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Fichas para la historia

Con motivo de las entrevistas publicadas en la nueva sección Mis queridos enemigos (lunes, en este periódico) he comenzado a reunir las pequeñas fichas en las que anoto lo que me cuentan los entrevistados.

Con motivo de las entrevistas publicadas en la nueva sección Mis queridos enemigos (lunes, en este periódico) he comenzado a reunir las pequeñas fichas en las que anoto lo que me cuentan los entrevistados. Quiero que esos manuscritos también se guarden en mi archivo, para la historia, y esta es una novedad, al menos para mí. Los periodistas norteamericanos, por lo general, no graban las entrevistas, sino que toman notas de lo que dicen sus interlocutores y guardan esos apuntes un tiempo. Yo aprendí mucho con la serie de Lou Grant, que desgraciadamente no ha tenido continuidad aquí en España y no sé si la venden por ahí en DVD, pero me gustaría tenerla. Y en alguna que otra película sobre periodistas he visto cómo el redactor-jefe solicitaba a sus muchachos las notas tomadas en la entrevista, como prueba de certeza de lo publicado. Es curioso cómo en estos pequeños cuadrados de papel aparece reflejado fielmente lo que te ha dicho tu entrevistado. Y es para el periodista mucho más cómodo a la hora de transcribirlo que una grabación, a la que hay que estar dando para atrás y para adelante para recoger lo más fielmente posible las palabras del otro. La entrevista es un género difícil y la técnica es la misma que la de una novela.

Tienes que enganchar al lector desde el principio y hay un truco que no falla: las respuestas tienen que ser breves y aunque te coloquen un rollo debes ofrecerlas al lector partidas en trocitos. No es el caso de mi próximo entrevistado, que domina la técnica de la respuesta y es listo como una tea. No se lo pierdan el lunes; bueno, si es posible, ningún lunes. Esto de la entrevista no es fácil. Aquí hubo un maestro de ella, indiscutible, don Luis Álvarez Cruz. Él me enseñó, leyéndolo.

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