En el Día Internacional contra la Explotación Sexual y el Tráfico de Mujeres, Niñas y Niños la congregación Oblatas celebró sus jornadas de sensibilización en las que se abordó la necesidad de hacer frente a los nuevos escenarios favorecidos por los entornos tecnológicos, y alertó sobre el aumento de la vulnerabilidad por los problemas de acceso a una vivienda.
La directora del Programa Daniela-Oblatas, Asunción Bartolomé, destacó la necesidad de crear conciencia sobre la magnitud de este delito, que definió como “la forma contemporánea de la esclavitud”, cuya modalidad más creciente son los trabajos forzados, la más violenta es la trata con fines de explotación sexual, y la criminalidad forzada es la que está más en auge.
Bartolomé instó a todos los agentes que acompañan a las víctimas a “mantenerse actualizados” y consultar las investigaciones más recientes sobre los “nuevos entornos digitales utilizados para captar y explotar a mujeres y niñas”, ya que su prevención y persecución requieren respuestas distintas.
La coordinadora de Oblatas, Yanira Santana, informó de que el programa Daniela atiende entre 300 y 500 mujeres al año, a las que brinda atención ambulatoria, recursos de acogida o trabajo de calle. El perfil de las víctimas es muy variado: normalmente se trata de mujeres migrantes latinoamericanas, sobre todo venezolanas y colombianas, “pero no podemos olvidar de la realidad local”.
Un 20% canarias
Alertó del “aumento bastante significativo” de las víctimas canarias, entre un 15 y un 20%, “debido a la vulnerabilidad” que hay a nivel socioeconómico, laboral y a la hora de acceder a una vivienda, una realidad que también afecta a las menores, un colectivo que crece.
Sobre los problemas para acceder a una vivienda que afecta a la población en general, Santana subrayó que en estos contextos de mayor vulnerabilidad, donde no hay un empadronamiento, un contrato de trabajo, o una situación administrativa regular, empujan a muchas mujeres a quedarse en prostíbulos o clubes porque no tienen un lugar donde vivir.
La prostitución ha abandonado las calles y los prostíbulos están en pisos y viviendas privadas, “cada vez cuesta más llegar a las víctimas” por lo que es vital el papel de la sociedad para detectar posibles casos de explotación y proteger a las víctimas.
La directora del Instituto Canario de Igualdad, Ana Padrón, reconoció que las cifras son “alarmantes”, pero hay “una mayor concienciación social e implicación de las personas que acompañan a las víctimas”. Ahora “se denuncia más, las víctimas se sienten más seguras y resguardadas por el sistema”. “Hasta que las mujeres no sean libres, y su libertad y su dignidad dejen de tratarse como una mercancía, no podremos vivir en una sociedad igualitaria”. Para la investigadora Rosa Cobo, la pornografía, la trata, la prostitución y redes sociales como Only Fans son las patas de la industria proxeneta. Por último, la concejala de Igualdad de Las Palmas, Betsaida González, abogó por poner el foco en el “putero”.







