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5 años después del volcán de La Palma, el mayor estudio revela su impacto: el doble de alteraciones pulmonares

El seguimiento a más de 2.000 personas detecta hasta tres veces más probabilidad de tos entre los más expuestos y síntomas persistentes meses después
5 años después del volcán de La Palma, el mayor estudio revela su impacto: el doble de alteraciones pulmonares
Lava del volcán vista desde el Paso, a 18 de noviembre de 2021, en La Palma, Canarias. EP

Cinco años después de la erupción del Cumbre Vieja, el mayor estudio realizado en España sobre el impacto respiratorio de una erupción volcánica concluye que la salud respiratoria y la calidad de vida de adultos y menores de La Palma se vieron significativamente afectadas.

Entre la población más expuesta, los 85 días de erupción se asociaron con hasta tres veces más probabilidad de presentar tos y el doble de alteraciones compatibles con un patrón obstructivo pulmonar.

Son algunas de las principales conclusiones del Proyecto ASHES, impulsado por la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (SEPAR) junto al Servicio Canario de la Salud (SCS). La investigación ha seguido durante cinco años a más de 2.000 personas de la Isla.

El trabajo compara distintos grados de exposición a gases y cenizas e incluye población adulta, menores, pacientes que ya tenían enfermedades respiratorias y personas especialmente expuestas durante la emergencia.

Más exposición, más síntomas respiratorios

Uno de los principales resultados procede del análisis de 474 participantes. Los investigadores detectaron un aumento significativo de los síntomas respiratorios durante la erupción y comprobaron que parte de esas molestias continuó posteriormente.

Además, apareció un patrón dosis-respuesta: cuanto mayor había sido la exposición a la erupción, mayor era la sintomatología observada.

Tras 85 días de exposición, las personas del grupo con mayor exposición presentaban hasta tres veces más probabilidad de sufrir tos y el doble de alteraciones compatibles con un patrón obstructivo pulmonar. Este último resultado hace referencia a cambios detectables en la función respiratoria que dificultan la salida del aire de los pulmones.

El estudio añade otro aspecto relevante: no solo se vio afectada la presencia de síntomas, sino también la calidad de vida de la población adulta e infantil analizada.

Tos y congestión persistieron meses después

La afectación tampoco terminó necesariamente cuando cesó la erupción. Entre las personas más vulnerables, síntomas como la tos, la congestión nasal o el dolor de garganta continuaban presentes meses después de finalizar la actividad volcánica.

La investigación detecta además que las consecuencias fueron desiguales. Quienes ya padecían enfermedades respiratorias, especialmente asma, presentaron síntomas con mayor frecuencia y durante más tiempo. Una situación similar se observó entre las personas expuestas habitualmente al humo ambiental del tabaco.

Los resultados permiten así identificar grupos de población que presentan una mayor vulnerabilidad respiratoria ante exposiciones de este tipo.

Los niños más expuestos también presentaron más síntomas

El Proyecto ASHES estudió específicamente a 188 niños, niñas y adolescentes de entre seis y 18 años residentes en las zonas más afectadas del Valle de Aridane. Fueron evaluados entre 10 y 17 meses después de la erupción.

También en este grupo se observó una relación entre exposición y síntomas: los menores más expuestos presentaban una mayor sintomatología.

La vulnerabilidad era superior entre quienes convivían con humo ambiental del tabaco o ya tenían problemas respiratorios antes de la erupción.

Estos resultados refuerzan una de las conclusiones generales del estudio: los efectos respiratorios no fueron uniformes y dependieron tanto del nivel de exposición como de las características previas de cada persona.

Vigilancia y seguimiento

Los investigadores insisten, no obstante, en interpretar los resultados con prudencia.

El estudio demuestra una asociación entre una mayor exposición y una mayor presencia de síntomas y alteraciones respiratorias, pero no permite afirmar que todas las molestias detectadas hayan sido provocadas directamente por la erupción.

Tampoco puede determinar todavía qué alteraciones desaparecerán con el tiempo y cuáles podrían mantenerse a largo plazo.

Por este motivo, el mensaje final de los especialistas es de vigilancia y seguimiento clínico, no de alarma.

El investigador principal del Proyecto ASHES, Alberto Ruano, destacó precisamente la relación observada entre una exposición prolongada y la aparición de síntomas respiratorios.

El trabajo combina cuestionarios, pruebas de función pulmonar y otras exploraciones diagnósticas. Desde su puesta en marcha, SEPAR planteó el proyecto para estudiar a más de 2.000 personas durante cinco años y comparar población general, menores, pacientes con enfermedades respiratorias y personas altamente expuestas.

Los resultados pretenden servir también para mejorar la prevención sanitaria y la respuesta asistencial ante futuras erupciones volcánicas.

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