
La noche del pasado lunes de Carnaval, DIARIO DE AVISOS compartió tres horas de ingente labor con los miembros de la unidad especializada de la Policía Local, la Unidad de Intervención Policial (Unipol).
El trabajo se hace en equipo. Los policías zonifican y se reparten los espacios para mejor la eficiencia y el control de la seguridad. Desde los puntos de partida, en la calle de La Marina junto al callejón de Bouza; y en la plaza de España, en la fachada del edificio de Correos y Telégrafos, los equipos policiales entran y salen constantemente para patrullar el Carnaval por dentro. Dos subgrupos se reparten en ambas ubicaciones y se van dando el relevo en la faceta preventiva, aunque sus mandos siempre están pendientes de las emisoras y los avisos sobre incidencias que les derivan desde el Puesto de Mando Avanzado (PMA), situado en el Hospital del Carnaval.
Estos agentes acumulan ya mucha experiencia en el control del carnaval. Todos coinciden en afirmar que si las fiestas más populares de Tenerife obtienen un notable alto en seguridad se debe, por una parte, al carácter de los tinerfeños y su forma de divertirse, pero también al enorme despliegue de recursos de seguridad y emergencias que trabajan cada jornada festiva. Los miembros de la Unipol, al igual que otros muchos integrantes de la plantilla de la Policía Local del Ayuntamiento chicharrero, están especializados en los que se denomina control de masas, y su forma de trabajar obedece a protocolos ya aprendidos y establecidos.
La formación en línea de los agentes entrando entre la multitud por cualquier recoveco de la zona de fiesta ya es una imagen habitual para los carnavaleros. Pero además este trabajo se complementa con la labor de varios integrantes de este cuerpo que trabajan de paisano, disfrazados como cualquier ciudadano entre las miles de personas que disfrutan del Carnaval.
Los primeros servicios de la noche obedecen a informaciones del equipo de paisano. Ellos observan, detectan y marcan, especialmente, a las personas que pudieran estar distribuyendo sustancias estupefacientes para que sus compañeros uniformados los intercepten posteriormente.
Así empezó la noche del pasado lunes en la zona de la calle Milicias de Garachico: petición de identificaciones, los sospechosos contra la pared para ser cacheados y la verificación de sus identidades a través de la sala de Control por si tuvieran alguna causa judicial pendiente. El inspector Félix Liendo, responsable de la unidad, comenta que “este trabajo es básico para mitigar esta delincuencia de baja intensidad y quitar de la calle a los pequeños distribuidores de drogas que intentan hacer el agosto en Carnaval”. Una de las cosas que sorprende a los agentes, y que quizás el público en general desconoce, es “la baja calidad de las sustancias que se venden en aglomeraciones o fiestas populares como estas”.
El recorrido prosigue por Ruíz de Padrón y en el interior de la plaza del Príncipe, donde algunas zonas poco iluminadas suelen ser utilizadas para el menudeo de sustancias. Lo más habitual es que se retire la droga, se levanten actas administrativas por la tenencia o consumo, y se siga con el patrullaje hacia otros puntos del Carnaval. A ritmo acelerado los agentes desembocan en las calles de La Palma o de El Clavel. Junto a la información que reciben de los policías “disfrazados”, este año se suma la novedad de las cámaras de vigilancia. Más identificaciones, cacheos y pequeñas aprehensiones de droga. También es muy habitual que tengan que colaborar con los recursos sanitarios para la evacuación de algunas personas que sufren intoxicaciones etílicas.
Durante este recorrido, junto a la plaza de La Candelaria, se ven obligados a intervenir en dos conflictos de pareja. “En nuestro trabajo hay que aplicar una buena dosis de psicología para mediar y tratar de saber qué ha ocurrido, si ha habido una agresión y asesorar a las posibles víctimas”, señala Liendo. Este es uno de los motivos por el que en cada equipo de la Unipol se integra una componente femenina, además de para cachear a alguna mujer durante los patrullajes si fuera necesario.
Durante toda la noche, mientras un equipo patea las calles otro permanece en las casetas avituallándose y redactando las actas de todos los servicios que se hacen en cada recorrido. A últimas horas de la noche, cuando ya despunta el día y la fiesta está llegando a su fin, los servicios están más relacionados con la disolución de pequeñas reyertas, ayuda a personas que han perdido la documentación o se encuentran desorientadas y, cuando llega la hora de apagar los altavoces, verificar que efectivamente la fiesta se ha acabado.





















