cultura

Arte y manos en la Feria Tricontinental de Artesanía

Trabajo y sacrificio definen la labor de un centenar de artesanos que muestran sus obras en la IV Feria Tricontinental, en el Recinto Ferial
Fanny Tapia, artesana de Cuenca, Ecuador. / Fran Pallero
Fanny Tapia, artesana de Cuenca, Ecuador. / Fran Pallero

Fanny Tapia está vestida con el traje típico de Ecuador en su puesto de la Feria Tricontinental de Artesanía, que se mantendrá en el Recinto Ferial de la capital tinerfeña hasta el 6 de noviembre. Mientras los curiosos se van probando los sombreros que llenan su local, ella está sentada en una esquina tejiendo la paja toquilla. Aprendió la técnica de su madre cuando solo tenía siete años, y a su vez, ella enseñó a sus hijas. Ahora tejer sombreros es el sustento de toda la familia. Hasta la hija que va a la universidad, cuando vuelve a casa, confecciona sombreros. Ya han pasado varios años desde que Tapia emprendió su pequeña revolución: transmitió sus conocimientos a otras seis mujeres, madres que no tenían cómo mantener a los hijos después de que los maridos partieran a Estados Unidos en busca de un mejor porvenir. Esas seis mujeres enseñaron a otras seis. Y esas seis a otras seis. Ahora son 130 mujeres las que componen una gran cooperativa que teje sombreros de paja toquilla para vender en Italia. Más de 1.400 sombreros se embarcan cada mes desde América a Europa. Es su reconquista. “Todas somos madres solteras que, gracias a los conocimientos que heredé de mi familia, tenemos dinero para dar de comer y cuidar a nuestros hijos”. La artesanía teje oportunidades y nuevas esperanzas. Es la primera vez que Tapia viene a Tenerife. “La gente es muy amable aquí, espero volver”.

Pachacutec Huamán, artesano de Cusco, Perú. / F. P.
Pachacutec Huamán, artesano de Cusco, Perú. / F. P.

El puesto del peruano Pachacutec Huamán llama mucho la atención. Del techo cuelgan angelitos de hojalata y se exponen otras esculturas de belenes, caballos, palomas, guerreros. Cada una guarda miles de detalles. Su trabajo es minucioso, producto también de la herencia familiar: su bisabuelo era herrero y armero; su abuelo, herrero e industrial; su padre, herrero y artista; él, también artista y herrero, ahora suma a la historia de su familia el título de hojalatero, el único de Cusco. Estudió pintura en la universidad. “Poco a poco dejé el pincel por el cincel”, apunta. Las técnicas de la herrería las aprendió sin querer. Relata que un día su padre llevó al taller una pieza de hojalata. “Era como una hoja, se moldeaba muy bien y se podía recortar con facilidad”. Sus primeros trabajos eran de reciclaje, con latas de refrescos. Mientras practicaba nuevas técnicas, también estudiaba la historia del hojalatero en Perú. “En otras épocas esta era la plata de los pobres, los artesanos eran muy valorados porque sus piezas se convertían en las mejores ofrendas religiosas”. A medida que el plástico fue ganando terreno, se fueron perdiendo hojalateros. Huamán asume la figura de rescatador, imponiendo su estilo de tradición colonial del Cusco en cada pieza. “Yo le enseño mi profesión a mi hijo, que toma el cincel para arreglar sus juguetes”. La artesanía también rescata tradiciones y crea identidad. Es su primera vez en Tenerife: “¡Qué buen tiempo hace en esta Isla!”.

Fatau Seck, artesana de Senegal. / F. P.
Fatau Seck,
artesana de Senegal. / F. P.

Fatau Seck viene de Senegal. Siempre sonríe, aunque no entiende todo lo que decimos. Sabe un poco de español, lo justo para contar su historia. Su puesto está lleno de colores, de bisutería y complementos hechos de tela. Aprendió la técnica de sus padres, que tienen una tienda artesana en su país. “Mis padres me enseñaron todo lo que sabían. Yo hago bufandas, collares, bolsos, abanicos, todo ello con tela”. La aguja es su herramienta de trabajo. También expone en su puesto sus cuadros con motivos africanos. Desborda belleza, juventud y alegría. Y es que la artesanía es también el mejor complemento para decorar la vida.

Juan Mauricio Martínez, artesano de Michoacán, México. / F. P.
Juan Mauricio Martínez, artesano de Michoacán, México. / F. P.

Juan Mauricio Martínez llega de Michoacán, México, a Tenerife para mostrar sus obras hechas con cerámica. Empezó a trabajar este material a los 10 años, cuando ayudaba a su padre en el taller. Ahora suma 33 de experiencia. Su familia siempre estuvo ligada a la artesanía. “Mi abuelo hacía piezas más sencillas, con el tiempo comenzamos a trabajar con más detalle. Ahora hacemos piezas más artísticas, en una podemos estar trabajando hasta 15 días o un mes”. Habla en plural porque toda su familia trabaja en el mismo taller. Tanto esfuerzo ha hecho que hoy sea uno de los ceramistas más importantes de México. “Un día, sin esperarlo, me propusieron diseñar la llave del país como regalo al papa para su visita que tuvo lugar este año. Fue un auténtico privilegio”. Moldeó una llave muy diferente, única, con decoraciones muy finas y con un diseño de mosaico. Sonríe orgulloso cuando recuerda aquel encargo. La artesanía hace llaves que abren las puertas al acervo de una familia, de un pueblo y de una nación. También es la primera vez de Martínez en Tenerife. “Este lugar es espectacular”, dice asombrado.

Carmen Delgado, artesana tinerfeña. / F. P.
Carmen Delgado,
artesana tinerfeña. / F. P.

Carmen Delgado es de Santa Bárbara, un barrio de Icod de los Vinos. Su puesto en la feria está lleno de cestas de mimbre y caña. Como los otros, también aprendió el arte de sus padres cuando era pequeña. “Antes no se podía vivir sin cestas de mimbre, eran las bolsas de la época”. Desde el norte de Tenerife, la familia de Carmen llevaba las cestas a todos los mercados para cambiarlas por comida. Hoy solo ella sabe cómo hacer ciertos tejidos. “Mis hijos y nietos no cogen esto, y con razón. Es un trabajo muy laborioso, muy duro y del que no se puede vivir”, asegura. El sacrificio se lee en sus manos y en las de los otros 170 artesanos que desde ayer exponen en el Recinto Ferial de Santa Cruz.

La artesanía es el mimbre, la hojalata, las telas, la paja toquilla, el barro y la cerámica. Es también las manos callosas de Carmen Delgado, los ojos del peruano Pachacutec Huamán, la sonrisa de Fatou Seck, la revolución de Fanny Tapia y el orgullo de Juan Mauricio Martínez. La artesanía es cada una de las historias que moldean la materia y la técnica que se aprende de otras manos.

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