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Los expertos matizan: en lugar de genocidio de los guanches, etnocidio

Los historiadores Tejera, Baucells y Farrujia sostienen que lo apropiado es hablar de la destrucción de la cultura aborigen, pero no del exterminio de todo un pueblo

El Parlamento de Canarias debatirá crear salas específicas en los principales museos de historia dedicadas a la conquista y colonización de las Islas. El promotor de esta iniciativa, Juan Manuel García Ramos (PNC), argumenta que en esos periodos se produjo un “genocidio” contra los aborígenes. Sus reflexiones han reabierto un debate en las páginas de DIARIO DE AVISOS sobre el grado de supervivencia de la población guanche tras la conquista castellana.

Este diario ya mostró la opinión del catedrático de Arqueología de la Universidad de La Laguna (ULL), y Premio Canarias, Antonio Tejera, quien opina que el término apropiado no es genocidio, sino etnocidio, pues no se extinguió un pueblo, sino que se trató en tal caso de aniquilar una cultura; así como la del profesor de Historia de la ULL, y en la actualidad director general de Patrimonio Cultural del Gobierno canario, Miguel Ángel Clavijo, quien sostiene igualmente que no hubo genocidio, sino una integración de los aborígenes en la nueva sociedad criolla, sin obviar, eso sí, que la conquista conllevó la muerte de una parte de los guanches.

Este periódico ha pulsado también el parecer de otros dos historiadores: Sergio Baucells y José Farrujia, que tampoco hablan de genocidio, y apuntan, como Tejera, a un etnocidio, es decir, la destrucción de su cultura. Baucells, cuya tesis doctoral en Historia por la ULL versa precisamente sobre la Aculturación y etnicidad. El proceso de interacción entre guanches y europeos (siglos XIV-XVI), señala que “el derrumbe poblacional de los aborígenes por la conquista existió, pero no fue conclusivo para la desaparición física ni tampoco puede reducirse a una causa de estrategia sistemática, pues interesaba, y mucho, mantener la fuerza de trabajo en islas con escasez de repobladores y, aún más, clientes indígenas que actuaran de interlocutores con aquella”. En ese fenómeno, explica, intervienen además múltiples factores al margen de las contiendas bélicas como las razzias, las epidemias, la carestía de aprovisionamientos, las deportaciones y esclavizaciones y hasta la desestructuración familiar.

A su juicio, “el término genocidio no se ajusta a la realidad histórica, porque no solo no estamos ante una pérdida absoluta del componente indígena, sino que hay suficientes datos para afirmar una supervivencia que, cuantitativa y cualitativamente, tiene un papel fundamental en la nueva formación social resultante tras la conquista. Los propios estudios sobre poblaciones actuales canarias han confirmado la participación aborigen en el mosaico demográfico de las Islas desde el siglo XVI -las de Realengo y XV las de Señorío-, al mostrar la significativa presencia de indicadores genéticos aborígenes –ADN mitocondrial– entre los isleños actuales”. “En Tenerife, la significativa presencia del guanche en la documentación histórica, desde las Actas del Cabildo a los Protocolos notariales, las Datas de Repartimiento… revelan su participación activa en la sociedad colonial y no me cabe ninguna duda de que el amplio contingente con que contaba la Isla antes de la conquista permitió la supervivencia de un número suficiente de guanches para ocupar un papel relevante en la repoblación, especialmente en el caso de las mujeres”.

En su tesis doctoral, Baucells propuso, con referencia a Tenerife, la hipótesis de que “los cómputos más coherentes nos inducen a optar por los porcentajes que se establecen en base a 20.000 habitantes en la Isla antes de la conquista y un derrumbe poblacional que podría estar en torno a 15.000 -el 75%-, de modo que los supervivientes pudieron rondar los 5.000 -el 25%-. “Este número mínimo de individuos”, prosigue el doctor en Historia, “quizá debería reducirse, pero desde luego sí sería mayor que los 600 guanches que contabiliza el cabildo en 1513”. Así, los datos que maneja sobre presencia aborigen en las fuentes documentales del siglo XVI arrojan una cifra de hasta 879. Con todo, este historiador concluye que “el aporte demográfico guanche a las 13.611 personas que la tazmía de 1552 cifra para toda la Isla pudo suponer un mínimo del 36,73%, si aceptamos la cifra inicial de 5.000 supervivientes”.

Para Baucells, autor del libro Los aborígenes canarios y la reconstrucción de la identidad, el debate sobre “genocidio o no” resulta “estéril porque se pierde una oportunidad única para analizar y reflexionar sobre aspectos mucho más enriquecedores de nuestra Historia y más cercanos a su realidad compleja, por ejemplo cómo y por qué se produjo la extinción social de nuestras poblaciones aborígenes”. “Desde luego, resulta cuanto menos curioso observar la contradicción flagrante que muestran quienes con absoluta ligereza proclaman el exterminio guanche y al mismo tiempo defienden el continuismo cultural de lo indígena hasta nuestros días”, opina este experto.

Subraya que “los guanches sobrevivieron, muchos esclavos lo hicieron en tierras andaluzas y otras europeas, otros retornando a su isla. Otros vivieron como siervos aquí, algunos liberados por sus propios dueños cuando hacen testamento o por sus connaturales que pagaron su alhorría. Y, en fin, otros muchos lo hicieron como individuos libres”. Ese proceso de aculturación “tiene como resultado la innegable extinción de la formación social aborigen e incluso, más progresivamente, de los elementos singulares que la definían como cultura propia, realidad cuyo análisis sí enriquece nuestro conocimiento histórico”.

Defiende Baucells la “asimilación” como la fórmula conclusiva que adoptó la aculturación de los guanches en su dilatada interacción con los europeos desde el siglo XIV. En este sentido, tampoco ve correcto emplear el concepto de integración.

El proceso de intercambio cultural tras la conquista, implicó, según este historiador, la “deculturación de la comunidad asimilada”. Cuando la consecuencia es “una relación coercitiva a través de la cual un sistema dominante impone por la fuerza la destrucción de las formas culturales en que se manifiesta el sistema dominado hablamos de etnocidio; la forma asimilativa más característica de los procesos de conquista”, concluye.

Para este investigador, “la conquista aceleró y facilitó el etnocidio guanche, pero no lo explica por sí solo”. “Con la colonización, el modo de producción aborigen, sus relaciones sociales, sus cosmovisiones e identidades se contradecían con el nuevo sistema social”. Un elemento de este proceso que, en su opinión, se obvia es “el papel fundamental de las relaciones de clase frente a las étnicas en esa nueva formación social tras la conquista, pues en la forma asimilativa que adoptó la aculturación aborigen primaron más los vínculos de clase que el criterio étnico, lo que impidió un tratamiento común a todos los “naturales”.

Cierra Baucells su exposición a este diario con una crítica a la “instrumentalización” que la “clase política” hace de estos asuntos: “Ese sí que es el triste genocidio del guanche que, entre todos, exterminamos a diario cuando sustraemos de él su contenido histórico para relegarlo a un consumo interés”.

José Farrujia, arqueólogo, cuyo último libro en esta materia se titula El patrimonio indígena de las Islas Canarias. Arqueología y gestión desde los márgenes, arguye que “la principal consecuencia de la conquista y colonización de Canarias fue la reducción de la fecundidad indígena por la ruptura de las unidades familiares, por las acciones militares, el tráfico esclavista y las enfermedades, aspectos que garantizaron el etnocidio indígena. Es decir, la dominación colonial significó la pérdida de la autonomía cultural (etnocidio), y obligó a los indígenas canarios a redefinir sus estructuras socioeconómicas, basadas en las relaciones de parentesco, para aceptar otras formas de familia y sociedad”.

El autor también del libro Ab initio (1342-1936) argumenta que “parte de los indígenas libres pasaron a vivir en las ciudades, lo que indica su adaptación a la nueva vida, y aún más los unidos en matrimonio a los castellanos, sobre todo las mujeres. Serían básicamente los individuos de la nobleza indígena quienes experimentarían un proceso de aculturación más rápido que el acaecido entre los pertenecientes a los estamentos más bajos de la población indígena”.

De hecho, prosigue Farrujia, “entre estos indígenas incorporados a la nueva sociedad existían todavía algunos de cierto rango social a los que se otorgó el tratamiento de don por ser descendientes o parientes cercanos de los antiguos reyes isleños: don Enrique de Anaga, don Diego de Adeje, don Fernando Guanarteme, doña Mencía de Abona y doña Margarita Fernández Guanarteme, por citar algunos casos”.

Todos ellos, explica el arqueólogo, “se asimilan a la nueva sociedad rápida y progresivamente: participan con su presencia y trabajo en la formación de la nueva estructura económica, y hacen todo aquello que hacen los castellanos, incluso entran como cofrades -cosa desconocida en sus antiguas costumbres- en algunas de las entidades piadosas de las Islas”.
Pero paralelamente, un sector importante de la población indígena permaneció alejado de los núcleos de población y dedicado a la ganadería trashumante, conservó la lengua, las costumbres y el modo de vida tradicional. La adopción de los principios cristianos tan solo se dio entre los pocos indígenas que fueron finalmente urbanizados, es decir, entre aquellos nativos hispanizados cuyas prácticas religiosas (costumbres matrimoniales o moralidad sexual) quedaron recogidas por notarios públicos, expone este doctor en Prehistoria por la ULL. Y pone de relieve que “estimaciones desarrolladas por diversos investigadores indican que únicamente una proporción inferior al 10% de la población autóctona se incorporó a la nueva sociedad resultante de la conquista; pero a la larga, el proceso aculturizador impuesto por los castellanos propició la progresiva desaparición de la cultura netamente indígena, pero no así la desaparición biológica del sustrato indígena, tal y como ponen de manifiesto hoy en día los estudios genéticos”.

“Contamos con un texto de Gómez Escudero que pone de manifiesto cómo ya a fines del siglo XVII la cultura indígena empezó a ser tratada más desde una aproximación arqueológica que etnográfica; sin embargo, en islas como La Gomera la pervivencia cultural indígena se mantuvo por mayor tiempo, como se pone de manifiesto a partir de documentos del siglo XVIII que describen cómo los naturales de la isla seguían subiendo al Garajonay a implorarle a sus dioses en épocas de carestía”, subraya Farrujia.