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Sami Naïr: “Necesitamos una Europa que sea proyecto y mercado”

El prestigioso politólogo de origen argelino Sami Naïr asumió el pasado jueves la responsabilidad de moderar la última mesa de diálogo del Foro Enciende la Tierra, que organizó la Fundación CajaCanarias en Santa Cruz de Tenerife
Sami Naïr. / FRAN PALLERO

El prestigioso politólogo de origen argelino Sami Naïr asumió el pasado jueves la responsabilidad de moderar la última mesa de diálogo del Foro Enciende la Tierra, que organizó la Fundación CajaCanarias en Santa Cruz de Tenerife. Junto a él se sentaron el filósofo Javier de Lucas y el periodista Lluís Bassets para conversar sobre el fracaso de Europa. Naïr fue eurodiputado entre 1999 y 2004, y es consejero de Estado honorario, colaborador de varios medios de comunicación y escrito de ensayos como Y vendrán… Las migraciones en tiempos hostiles, El desengaño europeo o Refugiados, frente a la catástrofe humanitaria, una solución real, que publicó el pasado año.

-¿Considera que el proyecto europeo es un ideal fracasado?
“Europa, tal y como se constituyó, con el Tratado de Maastricht, ha fracasado por varias razones. Entre las más importantes puedo enumerar primero la postura de los británicos. Ellos siempre se han puesto a un lado de la gran aventura europea; no entraron en el sistema de moneda común ni compartieron la política fronteriza. El Brexit, por tanto, se puede considerar como una consecuencia directa de esta postura: ver a la Unión Europea como un pastel, que comen cuando quieren. La segunda causa del fracaso ha sido la crisis de 2008 y las políticas de austeridad impuestas desde Alemania, cuyas consecuencias hemos padecido, especialmente, en los países del sur del continente. Hasta la fecha no podemos decir que hemos salido de la crisis del euro. Y la tercera causa del fracaso europeo tiene que ver con la política migratoria. La intervención de Estados Unidos en Oriente Medio es la causante de la crisis de los refugiados. Ellos han destruido Irak, y ahora la crisis del estado sirio. Ante esta situación, Europa fracasó por no solidarizarse”.

-¿En qué punto nos encontramos en la actualidad?
“Estamos en una crisis profundísima, de la que la opinión pública no tiene ni idea. Podemos decir que Europa se encuentra en una encrucijada: entre el pasado, que nunca volverá, y el futuro, que muestra una incierta nueva etapa. En este sentido, la cuestión es muy sencilla, debemos ser capaces de construir un nuevo espacio económico y político común, y que no sean solo los responsables de Bruselas los que orienten el porvenir de Europa”.

-¿Qué Europa necesitamos?
“Necesitamos una Europa política con objetivos muy sencillos: una Europa social y una Europa de la cohesión fiscal. Necesitamos un proyecto que pueda poner en marcha una política de crecimiento económico. Necesitamos una Europa proyecto y también una Europa mercado”.

-En este contexto, llega Donald Trump a la presidencia de un país tan poderoso como Estados Unidos. ¿Cómo podría influir en la política del continente y del mundo?
“Este es un momento de transición, no sabemos exactamente lo que va a hacer el régimen de Trump. Por lo que veo, grita mucho, hace cosas inesperadas o incoherentes, es un jefe de Estado bastante caótico, pero al mismo tiempo es un hombre de negocios y sabe dónde están sus intereses cuando se trata de defenderlos. Su elección para la Casa Blanca es una reacción en contra del debilitamiento de Estados Unidos a nivel económico. El país no puede permirtirse perder el control mundial, ya que se considera un imperio que quiere la dominación total, ya sea económica, tecnológica, comercial o militar. Trump ahora está dando marcha atrás a muchas de sus promesas. Con los inmigrantes, sabemos lo que está haciendo, pero no creo que vaya a expulsar a millones. Veo también que la sociedad se está organizando para frenar a ese hombre, que es una variedad de nacionalista extremista, bastante incoherente, con una visión agresiva de las relaciones internacionales”.

-Como residente en Francia, ¿cómo se vive allí el ambiente próximo a las elecciones?
“En las próximas elecciones francesas la extrema derecha de Marien Le Pen será el árbitro. Dicho de una manera lapidaria, el neofacismo soft del Frente Nacional se está instalando en el sistema como si fuera una fuerza política normal. Creo que el ganador estará entre Emmanuel Macron y François Fillon. Y en este sentido, Le Pen no puede llegar a nada, porque su partido no tiene apoyos para la segunda vuelta. Además, frente a ella, el resto de partidos se unirán para desbancarla, como ya lo hicieron con su padre. No obstante, como en política todo puede pasar, si ella llega al Parlamento, estaríamos hablando de un momento muy delicado para la política francesa. De superar el 40% de los votos, podría convertirse en árbitro de la política en el país”.

-¿Qué tipo de sociedad vislumbra para el futuro ante la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación?
“No soy especialista en la revolución tecnológica, pero lo que veo es que estas nuevas herramientas son muy contradictorias. Aunque tienen una característica fundamental de incalculable valor: la posibilidad de aumentar la transparencia y el verdadero control de la democracia. El gran problema es saber cómo podemos introducir esa transparencia en el sistema político y, al mismo tiempo, saber como controlar estas nuevas herramientas para que no creen nuevos problemas: son sistemas incontrolables, pueden atacar a las personas”.

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