literatura

Arozarena, un ‘Poeta’ con mayúscula

El autor de ‘Mararía’ y creador del movimiento Fetasa, en la década de los 50, protagonista del Día de las Letras Canarias
Rafael Arozarena (1923-2009) recibió el Premio Canarias de Literatura. / Cedida

Cuando Rafael Arozarena tenía 24 años descubrió en Femés a su Mararía, el personaje, la musa: “Una mujer con los labios tintos, los ojos como dos higos, las pupilas como cuevas, y las piernas y brazos tan lisos y redondos como los troncos del drago”. Sobre ella escribió los versos, en 1947: “María la de Femés / ahora por estar demasiado vieja / nadie recuerda quién fue”. Y se sintió responsable de aquella biografía, hasta que cumplió los 50 años, en 1973, y publicó su historia en una de las novelas más emblemáticas de Canarias en el siglo XX. A ella la llamó bruja y la describió hermosa en las páginas de la obra a la que tituló, como no podía ser de otra manera, Mararía. De las anécdotas que allí se cuentan se hicieron canciones, obras de teatro y hasta una adaptación cinematográfica, en 1998.

Sobre el insigne volumen, el escritor lanzaroteño Félix Hormiga contó que, para Rafael, el libro resumía el espíritu de Lanzarote. “Este escritor miró al fondo del alma isleña, acunada por las carencias y los abusos, y encontró la mirada de ella, carbonizada como la isla entera”.

Pero Mararía no fue, ni mucho menos, la obra de la que Arozarena se sentía más orgulloso, la que mejor representaba su prosa. En cada conversación, era Cerveza de grano rojo la que resolvía el enigma, la única capaz de descifrar a uno de los autores más destacados de la literatura isleña. Escribió en total nueve novelas, entre infantiles, adolescentes y relatos.

Rafael Arozarena (1923-2009) recibió el Premio Canarias de Literatura. / Cedida

Arozarena era, sobre todas las cosas, Poeta. Con mayúscula, como lo describe el escritor tinerfeño Sabas Martín. “El propio Arozarena lo dejó explicado. Que tenía cinco años y que descubrió en algunas revistas textos dispuestos en columnas: ‘¿Esto qué es?’, preguntó a la abuela. ‘Esto es Poesía’, contestó ella, e inmediatamente añadió: ‘Ser Poeta es lo más alto que puede alcanzar un hombre’. Entonces Rafael trazó una serie de garabatos que dispuso en columnas. Al ver lo que Rafael había hecho, la abuela, cómplice, le dijo: ‘Esto es un Poema. Haz otro’. Y Rafael, antes de saber leer y escribir, hizo otro, y otro, y otro más”. A principios de la década de los 40 recibe clases del poeta surrealista Agustín Espinosa, y ya en 1946 publica Romancero canario. Le siguieron otros, como A la sombra de los cuervos o Alto crecen los cardos, y otros más, como Aprisa cantan los gallos, El ómnibus pintado con cerezas o Fetasian Sky, y otros más, siguiendo el consejo de la abuela, hasta Poliedros de mar, su último poemario, publicado en 2008. “Vida y poesía eran para él una sola cosa”, apostilla la escritora Cecilia Domínguez. “No se cansó de reivindicarse como poeta”, remarca el literato tinerfeño Víctor Álamo de la Rosa.

Arozarena, que nació en Santa Cruz de Tenerife un 4 de abril de 1923, dejó una obra intensa, casi abstracta, filosófica. Por todo eso, recibe en 1988 el Premio Canarias de Literatura, que compartió con su amigo Isaac de Vega; y también por todo eso, el pasado 21 de febrero, fue elegido por el Gobierno regional como protagonista del Día de las Letras Canarias, ocho años después de su muerte, el 30 de septiembre de 2009, a los 86 años. “Esta celebración nos ofrece la oportunidad de ahondar en la vida y la obra de una figura literaria canaria cuya aportación a nuestro patrimonio suponga un orgullo para todos”, declara Aurelio González, viceconsejero de Cultura. El acto conmemorativo, que logró reunir a más de 250 escolares en el salón de actos de Presidencia, fue tan solo la introducción a todo un año lleno de actividades para recordar al autor.

Rafael Arozarena (1923-2009) recibió el Premio Canarias de Literatura. / Cedida

Arozarena dejó mucho más que un legado impreso en páginas de novelas y poemarios, también dejó en herencia su Fetasa. “Un movimiento literario de la década de los 50 que rompe con la literatura social y comprometida de la época, y se centra en lo onírico y lo simbólico. Parece que es, además, y así se ha calificado, un movimiento metafísico-religioso”, intentó explicar José Antonio Padrón, teórico de los fetasianos. El término se le ocurrió al propio Arozarena. “Verdaderamente, ni yo mismo sabía lo que era. Cuando llegáramos a un punto culminante en la conversación tendríamos de comodín a ‘Fetasa’, que representa a un dios superior a Dios. Partiendo de este concepto amplio te das cuenta de que al descender puedes observar mejor los defectos”, escribe el mismo Arozarena.

El poeta también fue pintor y se interesó por la entomología de la mano de Anatael Cabrera, que le trasmitió su afición al estudio de los insectos. Así, en 1956 publica el libro Las plagas del campo y las posibilidades de una lucha biológica en Tenerife. Y no fue el único. En 1952 comienza a trabajar como practicante, profesión que mantendrá hasta su jubilación, en 1988. Primero en el Servicio Portuario de Santa Cruz y luego en la Residencia Nuestra Señora de la Candelaria. “De todas esas cosas que fue me parece que la que más me inquietó fue la vez que me habló de su conversación con los árboles y con los pájaros”, agrega el periodista Juan Cruz.

“Su escritura era misterio y canción”, concluye Cruz. La biografía de su María de Femés, las historias que contó y Fetasa son su patrimonio.

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