MANUEL DOMÍNGUEZ y ASTRID PÉREZ deberían descartar el cine como salida profesional. Después de un año tirándose los trastos a la cabeza y de que él haya decidido mandarla políticamente al paredón, como adelantó en primicia DIARIO DE AVISOS, ayer se encontraron en el Parlamento y tocaba interpretar “Aquí no ha pasado nada”.
Sonrisas falsas, cariñitos pueriles y mucha concordia institucional. Lástima que Astrid olvidara el guion y los dedos y el subconsciente la traicionaran: ante Domínguez compuso una pequeña cruz, versión parlamentaria del “¡aléjate, demonio!” que captó nuestro hábil fotógrafo SERGIO MÉNDEZ.
La política tiene mucho de teatro; el problema llega cuando los actores son tan malos que se les nota hasta desde el patio de butacas. Por cierto, ¿qué habrá sido de aquella dimisión que Astrid, entre lamentos, anunciaba a todo el que quisiera escucharla durante toda la pasada semana si le cortaban la cabeza en Lanzarote?
De momento, la cabeza cayó. La dimisión, por lo visto, se perdió en el camerino de los figurantes…







