
El fundador de NC evoca los orígenes de CC, un proyecto “integrado” que ahora ve en decadencia, “reducido a ATI y sus satélites, con una ideología conservadora e insularista”
Román Rodríguez no se siente “frustrado” por estar en la oposición, después de haber sido presidente del Gobierno de Canarias entre 1999 y 2003. El fundador de NC (en 2005) se considera más un ahorrador que un especulador. Vivió el auge y la caída de un proyecto “integrador” que ahora ve “en decadencia”, y que, a su entender, se “mantiene hasta que dejen el poder institucional”. Frente a eso, Nueva Canarias abona el campo del “nacionalismo progresista” del Archipiélago. “Estamos dispuestos a juntar fuerzas en función de la política”, resalta Rodríguez. “La clave es el modelo que queremos: con un mayor esfuerzo fiscal; un desarrollo sostenible, escrupulosamente respetuoso con el medio ambiente; una atención especial a los servicios públicos y a las políticas sociales; un riguroso equilibrio territorial y un sistema electoral más democrático”. Desde la perspectiva de Rodríguez, Coalición Canaria representa la antítesis. “Aquello ha quedado reducido a ATI y sus satélites, con una ideología conservadora, una visión insularista y cortoplacista y con malos estilos”. El portavoz parlamentario del grupo de NC confiesa que desconoce “lo que va a pasar”. Tiene la impresión de que mientras no pierdan los sillones no ha habrá mudanza. Entonces, recogerá los enseres y los transportará a una nueva dirección. Incluidos los restos de una eventual voladura del PSOE, improbable a fecha de hoy. Entretanto, él sigue a lo suyo. Agazapado.
“La situación de la economía, la debilidad de Canarias, la subordinación absoluta de los intereses de Canarias a las políticas estatales [nacionales] motivó que, en un momento determinado, grupos políticos distintos, de cultura diferente y de ideologías diversas dibujaran espacios de encuentro para buscar una posición de fuerza frente a los poderes del Estado y de la Unión Europea”. Se trataba, evoca Rodríguez, de “un frente amplio en torno a un conjunto de reclamaciones en relación a nuestro estatus de incorporación a la Unión Europea, al REF, a la financiación al derecho no reconocido a que las infraestructuras de interés general se pagara con los presupuestos generales del Estado”.
Esa acumulación de factores facilitó la confluencia de, esencialmente, tres familias políticas: “Los insularistas de las AIC, de perfil conservador, porque provenían de la UCD y del régimen anterior; la gente vinculada al centrismo de Adolfo Suárez, como Lorenzo Olarte, Fernando Fernández inicialmente y Julio Bonis, y la llamada izquierda canaria tradicional, donde había perfiles muy nacionalistas y otros menos, como la agente procedente del comunismo [ICAN] y el movimiento autogestionario”. Con identidad propia, Asamblea Majorera se encontraba en las inmediaciones de Iniciativa Canaria. Dejando de lado el matiz secesionista, anticiparon la fórmula que actualmente se aplica en Cataluña: de la rancia burguesía de CiU a los antisistema de las CUP. La finalidad en las Islas era otra, evidentemente.
Funcionó “razonablemente bien” hasta que las discrepancias entre los sectores de Paulino Rivero y Román Rodríguez derivaron en una crispación “insoportable”. El amor nunca se rompe de usarlo, sino por confundir la estética con la ética de la convivencia.




