
La Palma y Lanzarote, tan distintas como cercanas, acogieron a dos de los genios de la literatura europea del siglo XX: Günter Grass y José Saramago. Puntallana y Tías fueron los lugares de residencia de sendos autores, que obtuvieron el Premio Nobel, uno detrás de otro, y que mantuvieron una relación de mutua admiración, fraguada también en un compromiso crítico con el mundo que les tocó vivir, en la defensa y promoción de los derechos humanos.
La presencia de José Saramago en Lanzarote es más extensa e intensa que la de Günter Grass en La Palma, donde participó en muy contadas ocasiones en la vida pública, como en la inauguración de la Biblioteca de Lengua Alemana y una lectura que realizó en la Casa de la Cultura de Los Llanos de Aridane. Saramago, en cambio, intervino activamente en Lanzarote, donde su voz fue profética en defensa del medio ambiente y contra la corrupción, llegando incluso a amenazar con irse de la Isla cuando aparecieron unas pintadas de “¡godos, fuera!” en un cráter de El Golfo. Hasta tal punto aborrecía cualquier nacionalismo excluyente.
Günter Grass no escribió en La Palma, pero sí desplegó otra de sus pasiones, el dibujo, embargado por sus paisajes, como ha reconocido su familia, en una isla en la que “se sentía feliz”. Atraído por la “sencillez”, como dijo recientemente su amigo y periodista Juan Cruz, el autor de El tambor de hojalata pasó temporadas en la casa que tiene uno de sus hijos en el camino de La Fuente desde el inicio de este siglo hasta que falleció en 2015.

La historia de Saramago con Lanzarote se remonta más atrás en el tiempo. Es en 1993 cuando decide, acompañado de su pareja, Pilar del Río, residir en la tierra de los volcanes, huyendo de la incomprensión y el rechazo que tuvo su novela El evangelio según Jesucristo por un sector de la sociedad portuguesa, movida por un rancio catolicismo. En Lanzarote, escribió títulos memorables de su obra como Ensayo sobre la ceguera o Las intermitencias de la muerte, además de sus Cuadernos, que llevan el nombre de la isla.
José Saramago falleció en 2010 en su casa de Tías. Cinco años después murió el autor alemán, en Lübeck. Un lustro era también la edad que los separaba. Casi coetáneos, Grass y Saramago vivieron el auge de los totalitarismos, los horrores de la Segunda Guerra Mundial, la reconstrucción de Europa y la llegada de la democracia. La patria de Saramago desterró el caudillismo, al igual que España y Grecia, en la llamada tercera ola de democratización, con la que colaboró, en el caso español, el Partido Socialdemócrata Alemán liderado por Willy Brandt, del que fue un estrecho colaborador Grass. Ambos, además, sufrieron la incomprensión de su lugar de origen.
Ambos autores fueron víctimas de la incomprensión de su lugar de origen. En el caso de Saramago fue por la novela que publicó sobre la vida de Jesucristo, pero con Günter Grass la avalancha critica se desató al dar a conocer un pequeño capítulo de su adolescencia, en la que había sido reclutado por las juventudes hitlerianas.
Curiosamente, mientras la opinión pública alemana se cebaba contra Günter Grass, el escritor se refugiaba en tierra de Saramago, en Faro, al sur de Portugal, donde poseía una casa familiar, “atraído por el sol”. Así lo recordó recientemente Juan Cruz en el homenaje que Puntallana rindió a su huésped ilustre. Saramago fue, junto con otros escritores e intelectuales de renombre internacional, una de las voces que salió en defensa de Günter Grass cuando se produjo esa polémica que provocó un hondo sufrimiento al autor.
No es extraño imaginar que Puntallana, como Faro, fue un lugar donde sanar las heridas que había provocado aquel episodio dramático de su vida. Una especie de Montaña mágica, en la que la compañía de la familia, el anonimato en un pueblo que lo acogió con discreción y naturalidad, y la inspiración de sus paisajes sirvieran de bálsamo para el alma desolada del artista.

Pero no solo estuvo La Palma en la biografía de Günter Grass. También Lanzarote, la tierra de adopción de Saramago, formó parte de su “geografía atlántica”, como recordó Juan Cruz recientemente. Allí también se sintió cautivado por los paisajes, como en La Palma, donde se paraba a dibujar durante las giras que hacía alrededor de la Isla con su familia, como nos contó su hijo Raúl Grass en una entrevista reciente, en cuya casa de Puntallana el escritor “fue feliz”.
Son muchos los puntos en común entre los dos escritores, que dieron, por ejemplo, su respaldo público a José Luis Rodríguez Zapatero en las primeras elecciones generales que ganó el expresidente del Gobierno de España en 2004. La complicidad del autor de Pelando la cebolla con Saramago también fue notoria cuando respaldó la idea del escritor luso de crear un Estado ibérico, uniendo España y Portugal. Pero la creación artística de ambos escritores quedó fundida para siempre en Albardas, la novela que dejó incompleta José Saramago al fallecer y que fue publicada en 2014 con ilustraciones de Günter Grass.
José Saramago es Hijo Adoptivo de Lanzarote y su casa y biblioteca de Tías, son hoy un lugar de obligada visita para sus lectores. En La Palma, la presencia de Günter Grass es invisible, como lo fue su estancia. Un mirador literario en Puntallana iba a recordar su paso por la Isla Bonita. Todavía no ha pasado de ser una promesa.




