Felipe Hodgson, arquitectura y arte a partes iguales

Felipe Hodgson

Hodgson tiene su taller de Santa Cruz de Tenerife lleno de cuadros y obras que esperan encontrar su sitio en las paredes de museos o galerías de arte. / Andrés Gutiérrez

El taller de Felipe Hodgson está lleno de cuadros. Sobre las mesas, centenares de lienzos esperan encontrar, algún día, un espacio en las paredes de cualquier galería o museo. En los rincones, otras obras esperan bien envueltas la llegada de algún coleccionista o apasionado del arte que valore todo el trabajo que guarda cada pincelada. Casi todas las paredes del taller están cubiertas de piezas, algunas figurativas, otras abstractas, impresionistas. Y aunque todo parece estar a punto de desbordarse, el artista no para de crear. Cuanto más dibuja, más acumula, más experimenta y más aprende, más descubre y comparte con sus alumnos y sus allegados. La obra de Felipe Hodgson Ravina (Tenerife, 1951) se multiplica cada día, y parece que no llega aún a su punto final. Ahora trabaja en una serie de cuadros impresionistas de tonos azules que viene a recordar las ondas del mar. En esta serie investiga una nueva técnica basada en la creación de relieves en el cuadro. “Me acuesto con constancia, me levanto con perseverancia y por el día estoy con la voluntad para apasionarme en esta aventura del arte”, apostilla el artista. Es su máxima.

Felipe Hodgson no puede parar, y su currículo es el mayor reflejo de esa inquietud propia de su carácter. Es de formación arquitecto y de vocación pintor, dibujante, apasionado del grabado y escultor. “Cuando era pequeño tuve una terrible enfermedad, la tuberculosis. Eso me hizo estar muchos meses en cama, lo que me llevó a hacer recortables; juegos en los que daba forma a todo tipo de edificios. Así nació mi interés por la arquitectura, pero siempre corrió por mis venas ese gen de la pintura, en parte, gracias a mi padre, Jorge Hodgson, que era artista y que me enseñó el oficio”, relata el autor.

“Esta intensa pasión viene de un trabajo continuo que me ha llevado más de 45 años de vida. Veo la arquitectura como rigor y el arte como un compromiso”, agrega Hodgson. Se graduó en 1975 como arquitecto por la Escuela de Arquitectura de Madrid y entre 1980 y 1987 fue profesor de Diseño en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de La Laguna (ULL). Entre otras cosas, aprende la forja en los Talleres Hermanos Quinta Vergara en Vigo entre 1990 y 1992, y ha realizado una serie de esculturas para el edificio de Física y Matemáticas de la ULL, la estación de guaguas de La Laguna y el Colegio de Arquitectos de Canarias. Además, es el artífice del busto del rey Juan Carlos I del Cabildo de Tenerife y la escultura en recuerdo a la riada del 31 de marzo, Persona mirando al horizonte, que se encuentra en la avenida de Anaga. Precisamente, esta riada le afectó, y mucho: destruyó muchos de sus trabajos y los de su padre.

Hodgson tiene su taller de Santa Cruz de Tenerife lleno de cuadros y obras que esperan encontrar su sitio en las paredes de museos o galerías de arte. / Andrés Gutiérrez

Felipe Hodgson ha expuesto de forma individual en 42 ocasiones, casi siempre en Tenerife, pero también en Gran Canaria, Madrid, Barcelona y Roma. “A mí no me llaman muchas veces para hacer una colectiva. Pero no es una queja, yo sigo trabajando”, enfatiza. Su primera muestra fue en 1971, en el Ateneo de La Laguna, bajo el título El surrealismo. “Empecé siendo surrealista, después fui más figurativo, luego impresionista. En todo este tiempo no me he cerrado a nada”. Sus últimas exposiciones, en 2015. “Pienso y pinto de sol a sol con una gran disciplina, mi obsesión es ser un místico en mi trabajo, tanto en la pintura como en la escultura, el grabado y el dibujo”. El próximo año comienza fuerte para Hodgson. “En enero voy a dar clases a mujeres con cáncer de mama gracias a la asociación Ámate”, agrega. Mientras tanto, continuará enseñando sus técnicas en su atelier. “Comencé a dar clases en el taller en 2013”, narra. Su apuesta por la enseñanza nace por necesidad ante la crisis y el cierre de su estudio de arquitectura. “Las clases de dibujo me han salvado, son mi terapia. Aquí cada uno se expresa como quiere”. Hasta ahora ha enseñado a más de 66 alumnos.

Felipe Hodgson es de esos artistas de oficio, con todo lo que esta palabra conlleva.