Jaume Mateu: “Me sabe mal que nos pongan un estigma a los payasos para que la gente nos vea como un trauma”

Tortell Poltrona. / DA
Tortell Poltrona. / DA

Detrás del payaso Tortell Poltrona está Jaume Mateu, un catalán que estudió sociología y economía y que debutó sobre los escenarios en 1974 como cantante cómico en la Gran Orquesta de Veracruz. Hoy valora también todo lo que significa ser payaso. “Somos comunicadores de emociones”, intenta definir. Con todo lo que eso incluye. El artista, de los más reconocidos en España, llega a la Isla un año más para formar parte del Festival Internacional Clownbaret.

-Vuelve al festival Clownbaret. ¿Qué tiene preparado para este año?
“Serán dos funciones para escolares. Eso es algo que me encanta, porque es el público que mejor reacciona. También estaré presente en una mesa redonda, na charla con la escuela de actores, la proyección de un documental sobre mi vida y un cabaret. Me encanta volver, me gustan las Canarias y los canarios”.

-En una reciente entrevista declararon desde Payasos sin fronteras, ONG fundada y dirigida por usted, que “un payaso hace reír y juega con los sentimientos positivos”. ¿Qué opinión tiene Tortell Poltrona de los payasos diabólicos que están desatando el pánico en el mundo?
“Me sabe mal que los medios de comunicación nos pongan un estigma para que la gente nos vea como un trauma. El payaso es una tradición muy antigua que inventó el ser humano para reírse de las cosas que no comprendía de la vida, habla del bien y del mal. La imagen del primer payaso que se conoce se ve reflejada en la pirámide de Tebas, él hacía reír a los faraones. Así que, este oficio no es una cosa nueva. “.

-En EEUU estos payasos diabólicos sí que han atacado a gente…
“Bueno, eso es en EEUU, que visto lo visto, con su presidente nuevo, ya me dirá usted. Cuando me preguntan eso solo puedo decir que ahora Payasos sin fronteras tiene en marcha seis expediciones para salvar a los niños”.

-¿Cómo fue la primera convención de payasos con más de un centenar de artistas invitados?
“Somos 100 payasos que nos reunimos porque tenemos la suerte de tener el mejor oficio del mundo. Hablamos de varias cosas, como de declarar la risa patrimonio de la humanidad y que forme parte de los derechos humanos. El derecho a reírse. También hablamos de un código ético y del Festival de Cornellá”.

-El de Cornellá no es el único festival que organiza. ¿Cómo lo hace?
“Me levanto pronto y hago todo lo que pueda. Ya descasaré después, esa es mi filosofía”

-¿Qué es para usted un payaso?
“Un comunicador de emociones”

-A lo largo de su carrera ha recibido innumerables reconocimientos pero, ¿cuál es el mejor premio que puede recibir un payaso?
“El de esta mañana, que un grupo de adolescentes se ponga a jugar conmigo, con un payaso, que parece algo demasiado infantil”.

Foto: DA
Foto: DA

Payasos sin fronteras

[su_pullquote]Lee el reportaje Un ‘clown’ en medio de una guerra haciendo clic aquí. [/su_pullquote]

-Cuando apareció Payasos sin fronteras, ¿imaginó tanta repercusión en la sociedad mundial?
“Al principio fue un poco extraño. Empezamos porque había una guerra a la que podíamos llegar en coche. La teníamos muy cerca: la de Bosnia. Eso hizo que fuésemos muy efectivos. El primer año hicimos seis expediciones, el segundo año esto se multiplicó, ya comenzaron a unirse otros compañeros de Francia, y desde entonces comenzó a dejar de ser extraño este tema”.

-¿Cuántos voluntarios forman la organización ahora?
“En España somos unos 300, pero tenemos delegaciones en 13 países del mundo. Cada día se hacen funciones para niños y niñas refugiados”

-Ha visitado una treintena de países en conflicto -Croacia, Serbia, Bosnia, Kosovo, Sahara, Armenia, Chiapas, Sri Lanka, Colombia, Brasil, Cuba, Sierra Leona, Costa de Marfil, Benín, Haití, República Democrática del Congo o Etiopia-. ¿Algunos de esos países le ha robado la sonrisa?
“Todos  me han robado la sonrisa. Pero cuando viajamos a estos sitios, esta gente nos regala un montón de cosas. Ver que la gente que no tiene tantas cosas como nosotros busca un momento para la felicidad y trabaja para ser feliz, eso te devuelve la sonrisa”.

-¿Le ha cambiado la vida crear Payasos sin fronteras?
“Esta organización me obliga a marchar dos veces al año para conocer otras realidades que si me quedara en mi tierra no las conocería. Así que, me ha cambiado la vida totalmente”.

-¿Deberíamos todos vivir una experiencia con Payasos sin fronteras para entender un poco lo que ocurre fuera de nuestras fronteras?
“Si fuesemos un poco más conscientes de las cosas que ocurren en el mundo sería más fácil arreglar las cosas que suceden ahora mismo”.

-¿En qué consiste su trabajo en esas zonas conflictivas? Llevan un programa de actividades establecido o improvisan…
“Nosotros trabajamos siempre con otras organizaciones que están sobre el terreno, desde UNICEF a Médicos sin fronteras o Save the children. A partir de ahí, es como si fuera una gira, igual que si la hiciéramos en España, lo único es que cambian los hoteles con estrellas a cuartitos con cucarachas. Aunque siempre intentamos estar lo más cómodos posible, eso nos da un poco de distancia con la gente”.

-¿Cuánto tiempo suelen estar ahí?
“Entre 15 días y tres semanas.  El gran problema es regresar, porque cuando vuelves a la realidad y recuerdas las historias,  te resulta muy impactante. Te pones en un sitio que no quisieras ver, con familias que lo han dejado todo o lo han perdido todo, pero que son capaces de reír. Te topas con cientos de historias que nunca desearías para ti ni para tu familia”.

-¿Recuerda alguna historia con espacial cariño?
“Son muchas, a niños que después de dos o tres años sin hablar, como ocurrió en Bosnia, empezaron a articular palabras con un títere. Ver como la sala se llenaba de doctores alusinando con ese hecho. Todos los viajes son especiales. Ahora hemos estado en Sierra Leona y en Liberia, con el conflicto del ébola. Allí hacíamos espectáculos para ayudar a sanidad y enseñarle a los niños cómo lavarse las manos, como evitar la enfermedad. Hay veces que hacemos actos con un fin preventivo”.

-¿Ha sentido miedo alguna vez?
“Sí, por supuesto. Pero el miedo es un estado de ánimo, y hay que vencerlo. Alguna vez, mientras actuaba, escuchaba las bombas caer. Además, yo tengo hijos con los que he viajado. Cuando voy acompañado por ellos más siento ese miedo. Nunca sabes lo que puede pasar”.

-Hacen reír a niños. ¿También a los adultos?
“Sí. Todos llevamos un niño dentro. Precisamente, son los niños los que nunca mienten. Y es que reír nos hace fuertes, es un claro reflejo de nuestro sentido de la supervivencia”

-¿Cómo recibe una persona que ha vivido guerras o hambrunas a un payaso?
“Lo de la hambruna es otro caso sobre el que estamos trabajando en África, un niño que ha pasado una hambruna si no tiene estímulos, no tira para adelante, quedan como paralizados. Los niños son niños, siempre tienen ganas de jugar y de reír, de que los amen. El trabajo del payaso es tratar de conseguir eso”.

-¿La risa es un idioma universal?
“Es universal, pero igualmente debes ser muy respetuoso con las culturas a las que te enfrentas, no es lo mismo una cultura mulsumana que una colombiana, por ejemplo”.

-¿Ha sentido alguna vez, en algún país conflictivo, ante algún público muy afectado, que ha fracasado como payaso?
“De todos los sitios en los que he estado, siempre me he regresado sabiendo que sería necesario que alguien volviese, por eso tuve la necesidad de montar la organización. No hay ninguno que haya salido para adelante después de nuestro paso, es el caso de Bosnia, allí sigue quedando gente realmente muy afectada. Payasos sin fronteras tuvo una presentación hace unos días en EEUU, en el Banco de Nueva York, y allí una chica dijo que ella había estado en mi primer espectáculo en Bosnia. Yo me levanto, me afeito, y salgo orgulloso con mi nariz. En Sri Lanka estuvimos después del tsunami, con médicos sin fronteras y actuamos en un instituto que, de los 1500 alumnos, quedaron solo 800. Nosotros abríamos las escuelas. Ese día unos niños, que eran casi adolescentes, nos hicieron el día. Cuando terminó, el director de la escuela nos dijo que le habían traído muchos cosas, libros, materiales, comida, ropa, ordenadores, pero que nadie les había llevado la vida. ‘Después de ustedes ya podemos otra vez hablar de la vida, cuando aquí solo se hablaba de la muerte’.Tengo muchas historias así”.

-¿A qué país volvería para hacer reír a la gente?
“A donde me mande la organización, y me parece que me toca Pakistán. Siempre voy pensando que no sea el último”.

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