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El juicio en que lloramos por Laura

La vista oral celebrada esta semana ha hecho revivir a los isleños uno de los crímenes más atroces que se recuerdan en el Archipiélago
David Batista durante el juicio por el asesinato de Laura en La Palma | Sergio Méndez
La Fiscalía solicita un total de 42 años de cárcel para David Batista, cuyo juicio se inició ayer en la Audiencia Provincial | Cedida por TVC
David Batista durante el juicio en la Audiencia Provincial | Cedida por TVC

Fue en la segunda jornada del juicio, la del martes pasado. La madre de Laura González, una joven de 27 años quemada viva en una tienda de Santa Cruz de La Palma por su exnovio en julio de 2015, declaraba por videoconferencia desde la capital palmera, pero ni la frialdad de la telecomunicación restó impacto a sus palabras, rebosantes de tanto amor como de dolor. No consta la presencia de familiares en la sala aquella mañana, ya que el juicio se celebró en Tenerife para conseguir miembros del jurado (tienen que ser lo más ajeno posibles a lo acaecido para evitar prejuicios), pero el testimonio de aquella mujer caló en los corazones. Cronistas de tribunales con muchos juicios por asesinato ya en la mochila se enjugaban las lágrimas al oírla contar, por ejemplo, que la noche anterior a su muerte Laura era tan feliz que imitaba la danza de los Enanos al llegar a casa. Algún amigo y amiga de la víctima, sí presentes, también lloraron aquella mañana, seguramente cuando la madre, María Lourdes, rememoraba el momento en que supo que David Batista, el novio al que Laura dejó mes y medio antes tras unos cuatro años de relación sentimental enfermiza por parte de él, había vertido gasolina sobre el cuerpo de la joven y la había prendido con un mechero. Fue la única vez que la madre pronunció el nombre del que el jurado considera un asesino, si bien la sentencia que pronto emitirá el tribunal (donde se fijará una pena que el fiscal quiere que sea de un total de 40 años de cárcel) admite recurso. Y sí, había rostros mojados, partidos por el dolor, entre los miembros del jurado, que veían de frente la pantalla donde aparecía una mujer canosa que no ha podido volver a trabajar y que, antes de que todo pasara, ejercía su profesión y lucía un cabello moreno y rizado. Justo al terminar la declaración de María Lourdes, el juez ordenó un receso con excelente criterio, pero a continuación llegó Flora, la clienta a la que atendía Laura y que intentó salvar a la muchacha.

David Batista, tras conocer la decisión del jurado que le asegura una larga estancia en prisión, ayer en Santa Cruz de Tenerife | SERGIO MÉNDEZ

Flora sí estaba allí, y vino tanto con su coraje como, ay, su dolor y un injusto para sí sentimiento de culpa por no haber podido hacer más, cuando en realidad no dudó en jugarse la vida por una semejante a la que ni siquiera conocía. Luego, en los días siguientes, los psiquiatras que atendieron a David confirmaron lo que muchos de quienes seguían el juicio sospechaban: ni se arrepintió entonces ni lo ha hecho ahora, a pesar de que el primer día dijera lo contrario.

David Batista durante el juicio por el asesinato de Laura en La Palma | Sergio Méndez
David Batista durante el juicio por el asesinato de Laura en La Palma | Sergio Méndez

El último día miraba a la ventana mientras oía al jurado leer el veredicto de culpabilidad. Cuando los forenses contaron que no hay dolor más fuerte que el sufrido por Laura durante la hora y poco en que tardó en morir, el vaso de muchos rebosó en sentimientos contradictorios por una historia especialmente dura, pero que se debe de contar, una y otra vez, para así ayudar a que no se repita nada semejante.

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