
El complejo turístico La Palma Sun Nudist es prácticamente un desconocido entre los palmeros, pero su ocupación ronda el 90% de media anual y constituye la única oferta para este segmento del mercado buscado por los turoperadores especializados en turismo naturista.
Su clientela canaria no llega al 1%. Son en cambio los alemanes, los holandeses y más recientemente los turistas escandinavos, gracias a las operación de vuelos desde el pasado mes de octubre con Suecia, Noruega, Dinamarca y Finlandia, los que ocupan sus plazas alojativas a lo largo de todo el año, aunque también lo demandan turistas nacionales. La oferta y el destino resultan especialmente atractivos porque la climatología, a diferencia de otras zonas de España donde existen hoteles naturistas, las temperaturas bajan de forma significativa, permite hacer nudismo todos los meses del año.
La promotora de este proyecto único en la Isla y en el privilegiado entorno de Todoque, con vistas al mar y cerca de la zona turística de Puerto Naos, en Los Llanos de Aridane, apostó por este modelo de negocio apenas cinco meses después de la creación de la playa nudista en Tazacorte.
Celia Diana, experta en Marketing Empresarial y afincada en La Palma desde hace tres años para el desarrollo de su proyecto turístico, eligió la Isla Bonita tras comprobar que en Tenerife, donde inicialmente se instaló recién llegada de Valencia, “el turismo era como en muchos puntos del Mediterráneo, barato de playa y borrachera”, expresa su satisfacción por los resultados de su elección y dos intensos años de trabajo, especialmente en un momento en el que le gustaría ampliar el número de alojamientos.
Esa decisión dependerá, explica, de que el Gobierno pueda desbloquear las trabas administrativas para regularizar una oferta complementaria al alojamiento más convencional y en el marco de un proceso por el que llevan esperando más de 3.500 plazas turísticas de la Isla durnate los últimos diez años.
El complejo, totalmente protegido de la mirada de curiosos, cuenta con un huerto, además de con jardines privados para cada bungalow, piscina, solárium y terraza y en las zonas comunes está prohíbido el uso de textiles. Asegura la gerente de este complejo que “trabajar con estos clientes, de entre 40 y 80 años de edad, es una satisfacción porque son gente muy educada, que apenas tiene quejas y en los que coincide una enorme amabilidad y un respeto enorme, incluso por los que, a veces, comenten el error de utilizar textiles en zonas comunes, lo que no está permitido”.




