mis queridos enemigos

José Alberto Díaz: “Pretendo que los ciudadanos perciban un reparto equitativo de la esperanza”

Entro como un poseso por esa Alcaldía lagunera preguntando por Javier Abreu, el concejal díscolo que analizaba conmigo la actualidad en la vieja Radio Burgado, y de pronto se oye la voz del alcalde: “Estará tomando café”
José Alberto Díaz Domínguez entrevista Andrés Chaves
José Alberto Díaz Domínguez entrevista Andrés Chaves
José Alberto Díaz Domínguez, alcalde de La Laguna. / FRAN PALLERO

Entro como un poseso por esa Alcaldía lagunera preguntando por Javier Abreu, el concejal díscolo que analizaba conmigo la actualidad en la vieja Radio Burgado, y de pronto se oye la voz del alcalde: “Estará tomando café”.

Coño, me dije, el alcalde este es un cachondo. Y mira que lo he puesto verde. Y mira que no me ha dirigido ni un reproche. Y mira que tiene capacidad de aguante. Y mira que en la corta distancia gana este hombre, que gobierna el municipio más polarizado políticamente del mundo (7 ediles de CC, 6 de un sucedáneo de Podemos, 3 del PSOE, 2 del otro PSOE, 4 del PP (aunque una se lleva fatal con Alarcó), 3 del enésimo partido de Santiago Pérez, llamado Por Tenerife, o no sé si será Nueva Canarias, y 2 de Ciudadanos). Gobierna con una parte de los socialistas, la otra se le reviró. Total: 10 de 27.

José Alberto Díaz Domínguez, el alcalde nacionalista de La Laguna, tiene 52 años, ejerció cuatro como concejal de Seguridad, arregló la Policía Local y otras cosas y gana 77.461 euros al año. Mucho menos de lo que obtenía en su despacho de abogado. Luego les cuento una historia bonita suya, de cuando era concejal.

-Eso es amor, ¿no? Digo lo de acceder a la política para ganar menos.

“Hay algún funcionario en el Ayuntamiento con sueldo más elevado. Pero para mí es un orgullo ser alcalde de La Laguna”.

-¿Echa de menos su profesión?

“Echo de menos tener más tiempo para hablar con la gente y por eso le pido disculpas a esa gente, a la gente de mi pueblo”.

-Su pueblo es Santa Cruz.

“No, mi pueblo es La Laguna, a pesar de haber nacido en Santa Cruz”.

-Es usted un nacionalista viejo, ¿o no?

“Estuve en la UPC y he pasado por toda la evolución del nacionalismo. He ensobrado sobres para CC y he llevado cajas de dulces a la sede electoral. Nunca pensé en meterme en esto, pero ya ve”.

-Y tiene un hijo llamado Bentor.

“Le puso el nombre María Rosa Alonso; ella decía que era el único nombre guanche que consta en las Datas. Sí, Bentor tiene 13 años y los mellizos, 21”.

-¿Y lo echan de menos en casa?

“No, porque ahora duermo en ella todas las noches. Antes, cuando ejercía de abogado, estaba mucho tiempo de viaje. Tengo casi 350.000 puntos en la tarjeta Iberia Plus Oro”.

-¿Le concedemos la desconexión a Tejina?

“No, Tejina es un barrio maravilloso, que está muy bien en La Laguna, y yo me considero ciudadano de Bajamar”.

-¿Cómo aguanta usted en esa jaula de grillos?

“Porque, por mi profesión, estoy acostumbrado al diálogo y al consenso; me especialicé en negociación colectiva”.

-Lo imagino a usted muy cercano, oiga.

“Y lo soy. Mi verdadera obsesión es que los ciudadanos perciban un reparto equitativo de la esperanza”.

-¿Caerá La Laguna, dependiendo del Puerto y Arico?

“No tiene por qué; además…”.

-Ya sé lo que me va a decir…

(Silencio. Sonrisa. Hay algunos gestos que son elocuentes. ¿Lo habrán hablado ya en el G-4? Pero estas cosas son secretas, no me las van a contar a mí, pobre periodista de provincias).

-Parece usted un confesor, por lo que oigo por ahí.

“Puede, porque me he pasado la vida solucionando problemas. Hay veces, en mi profesión, que tienes que apartar un poco los principios, sin que renuncies a ellos, y aquí, en la Alcaldía, me esfuerzo por tener una buena visión de lo público”.

-¿Se lleva mal con Abreu (jefe parcial del PSOE dividido), entonces?

“No se puede estar al mismo tiempo en el gobierno municipal y en la oposición. Eso es incompatible”.

-¿Lo traicionó?

“No, yo no lo llamaría traición; él siguió el camino que eligió. Y yo respeto a todo el mundo, incluso a los que toman decisiones equivocadas”.

(Y aquí va el ramalazo humano. Una señora de 90 años estudiaba Historia -ya acabó la carrera- en la Universidad a Distancia, situada en una calle peatonal lagunera. Y solicitó que el coche de sus hijos pudiera dejarla en la puerta del centro, para los exámenes. Los funcionarios opinaban que crearía un mal precedente y recomendaron que se negara el permiso. Y el entonces concejal de Seguridad ordenó que el coche de la señora fuera escoltado hasta la misma puerta del centro, cada vez que se le convocara un examen, por dos motoristas de la Policía Local. Un aplauso, sí señor. Hoy este hombre es alcalde de la ciudad).

-La Laguna es un pedazo de urbe.

“La número 42 de más de 8.000 municipios españoles, con 154.000 habitantes. Somos la capital sentimental de Canarias”.

-La oposición no hace sino pedirle a usted papeles. ¿Por qué?

“Tiene esa manía. Cualquier día nos pide la partida de nacimiento del Adelantado”.

-Los plenos son una balsa de aceite, ¿cómo lo consigue?

“Se aprueba el 90-95% de las mociones por unanimidad”.

-Por una unanimidad, como decía Juanito Cabeza.

“Nuestra consideración de gran ciudad hace que en las comisiones se saquen adelante muchos temas que no van a pleno”.

-El presupuesto, sí.

“Espero que sea aprobado en noviembre o a principios de diciembre: serán esta vez 154 millones de euros”.

-¿Y la deuda?

“Está en 70 millones. La auditoría de este año es muy buena. Hemos cumplido. De 1.000 euros que se ingresan sólo gastamos 90 en amortización e intereses”.

-¿Y el Plan General?

“Yo espero que pueda ser aprobado a mitad del año que viene”.

-Se le ve contento.

“Mire, tenemos 46 centros ciudadanos, 105 instalaciones deportivas, dialogamos mucho con los vecinos y me preocupa soberanamente el asunto de la vivienda. Todo el mundo tiene derecho a una y a ello dedico una gran parte de mis esfuerzos. Es otra obsesión”.

-Pero la oposición lo machaca, ¿no cree?

“Sí, parece que su único proyecto es enturbiar un recorrido de éxito, pero no para mí, sino para el futuro de los laguneros. Y esto no lo podemos tolerar, al menos yo como alcalde”.

-Ha reducido usted el estipendio de los concejales.

“Pagábamos un millón cien mil euros y, ahora, quinientos mil, al año. Pero es que antes había 18 liberados y hoy sólo tenemos 10”.

-¿Tienen remedio CC y sus reinos de taifas?

“Creo que sí. Seguimos ilusionando a la gente, pero hay que trabajarse mucho el futuro del partido, sobre todo desde la perspectiva de cada isla”.

-¿Fernando Clavijo?

“Yo anuncié, con muchos años de antelación, que iba a ser presidente. Y está siendo un gran dirigente”.

-¿Por qué su partido lo presentó a pelo, como quien dice, sin darle antes un baño de multitudes? Era usted un desconocido.

“No lo sé; yo no venía de ATI, sino del nacionalismo de izquierdas. Pero ahora es verdad que noto un apoyo diferente, todo va cambiando”.

-Pues le deseo mucha suerte.

“Muchas gracias”.

Los pasillos huelen a Ana Oramas y a Fernando Clavijo; la tea del suelo está impoluta. Fran Pallero hace cuatro mil fotos para que Carmelo Rivero elija una. Decididamente, el mundo está mal repartido. Es verdad, este alcalde lagunero gana en la distancia corta. Me voy a desayunar con un amigo al Aguere. La Laguna huele a otoño, en su sempiterna humedad. Pero hoy, que me he traído chamarra, luce un sol de justicia.

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