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Sergio Ramírez: “Daniel Ortega tiene la idea mesiánica de que él representa al pueblo, es un populista”

Sergio Ramírez (1942) ha sido muchas cosas en su vida. Es uno de los escritores más destacados de la literatura nicaragüense y latinoamericana. Novelas como Margarita, está linda la mar le han llenado de reconocimientos en todo el mundo
Sergio Ramírez. / ANDRÉS GUTIÉRREZ
Sergio Ramírez. / ANDRÉS GUTIÉRREZ

Sergio Ramírez (1942) ha sido muchas cosas en su vida. Es uno de los escritores más destacados de la literatura nicaragüense y latinoamericana. Novelas como Margarita, está linda la mar le han llenado de reconocimientos en todo el mundo. Suma a su palmarés, entre otros, el Premio Alfaguara, que recibe en 1998. Fue líder intelectual en la revolución sandinista y vicepresidente de Nicaragua después de la caída de la dictadura de Somoza, entre 1985 y 1990. Ahora llega a Tenerife para participar en el ciclo La condición humana, en el marco del Otoño Cultural CajaCanarias, en el Espacio Cultural de Santa Cruz, esta noche, a las 20.00 horas. Junto al periodista y escritor Juan Cruz, intentará dar respuesta a preguntas como dónde vamos o qué somos. “Vivimos en una gran sociedad de consumo, que ya Rubén Darío describía en sus crónicas del siglo XX”, apunta. Sobre el reconocido poeta versa su último trabajo. Así lo cuenta para DIARIO DE AVISOS.

-Su último libro, A la mesa con Rubén Darío, retrata la faceta más gourmet del reconocido poeta nicaragüense ¿Era un auténtico “sibarita pobre”?
“Rubén Darío era una persona con muchas facetas. En este libro hice una exploración cuidadosa de sus crónicas. Darío, al comienzo del siglo XX, transformó la escritura en el periodismo: hizo de la crónica una pieza literaria. Es en Francia donde comienza a escribir crónicas gastronómicas. No es que él fuera un especialista en este campo, él escribía de todo lo que consideraba moderno y universal: la política, la cocina, las carreras de caballos, los emigrantes”.

-¿Trabaja en algún nuevo proyecto?
“Ahora mismo estoy empezando la corrección de un nuevo libro. La primera corrección la hago en el ordenador, luego lo imprimo. Cuando imprimo un libro y puedo corregirlo con un lápiz, siento que ocurre el verdadero encuentro con las palabras. Se trata de la continuación de un libro anterior que tenía como protagonista a un inspector de policía, antiguo guerrillero: el inspector Dolores Morales. Hoy en día es un policía retirado que sobrevive con una agencia de detectives en Managua. Antes se llamó El cielo llora por mí, y es probable que este nuevo libro se llame Ya nadie llora por mí”.

FOTO: ANDRÉS GUTIÉRREZ
FOTO: ANDRÉS GUTIÉRREZ

-¿La literatura latinoamericana vive ahora algún tipo de relevo generacional?
“Indudablemente. Estamos en la literatura del siglo XXI. Pronto comenzaremos a leer la literatura de los millennials, eso para mí es muy asombroso. Con la literatura latinoamericana sucede algo interesante, antes éramos muy pocos y ahora son multitud de escritores. Eso es una gran bendición. Siento que además de la experimentación verbal y de los temas que interesan a la gente joven, siempre existe en la literatura latina las preocupaciones por la situación política y social de cada país. Eso nunca se pierde. En un tiempo fueron los dictadores o las repúblicas bananeras, ahora son los narcotraficantes o la corrupción. Y es que se vuelve novelesca la realidad por sí misma”.

-Con una visión más internacional, puede que estas sean las elecciones estadounidenses con más consecuencias para Hispanoamérica por el discurso de Donald Trump. ¿Qué opinión tiene de este candidato?
“Me parece una atrocidad tener que enfrentarnos a un presidente como Donald Trump. Aunque no lo queramos, el mundo tiene que ver con Estados Unidos, y tener a este hombre gobernando me da terror, con esa idea suya sobre las mujeres -que para él son una industria-, sus ideas sobre los emigrantes, su ignorancia sobre lo que pasa en el mundo. Y además, llega en un momento delicado para todo el mundo, en el que hay muchos líderes que alientan la construcción de muros contra los emigrantes. Pero quiero ser optimista. Tengo la confianza de que Clinton gane. Tengo fe en la humanidad”.

-La situación en Colombia sigue siendo uno de los temas destacados en la agenda hispana. ¿Habrá paz para los colombianos?
“Creo que se va a llegar un acuerdo en Colombia y que habrá paz. No veo a los guerrilleros volviendo a las armas, a la guerra, a la destrucción y a la muerte”.

-¿Y en Venezuela? ¿Se siente la tensión política de aquel país en el resto de países hispanos?
“Creo que es el país hispano que tiene el panorama más complejo. Primero por el sistema económico y social, que está colapsado, luego la polarización inmensa que hay entre la gente y en la política. Pero pienso que cuánto más grave es una situación, más se acerca la solución. Ya hay una mesa de negociación abierta. Creo que el Gobierno debe liberar a Leopoldo López, es absurdo que siga preso en este clima de negociación”.

-Trabajó junto a Daniel Ortega para reconstruir el país después de la dictadura de Somoza hasta 1990. Con el tiempo fue muy crítico con el actual presidente de Nicaragua. ¿Qué pasó para que se rompiera la relación?
“Me separé del Frente Sandinista hace 20 años por distintas razones. Yo quería pertenecer a un partido que fuera parte del mecanismo de la democracia, pero ellos querían luchar contra la oposición, que había ganado las elecciones. Si el socialismo del siglo XXI pierde unos comicios no puede seguir hablando del pueblo, debe hablar de sus partidarios. Mientras eso no ocurra, la democracia no va a funcionar. Eso pasó con Ortega, que demonizaba a la derecha, decía que ellos no tenían derecho a gobernar. Y no. En una democracia gobierna el que gana. Daniel Ortega sigue teniendo esa idea mesiánica de que él representa al pueblo. Hoy en día, él ha construido una nueva mayoría con el dinero de Venezuela, más de 6.000 millones de dólares en petróleo. La mayoría, de la que presume, viene de mecanismos populistas. Eso es lo que nos separa. Yo quisiera que Nicaragua viviera de verdad un funcionamiento correcto de la democracia, como en Uruguay. Ahora, yo soy de izquierda, no por ser adversario a las ideas que representa Ortega voy a volverme de derechas”.

-Fue vicepresidente de Nicaragua en 1985. Asegura que nunca volvería a la política. ¿Por qué?
“Yo entré en la conspiración para derrocar a Somoza, estuve en la clandestinidad luchando contra el dictador, nunca disparé un arma pero estuve en el frente intelectual. Entré en la política entonces porque se trataba de una revolución, de otra forma, no hubiera entrado en ese mundo. Yo era escritor y cuando la revolución terminó volví a la escritura. La gran desgracia de muchos de mis compañeros es que no tenían a dónde volver, solo sabían estar en el poder. Celebro 20 años fuera de la política, pero eso no quiere decir que tenga que estar callado. Siento que tengo una responsabilidad con la gente”.

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