
La situación es surrealista. El 19 de diciembre de 1987, el CajaCanarias calienta sobre el parquet del pabellón Pisuerga de Valladolid, donde se celebra la Copa del Rey del curso 87/88, pero le falta un jugador. Eddie Phillips, su gran estrella no está junto a sus compañeros. Su ausencia no se debe a una lesión, tampoco a una enfermedad: Eddie se ha ido a Madrid, a Barajas, a recuperar unas maletas extraviadas, y llegará con el partido empezado. Eso sí, tendrá la oportunidad de jugar.
La historia, por más que se cuente, no deja de parecer increíble. Con el CajaCanarias nuevamente clasificado para una fase final de Copa del Rey, algunos de sus jugadores piensan en los días de descanso posteriores. Uno de ellos es Eddie Phillips, que ha comprado multitud de regalos para su familia, en Estados Unidos. En el vuelo que lleva a los aurinegros a Madrid, uno de los equipajes del pívot se pierde en Barajas – fue retenido por cuestiones aduaneras- y, ni corto ni perezoso, el genial jugador canarista coge un taxi desde Valladolid para recuperar sus pertenencias.
“Aquellos regalos eran más importantes que el partido”, dijo Eddie Phillips ni corto ni perezoso. 17.000 pesetas pagó a un taxista para que recorriera el trayecto entre Madrid y Valladolid, con la intención de disputar lo que restaba del encuentro entre el CajaCanarias y el RAM Joventut, pero Eddie llegó tarde al Polideportivo Pisuerga.
Con todo, José Carlos Hernández Rizo decidió alinearlo. Entre otras cosas porque Mike Harper, que también había generado algunos problemas extradeportivos con anterioridad, se quejaba de una lesión, dando muy poco rendimiento en aquellos cuartos de final. Todos dicen que Harper se borró al ver que Eddie se había fugado a la capital de España.
Cuando Eddie Phillips llegó al recinto deportivo pucelano, sin haber podido recuperar las maletas, duró en pista 1,17 minutos, en los que le dio tiempo a cometer tres faltas personas y a insultar a los colegiados, que, sin dudarlo un instante, lo descalificaron.
Jugar con ocho
Sin Eddie Phillips parecía casi imposible que el CajaCanarias se tomara la revancha de la edición, ante la Penya. Los verdinegros volvían a tener un equipazo, logrando mantener la columna vertebral formada por los Jofresa, Villacampa, Montero, Margall o Johnson, a los que habían sumado jugadores jóvenes tan talentosos como Carles Ruf o Xavi Crespo. Joe Meriweather, tristemente fallecido, apuntalaba el juego interior en su última campaña como profesional tras 10 años en la NBA.
Con todo ello, era casi imposible doblegar a los catalanes y, por si fuera poco, las cosas se pusieron aún peor cuando Carmelo Cabrera fue eliminado por personales después de haber estado en pista solo 13 minutos. Curiosamente, el grancanario aportó 20 tantos, saliendo ovacionado del Pisuerga, que había sido su pabellón hacía algunos años. Su sustituto, Salva Díez, firmó una de sus peores actuaciones con la camiseta del CB Canarias, al acabar valorando -10 tras uno de sus 17 lanzamientos a canasta, con 0 de 11 en triples, quedando los aurinegros sin timón.
El RAM Joventut no tuvo compasión desde el primer minuto de juego. A los diez minutos el marcador reflejaba un 31-41 que evidenciaba las facilidades de la Penya para anotar. Al descanso ya ganaban de 16 (38-54).
Germán González y Manolo de las Casas, autores de 16 tantos cada uno, no bajaron los brazos, pero los catalanes sentenciaron con el 72-42, que desactivó al CajaCanarias.
La segunda fase final copera acababa de la misma forma que la primera, siendo eliminados por el Joventut, pero las consecuencias serían muchos peores que un año antes. El club despidió a Mike Harper y Eddie Phillips, que estaba en libertad condicional tras su incidente en el sur de la Isla, cuando disparó a la fachada de un pub, quedando para el recuerdo la mejor pareja de extranjeros que ha visto Tenerife jamás.
Aquella fue la Copa del Rey del triple de Nacho Solozábal, uno de los mejores momentos en la historia de la competición, con el que el FC Barcelona ganó sobre la bocina la final al Real Madrid gracias a un lanzamiento de tres puntos del talentoso base.
El CB Canarias tendría que esperar 26 años para poder disputar otra fase final copera. Sería en Málaga y, tras una primera vuelta espectacular, las circunstancias mermarían su rendimiento en el pabellón Martín Carpena.




