mercado para hacer una transición suave”.

-¿Existe algún cálculo aproximado de cuánta agua se consume en la Isla?

“Los cálculos que tenemos indican que 200 litros de media por habitante cada día, cantidad que desciende a 150 los días óptimos. Si tú miras el recibo, el consumo medio oscila entre los 20 y los 40 metros cúbicos en una familia de cuatro miembros. En mi opinión habría que primar económicamente el menor consumo de agua. Quien consuma más debe pagar más”.

-¿Podría haber alguna gran bolsa de agua por descubrir en la Isla?

“No. Todos los estudios técnicos indican que hay un único acuífero en la Isla, y pinches en un sitio u otro es el mismo, aunque dependiendo del lugar puede afectar más o menos al acuífero. Tenemos dos sondeos de muestra en Las Cañadas y en Los Rodeos y vamos midiendo pero no sabemos cuánta agua hay, aunque sí sabemos que está disminuyendo el acuífero. Por eso es importante la instalación de desaladoras, porque así evitamos seguir tirando siempre del mismo acuífero”.

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