
Es la alegría del Lucania. Lo fue durante los nueve años que trabajó en la cafetería como camarera y lo es ahora que es la jefa, aunque a ella no le gusta que la llamen así. “Soy una empleada más”, asegura Iris Gerardo, propietaria del negocio. Esta cafetería, justo enfrente de los antiguos cines Greco, a medio camino de los barrios del Chapatal y Salamanca, se ha convertido para muchos vecinos de la zona en un punto de encuentro familiar, en el que camareros y propietarios conocen a casi todos su clientes por su nombre. Su fuerte es la comida casera que ofrece cada día, en un económico menú de ocho euros y que incluye primero, segundo, bebida, postre y café. Con un reclamo como ese es difícil que las mesas del Lucania no estén llenas a la hora del almuerzo. Iris nació en República Dominicana, en la provincia de Azua. Allí creció y vivió hasta hace 13 años, cuando se vino a Tenerife a reunirse con su madre. “Salió de allí buscando una vida mejor y mi hermana y yo vinimos a reunirnos con ella”, cuenta Iris, para quien Tenerife es su segundo hogar y el Lucania, su casa. “Ten en cuenta que trabajé durante nueve años como camarera y mi clientela de entonces es la misma, que ha vuelto al saber que he cogido el bar”, explica con una sonrisa.
Y es que Iris, después de esos nueve años, se quedó embarazada y decidió tomarse un año para cuidar de su bebé. “La verdad es que cuando me fui de baja de maternidad lo hice pensando en no volver, y así se lo dije a todo el mundo”. Tuvo a su hijo, se fue a República Dominicana a ver a la familia y, estando allí, “me llamó mi marido contándome que teníamos la posibilidad de coger el Lucania y no lo pensamos dos veces, y, si te soy sincera, ni una”, dice entre risas. La vuelta de Iris, ha hecho que también vuelvan los clientes que en el periodo de ese año de pausa habían dejado de acudir.
Menús caseros
Asegura que hacen la mejor tortilla y ensaladilla del mundo, “mucha gente viene y se pide esos platos para llevar”. “La pechuga en salsa de champiñones también está muy rica”, añade. “Además
-continúa- hacemos dulces y por ahora los laguneros son los que están gustando más”. Desde que abriera hace seis meses, las cosas marchan bien, “y no es porque ahora la cafetería sea nuestra, sino porque por el tiempo que estuve trabajando aquí, sé que es así”. Insiste en que no es jefa, “aquí estamos en familia, trabajo con mi cuñada y además somos todos caribeños, como digo yo: venezolanos, dominicanos…”, concluye esta joven empresaria.
Ya piensan en el futuro con una nueva terraza y más oferta de dulces
Ponerse al frente del bar ha supuesto abrirlo sobre la marcha sin mucho tiempo para reformas. Sin embargo, Iris y su marido ya tienen en mente lo que quieren hacer. “Nosotros nos estamos dando un tiempo para avanzar un poco más, pero luego retomaremos el proyecto que tenemos en la cabeza, que es arreglar la terraza”. Cuenta que quiere cerrarla, porque hace mucho viento. “También queremos ofrecer más variedad de dulces, mi marido es pastelero y quiere hacer todo aquí”, apostilla.



