No esperen encontrar en este artículo un alegato contra la sanidad privada porque no se trata de descalificar la iniciativa de empresarios que han apostado por este negocio, como otros han optado por los talleres mecánicos o las panaderías. De lo que se trata es de defender la Sanidad Pública, así con mayúsculas, y el acceso de todos nosotros a un servicio esencial, tan esencial que puede salvarnos la vida.
Lo que debe preocuparnos a todos es que el paulatino desmantelamiento de la Sanidad Pública al que asistimos lo esté perpetrando el propio Gobierno de Canarias cuando su función debería de ser precisamente la contraria. Un ejemplo. Me ha llamado poderosamente la atención que el Parlamento de Canarias rechazara una iniciativa para auditar los conciertos que mantiene -desde tiempo inmemorial- la Consejería de Sanidad con los centros privados de las Islas. Para justificar tal rechazo algunos han puesto como excusa que eso generaría mucho ruido y sería perjudicial para el sistema. Por lo visto, se trata de no hacer ruido. De no hacer nada. De mirar para otro lado. Este silencio también llama mi atención porque no oigo, en los últimos meses -me atrevería a decir que en los últimos años- a ningún nacionalista, ni siquiera al presidente del Gobierno, hablar de los profesionales sanitarios con la misma vehemencia con la que se escandalizan por el gasto sanitario. Como si salvar vidas fuera fácil o gratis. Los que hemos recurrido a la Sanidad Pública conocemos de primera mano la valía de esos hombres y mujeres que nos atienden sin perder una sonrisa a pesar de que salarios, horarios y medios no siempre van acordes con su empeño. Para ellos no he oído palabras de ánimo, de respaldo; no he visto una defensa entusiasta de su trabajo. En cambio, el déficit sanitario sí provoca reacciones airadas y hasta salidas de tono.
Ahora tenemos de responsable sanitario a un hombre procedente de la empresa privada, que alardeó de poder acabar con las listas de espera con unos cientos de millones convenientemente abonados a los centros concertados. Habrá que estar atentos a sus movimientos y ver qué hace, porque está en juego nuestra salud. Resulta curioso que hayan sido los socialistas los chivos expiatorios del caos sanitario cuando Coalición Canaria es la que lleva veinte años gestionando -y mal- la Sanidad Pública en las Islas. Claro que la habilidad de CC para echar la culpa al enemigo exterior y el propio ostracismo del PSOE en el Archipiélago tiene parte de culpa de una crisis mal gestionada. Coalición Canaria es la responsable de que, más de 17 años después de haberlo prometido, el Sur de Tenerife no tenga su hospital comarcal a pleno rendimiento, pese a lo cual el consejero de Sanidad y el presidente del Cabildo se dieron una vueltita por las instalaciones, intercambiaron opiniones con el personal y se manifestaron moderadamente optimistas de su puesta en marcha. Eso dice la nota de prensa, porque se cuidaron mucho de que no fueran periodistas a contar lo ocurrido.
Ahora acaban de aupar a la gerencia del Hospital Universitario de Canarias -mi hospital de referencia, que para eso soy lagunero- a la cuñada del alcalde de La Laguna. Es un nombramiento revelador porque -sin discutir la capacidad profesional que como médico tenga esta señora- pone de manifiesto uno de los principales males de la Sanidad Pública en Canarias -y a la vista de los últimos nombramientos, del propio Gobierno- y es el “pago” de favores a la hora de decidir los cargos, en lugar de escoger personas que ejerzan una gestión precisa y eficiente para que recibamos los servicios a los que tenemos derecho. Que para eso pagamos nuestros impuestos.
La Sanidad Pública adolece de una mala gestión sin precedentes, larvada por 17 años de incapacidad para dar eficacia a una prestación en la que nos va -a veces- la vida. No se han mejorado los Centros de Salud para aliviar la presión de las Urgencias hospitalarias, no se han descentralizado servicios que obligan a ciudadanos a madrugar en exceso para una extracción de sangre, no se han completado los hospitales comarcales, no hay una gestión clara de las listas de espera. Y sí, sí hay una inercia clara en mantener los conciertos sanitarios con las clínicas privadas sin que sepamos con qué coste y a cambio de qué. El caso es que para el Gobierno canario somos solo pacientes. Se olvidan que deben tratarnos como clientes porque no nos cuesta nada, en una próxima cita electoral, cambiar de marca. Dejar de consumir CC, que a la vista está que no son de fiar, y optar por otra menos perjudicial para nuestra salud.
* Cabeza de lista del PSOE de La Laguna y concejal

