sanidad

Los ‘ángeles’ de La Candelaria

Cerca de 80 voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer acompañan y prestan su ayuda, a diario, a enfermos y familiares

Sandra lleva desde septiembre acudiendo al Hospital Universitario de La Candelaria para recibir su tratamiento de quimioterapia con el fin de hacer frente al cáncer que padece. Junto a ella se encuentran otros pacientes como María, Beatriz o Francisco, quienes pasan una media de entre dos y seis horas diarias en el centro sanitario. Durante ese tiempo, en el que parece que no transcurren las horas, un grupo de personas, con una bata blanca, los visita. No son médicos, ni enfermeros. Les ofrecen café, unas galletas, frutos secos, algo de fruta, una sonrisa y todo su apoyo. Se trata de los voluntarios de la Asociación Española Contra el Cáncer(AECC) que acuden, prácticamente a diario, a las instalaciones hospitalarias de la Isla para acompañar, asesorar y ayudar, en la medida de lo posible, a todas esas personas que están luchando contra esta terrible enfermedad.

El voluntariado de la asociación desarrolla su actividad en La Candelaria y en el Hospital Universitario de Canarias desde hace casi 25 años. En la actualidad, cuentan con cerca de 80 personas que forman parte de este proyecto de forma altruista. Esta cifra ha crecido notablemente en los últimos tiempos. De hecho, se ha duplicado desde 2015, explica a DIARIO DE AVISOS la coordinadora del voluntariado hospitalario de la AECC, Salka Buyema. Cada día los voluntarios atienden a entre 180 y 200 pacientes y familiares en cada centro.

Las principales funciones que desempeña cada voluntario van desde el acompañamiento, el apoyo emocional, la animación y el entretenimiento, hasta la suplencia puntual del cuidador principal, la guía hospitalaria o la aportación de información sobre los recursos de la AECC. “El voluntariado tiene como objetivos contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas enfermas y sus familiares, facilitar la adaptación a la rutina hospitalaria, así como compensar los problemas emocionales derivados de la enfermedad”, detalla la coordinadora. “Los voluntarios son conscientes de que es el paciente el que decide cuándo hablar y de qué hablar. No siempre conversan sobre el proceso de la patología; en ocasiones les apetece hablar sobre otros temas, sin embargo, cuando deciden tratar el cáncer se crea un espacio de desahogo emocional, pues en muchas ocasiones optan por no hablar de ello con los familiares para no preocuparlos”, sostiene Buyema. Lo que se busca en un aspirante a voluntario es que, además de ser mayor de edad, cuente con habilidades sociales, estabilidad emocional, capacidad de tolerancia al sufrimiento, actitud de escucha activa, empatía, que sea responsable, comprometido y tenga capacidad de integración y trabajo en equipo. Además de todo ello, es indispensable que tenga vocación solidaria. Cada voluntario acude una vez a la semana, unas cuatro horas, aunque algunos dedican más tiempo. El máximo permitido es de tres días, para evitar que se involucren emocionalmente.

Entre las personas que participan se hallan amas de casa, desempleados,estudiantes, administrativos, empresarios e, incluso, hasta una teniente militar, lo que muestra un perfil bastante variado. Los interesados en formar parte, una vez se dirigen a la asociación y son valoradas por la coordinadora, deben llevar a cabo varias acciones de formación, en función del programa en el que van a participar, para así garantizar la calidad del servicio. La motivación para sumarse es variada. Haber perdido un familiar por esta causa o simplemente querer ayudar a los demás.

El voluntariado hospitalario de la AECC lleva a cabo distintas iniciativas. Por un lado, está el servicio de carrito, con el que ofrecen a pacientes y familiares un pequeño tentenpié, como café o fruta, para amenizar, en la medida de lo posible, su estancia. Además, es una buena excusa para acercarse a estas personas, mostrar su apoyo y facilitar acompañamiento, conversación o una simple sonrisa. Este medio pudo comprobar el cariño con el que el carrito y sus conductores (hombres y mujeres) eran recibidos mientras que los pacientes se encontraban con su tratamiento de quimio o radioterapia.
Los voluntarios también llevan a cabo visitas en planta a las personas hospitalizadas y acompañamiento y traducción a los enfermos extranjeros. Una de las actividades más novedosas, que lleva apenas un año, es el carro de las manualidades con el que estos voluntarios llegan a los más pequeños para animar su estancia hospitalaria y distraerles.

María, Meera, Ayelén, Eva, Julio… Son algunos de los nombres de esas personas que, por unos u otros motivos, han querido sumarse a esta pequeña familia que forman los voluntarios de la AECC. Ejemplo de que, con muchos granitos de arena, se pueden hacer grandes cosas.

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