
Tras poner en orden las confesiones sobre su vida política y profesional, este repaso a la memoria de Eligio Hernández Gutiérrez (El Pinar, 1947) y su dilatada trayectoria como servidor público deviene en un giro argumental que mantiene el interés del relato.
-¿Conoció a Francisco Paesa, el supuesto espía español clave en la fuga y detención de Roldán?
“No, no personalmente me refiero. Él era en realidad un confidente, eso sí, de un grado alto. No solo con el Gobierno socialista, ya estaba en la etapa anterior”.
Ordóñez respaldó que dejase entrar sin visado a las Islas a comerciantes que venían de áfrica a hacer negocios”
-¿Como un confidente? Se le tiene por algo más. ¿Hay más personajes como Paesa?
“Sí, un confidente, útil para los temas más conflictivos, claro. Y sí, hay otros como Paesa. No muchos pero sí. Siempre los ha habido. Quizás tiene razón cuando lo llama espía. Este tipo de personajes son como agentes no oficiales que trabajan para los gobiernos y para las fuerzas y cuerpos de seguridad en temas, insisto, harto complicados. Es difícil de definir, es verdad”.
-¿Se habla de personajes como Paesa en el Gobierno o es a otro nivel inferior?
“Más que en el Gobierno… Yo sabía de Paesa, sí, pero por el Ministerio del Interior. Desde luego, siempre en clave de la discreción debida a esos asuntos”.
-Permita la insistencia. ¿Puede detallar quién era y cómo servía Paesa al Estado?
“En cierto modo, es como un consejero. Por ejemplo, se trata de algún asunto y alguien dice ‘Paesa aconseja tal cosa’ o a lo mejor ‘Paesa nos contó aquello’. Tampoco yo preguntaba mucho por alguien como Paesa…”.
-¿Qué impresión personal le merece alguien como Paesa?
“La de alguien que se aprovechaba de una situación para enriquecerse, y además, en el caso de Paesa, eso fue lo que hizo”.
-¿Cree que Paesa se lucró con el caso de Luis Roldán?
“No solo lo creo, sino que estoy completamente seguro. Además, Roldán lo ha dicho”.
-¿Cree a Roldán cuando dice que Paesa le quitó todo el dinero?
“No lo sé, es la verdad. Una vez visité a Belloch [Juan Alberto Belloch, ministro del Interior entre 1993 y 1996] en Zaragoza y me dijo que Paesa se había quedado con todo el dinero de Roldán, pero no le pregunté más. De ese asunto quien lo sabe todo es Belloch. Y Margarita Robles [secretaria de Estado de Interior con Belloch]. Recuerde que yo vuelvo a Canarias en 1994”.
-Sigamos con esa vuelta a Canarias. ¿Hasta qué punto trabajó para el Gobierno de Felipe González en temas africanos, dada la confianza existente y su cargo como delegado del Gobierno en las Islas?
“Es cierto que se me encargaron desde el Gobierno algunas tareas en relación con temas africanos, muchas de asesoramiento. Pero también recuerdo otras cosas en relación con África, como por ejemplo, permitir la entrada sin visado de comerciantes que, al llegar al aeropuerto, no tenían papeles, pero su intención era invertir aquí, hacer negocios. Se comprobaba que traían dinero o mercancías, se verificaba dónde iban a residir y lo cierto es que funcionaba, porque ni uno solo aprovechó para quedarse”.
Paesa era alguien que se aprovechó de los problemas para lucrarse; se quedó con el dinero de Roldán”
-¿No era algo irregular ese proceder?
“[Sonríe] Es verdad que en ciertos ambientes diplomáticos no agradaba mucho, no, pero se trataba de un acercamiento de Canarias con África a través de las relaciones comerciales y una manera de promover que la Ley de Extranjería recogiese la posibilidad de estos contactos, incluso antes de venir como delegado. En una reunión sobre el asunto en Nuakchot [la capital de Mauritania] con diplomáticos españoles, el que fue ministro de Asuntos Exteriores Francisco Fernández Ordóñez dijo que él me había nombrado viceministro de Exteriores para asuntos africanos. Era broma, pero también un respaldo a lo que se trataba: que vinieran a comprar a Gran Canaria”.
-¿Y hoy? ¿Qué hace hoy Eligio Hernández?
“Estoy prejubilado como magistrado y, como es sabido, ejercí la abogacía estos años, pero desde hace unos días ya no sigo salvo en asuntos pendientes. Mi intención es terminar con esta actividad profesional a partir de 2017, salvo que mi hijo quiera continuar con el despacho, pero solo en tareas de dirección. En julio del año que viene cumplo 70 años”.
-Es difícil imaginarle mano sobre mano. ¿Qué tiene pensado?
“¡Tengo mucho que hacer! Por ejemplo, terminar mi tesis, que trata sobre el nacionalismo e independentismo catalán”.
-Una tesis que empezó hace muchos años…
“Así es. Empecé hace mucho tiempo, sí… creo recordar que en 1970 y, como dice, guiado por Gumersindo Trujillo, que con el tiempo reconoció que yo tenía razón porque él insistía con el federalismo y al final me dijo que no, que el tema era el independentismo catalán”.
-¿Ya por entonces entendía que ese era el problema?
“Pues sí. Con 21 o 22 años lo vi venir. Obviamente, seguía las instrucciones de Gumersindo y empecé con el federalismo, pero al saber sobre el nacionalismo e independentismo catalán, la intuición me llevó a considerar que era lo más relevante”.
-¿Cómo ve el asunto en la actualidad?
“Escribí un artículo sobre el posible escenario penal del independentismo catalán y ojalá me equivoque, pero ahora mismo asistimos al primer escenario, que es la desobediencia a las decisiones del Constitucional. Ya se ha pedido al fiscal que se querelle contra Forcadell [presidenta del Parlamento de Cataluña]. Puede dar lugar a una condena por desobediencia que no conlleva cárcel porque será inferior a los dos años, pero también puede conducir a que Junts pel Sí aproveche para poner en cuestión al poder judicial en Cataluña por la fuerza”.
-¿Por la fuerza?
“Que intenten pública y tumultuariamente, por utilizar la expresión del Código Penal, oponerse a las leyes del Estado. Eso es sedición, y las penas son de 10 a 15 años de prisión. Pasó en 1934, cuando el independentismo catalán se lanzó a la calle, saboteó las líneas férreas y… en fin, eso es rebelión, de 15 a 20 años”.
-¿No es un escenario extremo?
“Mucha gente me lo dice al entender que no debo alarmarme tanto. Ojalá me equivoque, pero en 1934 Alejandro Lerroux y Niceto Alcalá-Zamora se vieron obligados a declarar el estado de guerra en Cataluña. Hubo 70 muertos, armaron al pueblo catalán para luchar contra España, declararon la guerra a España bajo el liderazgo de Companys [presidente de la Generalitat desde 1934 a 1940, finalmente fusilado por la dictadura franquista tras ser capturado por la Gestapo en Francia]. Esa rebelión la sofocó el general Batet, militar leal a la República entonces y después, al que Franco fusiló por negarse a apoyar el golpe de Estado. Lo fusilaron sentado porque estaba tan mal de salud que no se mantenía en pie”.
-Una historia donde se enfrentan un Gobierno democrático y el independentismo catalán…
“Lo que se consiguió fue que, tras rendirse ante Batet, se les condenó a 30 años de prisión y se suprimió, por parte de la República, la autonomía catalana, cuyo estatuto era un logro de Azaña. Luego el PSOE los indultó e incorporó al Gobierno a seis ministros de ERC y de la CNT, como quiso hacer ahora Pedro Sánchez. Pensaban que así se arreglaba todo, pero el independentismo catalán traicionó a la República en la Guerra Civil. Hay que conocer la historia para que no se repita”.





