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La alimentación, la gran olvidada del deportista

Tabús y falsos mitos perjudican la práctica del deporte y, lo que es más importante, pueden llegar a poner en peligro la vida del practicante

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Gastar cifras astronómicas en equipamiento, pero no en un chequeo médico o en un plan personalizado de alimentación. Si los deportistas aficionados, o incluso federados, son reticentes en muchas ocasiones a acudir a un médico que les de luz verde para poder desarrollar una actividad física, lo son más aún al reparar en la alimentación, tomando como reales tópicos incorrectos que, además de ver frenado su rendimiento, pueden llegar a poner su vida en peligro. Apoyarse en consejos de compañeros o artículos en Internet sin fundamento propician situaciones evitable con la visita a un especialista.

El miedo a engordar
Ruth Abreu y Laura Serrano son propietarias de Nutritime, empresa de nutrición determinada a acabar con determinados clichés que perjudican al deportista, muchas veces influenciado por esas determinadas y peligrosas, creencias.
“Conozco casos de deportistas que han ido directos al hospital después de una prueba por no hidratarse bien por algo tan serio como llegar a paralizársele los riñones”, advierte Serrano, haciendo especial hincapié en que en muchas ocasiones el practicante de alguna modalidad deportiva da “mucha importancia” a las sesiones de entrenamiento y “muy poco” a su alimentación.

Suele ocurrir que ese deportista se da cuenta de su mala alimentación al tener unos resultados peores de los esperados o cuando quieren mejorar los que ya tienen. Es lo que le sucedió a Esther Hernández, triatleta del Club Ocean Triatlon.

“Es cierto que no partía desde cero, porque me gusta mucho el tema nutricional, pero de manera muy básica”, admite Hernández, que da una de las claves de las reticencias de los deportistas a seguir una dieta: el miedo a engordar.

“Es algo que pasa, y que ocurre más incluso en categoría femenina, donde se tiene ese mayor temor a engordar por comer más, porque la dieta base que me diseñaron a mí era comer casi el doble de lo que lo hacía anteriormente”, recuerda la tinerfeña, que reconoce que poder perder peso en dos semanas, lo que le ocurrió a ella, tiene en el deportista buenos resultados a “nivel físico”, pero “también psicológico”.

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Esther Hernández participa en las Series Canarias de Triatlón, o lo que es lo mismo, desde junio a agosto compite cada fin de semana en una prueba, lo que le obliga a estar “al 120%” algo para lo que considera “fundamental” una buena hidratación. Otro de los errores de los deportistas. “Muchas veces hacemos lo que leemos en un artículo o lo que nos dice un compañero, porque aquí la mayoría somos amateurs, así que nos guiamos por eso”.

Esther es un buen ejemplo porque sus resultados así lo demuestran. En el pasado Triatlón de El Médano, de modalidad olímpica, rebajó su marca de un año a otro en casi 10 minutos, una diferencia muy importante, pero uno de los factores para no poder cumplir esas metas es algo que parece tan sencillo como una correcta hidratación.

“Va más allá de poder competir, es una cuestión de algo tan importante como la salud”, reconoce Serrano, que recalca que “a la hora de competir” se deben saber las necesidades personales de cada practicante.

Suplementos
El consumo de todo tipo de suplementos se ha disparado en los últimos tiempos. Proteínas, creatina o aminoácidos forman parte de la dieta habitual de muchos deportistas, que los consumen sin conocer en muchas ocasiones los importantes peligros reales que pueden acarrear.

Ruth Abreu recuerda el caso de un deportista dispuesto a llevar a cabo la FudeNas (una prueba cívico-militar) y que tomó el consejo equivocado: “El representante de una firma de batidos le dijo que tomara uno de proteínas justo antes de llevarla a cabo. Le hizo caso porque consideró que era un experto por venderlo, pero para nada era así”.

Abreu y su compañera optan por conseguir las sustancias directamente de los alimentos, sin indicar el consumo de ningún tipo de suplemento, pero, curiosamente, en su consulta, encuentran en muchas ocasiones que el practicante de diferentes modalidades deportivas no “tiene miedo” de tomarlas sin conocer exactamente cuáles pueden ser sus inconvenientes: “Muchas veces no existe ningún miedo a tomar magnesia, calcio o creatina o recuperadores porque lo primero que le dice un compañero que le ha ido bien, por ejemplo para los calambres, es lo que ellos toman, pero no se le presta la misma atención a saber que con una alimentación correcta conseguirían el mismo resultado”.

terror a los hidratos
En el imaginario colectivo deportivo existe la misma disposición a consumir proteínas como a huir de los hidratos de carbono. Son conocidas las dietas hipercalóricas o aquellas en las que, a partir de cierta hora, se prohíbe consumir hidratos de carbono, nuevamente por miedo a engordar. Esa privación de hidratos puede ser, según Laura Serrano, otro de los mayores errores: “El desconocimiento total y absoluto lleva al desequilibrio en las proporciones de los nutrientes. No hay una lógica detrás del reparto que se hacen de esos nutrientes porque creen que solo deben comer proteínas y que eso es lo más importante”.

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Serrano reconoce que la principal reticencia que se encuentra en su consulta es a la ingesta de hidratos de carbono, porque “ahora mismo” existe una “auténtica demonización” de ellos sin ninguna base detrás: “Cuando dices que deben de comerlos en todas las comidas o, por lo menos, que debe ser una parte importante en su alimentación, lo primero con lo que te encuentras es con una resistencia inicial”.

Dentro de ese aspecto está la idea de no ingerir hidratos después de determinada hora porque los mismos no podrán quemarse, algo que es “absolutamente falso” ya que el cuerpo humano “no está diseñado de tal manera que cuando llegue una hora pueda ser reseteado” y la prueba es que “no existe” ningún estudio que corrobore esa idea “aunque no vayas a hacer ejercicio físico”. “Algún estudio dice que puede ser eficaz una disminución del consumo de hidratos de carbono en las últimas horas de la tarde y noche con personas con una obesidad de grado importante”.

Ambas apuestan por no usar “dietas milagro” ni “productos milagro” pero sí por un estudio personalizado en lo que lo importante sea “aprender a comer”.

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