El Teatro Leal de La Laguna brinda esta semana (desde el viernes y hasta el domingo, en funciones que comienzan a las 19.30 horas) Los celos hacen estrellas y el amor hace prodigios, una producción del Auditorio de Tenerife de la zarzuela más antigua de la que se conserva la música y el libreto. Este título barroco, obra del compositor Juan Hidalgo (1614-1685) y el dramaturgo Juan Vélez de Guevara (1611-1675), se escenifica dentro de la programación Ópera de Cámara de la temporada de Ópera de Tenerife y cuenta con la dirección musical de Aarón Zapico y la escénica de Ricardo Campelo, quien conversó con DIARIO DE AVISOS.
-¿Cuál es el aliciente y cuál el desafío de trasladar al siglo XXI una obra del XVII?
“Uno de los aspectos más importantes que nos presenta esta zarzuela barroca es, precisamente, que vivimos en una contemporaneidad barroca. Con líderes muy poderosos que hacen lo que les da la gana y comienzan y acaban guerras guiados por su locura. Al mismo tiempo, tenemos Internet encima, con el problema de las redes sociales; somos multiculturales y, a la vez, estamos aislados… Todo esto ya estaba en el Barroco español. Esta zarzuela habla de un Júpiter como centro de un universo supeditado a sus antojos y cómo el resto de los dioses, las ninfas… tienen que tratar de sobrevivir a las vicisitudes que provoca. Llevar a la contemporaneidad Los celos hacen estrellas y el amor hace prodigios tiene dos alicientes. Uno es la música, que es increíble, extraordinaria, y luego está el verso. La zarzuela es barroca en sí, pero en ella también hay tesis, hay muchas ideas detrás… El mismo título nos habla de los celos y de lo que provoca el amor, que es una cosa que nos hace falta en la contemporaneidad. También hay mucha mitología, pues se basa en la Metamorfosis de Ovidio, que representa problemas psíquicos. Si nos centramos, por ejemplo, en el enamoramiento, en Argos, en Mercurio, en la decapitación…, podría simbolizar el amor tóxico, que también está presente en nuestra época. En definitiva, vivimos en un tiempo paralelo al Barroco, habitamos un Barroco digital, por llamarlo de alguna forma”.
-¿Abordar la puesta en escena de ‘Los celos hacen estrellas y el amor hace prodigios’, un título recientemente recuperado, es una responsabilidad añadida o más bien abre un campo ilimitado a la creatividad?
“Es un campo ilimitado. Nosotros siempre somos completamente libres creando. En Teatro Xtremo partimos de un impulso que luego, como compañía, nos disponemos a compartir. En este caso, con Ópera de Tenerife. Cuando ese impulso se convierte en un sentimiento común, se lo comunicamos al público. Siempre hay mucho campo por explorar. En esta ocasión recurrimos a pantallas led de gran formato, a la cultura rave, a la cultura popular, a la mitología… Y todo casa. Uno de los elementos del barroco es el horror vacui. El vacío nunca va a estar en escena. El escenario siempre está lleno de emoción o de tecnología o de mitología o de verso o de música”.
“Estamos viviendo en un tiempo paralelo al Barroco; habitamos un Barroco digital, por llamarlo de alguna forma”
-¿De qué les habla esta zarzuela barroca de 1673, la primera que se conserva, a quienes van a contemplarla en 2026?
“Sobre todo de amor. De las virtudes, vicisitudes y problemas que afloran con el amor. Ese amor a veces provoca celos, a veces alegría y felicidad… Esta zarzuela trata acerca de la experiencia de estar enamorado, de amar, y también de los distintos tipos de amor, fraternal, filial, romántico… El amor, que es esa fuerza extraña que sobrepasa el tiempo, el espacio, la gravedad”.
-¿Cómo ha sido el proceso de la dirección de escena y de la creación de la escenografía?
“Trabajo con un equipo, del que forman parte Beny Arencibia [diseño de iluminación], Marcos Fernández [diseño de videoescena] y Leo Martínez [vestuario]. Entre todos hemos elaborado una mitología contemporánea basándonos en símbolos que son reconocibles. Con respecto a la interpretación, ha sido muy profunda. El trabajo ha consistido en entender qué sucedía, cuál era la tesis de la obra. En esta vertiente ha sido una labor mano a mano con Karmele Aramburu, la directora de verso, quien además interpreta a Juno, una de las protagonistas. Hemos ido sílaba por sílaba, no se nos ha escapado ni una sinalefa [ríe]: se ha hecho un trabajo finísimo. Y luego traerlo a la contemporaneidad, como he comentado ya, ha sido muy sencillo. Estamos en una época barroca, con horror vacui, al que ahora asociamos al FOMO (siglas de fear of missing out, el temor a perderse algo)”.
“Soy un hombre de teatro y en cada proyecto adopto una mirada poliédrica, desde lo más mundano a lo más complejo”
-¿Cómo entiende el diálogo con las otras personas, con músicos, cantantes, actores, técnicos…, imprescindibles para llevar a cabo una propuesta coral de estas características?
“Sí, es un diálogo indispensable. Hay muchas áreas que abarcar. Desde lo musical, desde la producción, desde mover a esta cantidad de personas que procedemos de distintos sitios… Hemos tratado de que esa conversación sea siempre horizontal. Si queremos hablarle a la gente de hoy en día, primero debemos escucharnos entre nosotros. Es un diálogo muy abierto, tenemos una escucha muy potente. Mi compañero en la dirección musical, Aarón Zapico, es un gran músico, pero sobre todo una persona muy empática que posee el talento necesario para entender todas las lógicas que se dan en cada grupo. Todo el equipo ha trabajado mano a mano, todas las horas juntos. Ha sido, es, un verdadero placer. Esto solo lo puede gestionar así Ópera de Tenerife. José Luis Rivero [director artístico del Auditorio de Tenerife] fue el que empujó para que estuviésemos todos, él nos junta y nos mezcla, sabiendo siempre quiénes somos cada uno”.
-¿Le resulta muy diferente acercarse a una obra que posee varios siglos de antigüedad a hacerlo con una que es estrictamente contemporánea?
“A nosotros no nos importa el tiempo en el que se ha creado una obra. El año pasado hicimos Fuenteovejuna, de Lope de Vega, acercándonos a la realidad venezolana, y antes, Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, también de Lope, como si se tratase de un discurso elaborado por Andy Warhol. Lo que sí es importante es reconocer que en nuestro Siglo de Oro hay ideas humanísticas muy potentes. El mito de Don Juan, por ejemplo, que tiene mucho que ver hoy con la manosfera y el narcisismo, se cartografía por primera vez en España en las primeras décadas del siglo XVII. El Júpiter de Los celos hacen estrellas y el amor hace prodigios no es más que una especie de don Juan. Y un don Juan es una crítica al poder y a cómo permite que cierto tipo de personalidades se apoderen de él. Ya sea un poder político, ya sea uno social, económico, sexual… La contemporaneidad no solo abarca el momento presente, sino también su porqué y el qué será de ese momento. No es baladí que Rosalía se ponga a cantar ópera o que haya tanta gente investigando la iconografía católica, al margen de que se sea creyente o ateo, porque posee mucha fuerza plástica y comunicativa. Estamos más conectados con nuestro pasado de lo que pensamos”.
“Aarón Zapico es un gran músico, pero sobre todo una persona empática que entiende todas las lógicas que se dan en cada grupo que forma este equipo”
-Junto a la soprano y actriz Ruth González dirige Teatro Xtremo. ¿Qué temas les interesan más llevar a un escenario?
“Los problemas de la contemporaneidad. Lo que nos desconecta, nos deshumaniza, nos roba el espíritu. Todo aquello que ayude en el escenario a realizar preguntas pertinentes para mantenernos más unidos, para volver la mirada al ser humano, nos interesa. Esta zarzuela que ahora presentamos comienza con dos cantos que incitan a la guerra, pero justo después aparece Juno y todo cambia, para hablar del amor y de los celos. Simplemente ese mensaje de dejar a un lado la guerra y mirarnos a nosotros mismos es suficientemente importante como para rescatar Los celos hacen estrellas y el amor hace prodigios tanto tiempo después”.
-Es dramaturgo y director. ¿De qué modo se complementan ambas facetas en su trabajo?
“Soy un hombre de teatro. Cuando comienzo con un proyecto, lo veo de manera poliédrica. Entro en lo más mundano, como es el presupuesto, y en lo más complejo, como la programación de las cámaras robotizadas. Todo se conjuga. Lo bueno del arte teatral es que da cabida a muchas vertientes. La presencia en vivo del ser humano, que es importantísima, y luego todo el resto de expresiones artísticas. Por eso estoy ahí, por eso me gusta el teatro”.





